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La sorprendente vida de un monje zen argentino en un monasterio de Japón

El monasterio de Eiheiji, un pueblo a 10 kilómetros de la ciudad de Fukui, en Japón, donde Ricardo Dokyu, monje zen argentino vivió varios años Crédito: Shutterstock

El argentino Ricardo Dokyu vivió una década en dos monasterios de Japón , donde se ordenó como monje en la escuela budista Soto Zen . Desde entonces se dedica a difundir la práctica de meditación zen (zazen) y enseñanzas de Buda a través de encuentros de meditación, la publicación de diferentes textos y charlas de divulgación.

" El Zazen, también conocido como meditación zen, es una de las prácticas principales del budismo . Za, en japonés, es estar sentado, o sentando, y zen, que deriva del chino chan, y a su vez es una traducción del sánscrito, podría traducirse como introspección. Entonces, zazen es sentarse en esa introspección. Cada zazen es cada zazen, y así como uno se sienta, se levanta y continúa. Pero la verdad es que en el fondo uno sigue siendo un tonto", sostiene el monje zen Ricardo Dokyu, al otro lado de la línea.

Antes de viajar a Japón , Dokyu ya se dedicaba a aplicar Shiatsu, técnica de masajes terapéuticos, Do-in y Anma, gimnasia para la salud. Luego de iniciarse en la práctica de zazen , en 1984 viajó a Ouro Preto, Brasil, donde vivió tres años y continuó su práctica con el maestro Tokuda Igarashi, que lo inspiró ir aún más lejos. Finalmente, en 1991 viajó a Japón para profundizar su entrenamiento en Nagoya . Vivió los primeros seis años en un templo de la ciudad, donde aprendió japonés y la rutina del lugar, y finalmente viajó a Eiheiji, donde permaneció cuatro años más como el único extranjero entre 200 monjes.

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" El día de un monje zen comienza con zazen y termina con zazen, la meditación . En verano, la actividad comienza a las 3.30, y en invierno, a las 4.30. Apenas se levantan, se lavan la cara mientras recitan pequeños sutras u oraciones y se congregan en la sala de meditación", explica Dokyu. Después del desayuno, alrededor de las 6.30, en Eiheiji, comienza un largo día de trabajo. En primavera, verano y otoño, los practicantes cuidan los espacios verdes que rodean al monasterio; en invierno, cuando hay mucha nieve, se estudia caligrafía, canto, textos budistas y se preparan las ceremonias. Los monjes también tienen sus días de descanso, aquellos que en el almanaque terminan en 4 y 9. Entonces no hay ninguna actividad programada, y dedican el tiempo para sí mismos; para rasurarse o raparse la cabeza -se dice que la ignorancia crece como el pelo-, estudiar, lavar su ropa o tomar un baño.

"Es el día a día, el esfuerzo, el trabajo con los demás. En ciertas condiciones donde uno estaría pensando sobre sí mismo todo el tiempo, ahí la vida es comunitaria, no sos el único que está cansado, que tiene frío, que tiene hambre o que no tiene ganas. En el templo de Eiheiji hay un horario y tareas generales donde todos están juntos. Hay una atmósfera particular en los pasillos, donde hay tallados de nubes, el sonido de los instrumentos, de la ceremonia a la mañana en el Hatto, la sala del Dharma, una de las salas principales, con los monjes recitando los sutras, que además tiene una buena acústica. Es muy grande y es hermoso, al igual que los alrededores, con los árboles y el jardín. El ambiente que se respira dentro del templo está pensado para que, además de la vida comunitaria, tengas esos tiempos de observación hacia la naturaleza, hacia lo que te rodea", recuerda Dokyu.

El hermoso entorno del del monasterio de Eiheiji, un pueblo a 10 kilómetros de la ciudad de Fukui
El hermoso entorno del del monasterio de Eiheiji, un pueblo a 10 kilómetros de la ciudad de Fukui Crédito: Shutterstock

Cuando los monjes entran por primera vez al monasterio, deben atravesar el tradicional "portón sin puerta". Primero hay que golpear un madero tres veces y esperar que alguien de adentro los reciba.

"Te hacen esperar un poquito (se ríe). Esa espera es tradicional dentro del Zen, incluso antiguamente te hacían esperar algo más que un poquito, por ahí se pasaban días o te echaban para poner a prueba tu convicción de querer entrar a ese lugar de práctica, pero hoy son algunas horas -advierte Dokyu-. Yo estuve cuatro años ahí, mientras el 90 por ciento de los monjes están un año, no es común, pero mi maestro quería que estuviera un tiempo largo. y así fue. Al año de su regreso en Buenos Aires, comenzó a organizar distintas actividades en el dojo, que llamó An Raku Ji (Serena Alegría), como los encuentros de zazen (zazenkai), jornadas, retiros (sesshin).

-¿Qué cambió entre la entrada y la salida al monasterio de Eiheiji?

-Uno no registra tanto lo que cambia. En la entrada estás súperatento a todo, todo es novedoso, todo está por aprenderse, sin ninguna expectativa en particular más que hacer lo que hay que hacer. También hay una cuestión de si podré, no podré, será no será, llegaré no llegaré, haré no haré… Aun así uno lo hace, pero bueno, ya cuando salís hay una confianza con relación a la práctica y a las experiencias vividas, eso es muy importante. No es solamente el sentar en zazen, sino la experiencia del día a día. Los primeros meses sos el monje novicio, vas acostumbrándote al ritmo del lugar y después pasas por distintos lugares y funciones. Y cada una de esas funciones tiene su aprendizaje, tiene sus responsabilidades, y cada una también es un cuestionamiento para uno mismo con relación a la práctica. Una vez que salís, la práctica continúa, y si bien no es lo mismo la práctica adentro del monasterio que después, cuando seguís con tu vida cotidiana, algo de esa experiencia se incorpora, se lleva adentro, algo más que en la cabeza, algo más que llevar un recuerdo.

-Regresaste a la Argentina a fines de 2001. ¿Cómo fue esa vuelta?

Tomó su tiempo la llegada (se ríe). Siempre lo comparo cuando los patos aterrizan el vuelo en un lago que al principio van bajando las patas que tienen y van salpicando y bajando de a poco. Esa imagen me es muy figurativa. Me llevó un año comenzar con las actividades, ya hacía 12 años que no estaba en la Argentina, así que me era un lugar conocido y desconocido a la vez.

-¿Qué significa la práctica de zazen?

-El significado de zazen uno lo va sabiendo a medida que va practicando, no es una práctica que se pueda descontextualizar de las enseñanzas budistas, sino que cada uno le va encontrando un sentido a medida que va realizando la práctica, que no se detiene solo en la meditación zen, sino que la práctica es la actividad cotidiana, el día a día. Hasta hoy no hay una respuesta en la cual pueda decir directamente para qué, o qué significa, sino que uno le va encontrando significado, y me parece que eso es lo dinámico de la práctica de zazen.

¿En qué consiste la postura?

Tradicionalmente, la postura se muestra, se enseña o se practica principalmente de dos formas. La tradicional, sentado frente a una pared con las piernas cruzadas sobre un almohadón (zafu) de unos 20 a 26 centímetros de altitud, por 18 o 20 centímetros de diámetro; se cruza la pierna derecha sobre el muslo izquierdo y la pierna izquierda sobre el muslo derecho, comúnmente conocida como la posición de loto, o en japonés kekkafuza . La columna estirada, alineando así el cuerpo y la mente, el mentón ligeramente hacia adentro, la boca cerrada y la lengua apoyada sobre el paladar superior, a la altura de la raíz de los dientes delanteros. Zazen se practica con los ojos entreabiertos y la mirada como si uno estuviera mirando a un par de metros delante de uno mismo, ligeramente inclinada, y la respiración, en lo posible por la nariz, tanto la inhalación y la exhalación, haciendo la exhalación ligeramente más prolongada, imaginando que ese aire que entra y que sale, llega hasta una zona que está ubicada a unos 4 a 6 centímetros debajo del ombligo. Y las manos en una posición determinada apoyada sobre los talones. La otra postura es la posición de medio loto, o sea, la pierna derecha por debajo del muslo izquierdo y la pierna izquierda por encima del muslo derecho, a la altura que cada uno pueda. Otra postura es la que se llama seiza , y además se puede practicar sentado en una silla.

-¿Es una práctica progresiva?

Lleva muchos años hacer el ajuste fino. Uno primero trata y tiene el ajuste grueso, ya que cuando nos encontramos con este camino uno tiene una determinada edad, el cuerpo está en una determinada condición y es natural que no le sea posible sentarse de buenas a primeras. Hay que darle tiempo también a todo. Al igual que con la práctica, con la postura es una cuestión progresiva. No quiere decir que de repente uno encontró una postura y dice "Ah, ya encontré la postura.

-¿Cuántos zazen realizan diariamente los monjes en el monasterio de Eiheiji?

Zazen sentado tenés dos a la mañana y dos a la noche, y dependiendo los períodos del año pueden ser un poquito más. Pero esta práctica sentada no está separada de la práctica cotidiana, de las tareas generales que cada uno tenga que realizar. O sea que viendo zazen como una práctica para el desarrollo de la mente, desde ese punto de vista, la práctica está presente todo el tiempo. En las actividades que hacemos es donde se manifiesta nuestro estado, nuestro ser.

Ricardo Dokyu difunde la práctica de meditación zen (zazen) y enseñanzas de Buda través de encuentros de meditación y la publicaciones de diferentes textos
Ricardo Dokyu difunde la práctica de meditación zen (zazen) y enseñanzas de Buda través de encuentros de meditación y la publicaciones de diferentes textos

-¿Qué se busca en los sesshin, períodos de entrenamiento más intensos de zazen sentado?

Cada monasterio, cada templo, tiene sus propios programas, su diaria. En Eiheiji se realizan dos sesshin (setzu: armonizar o controlar; shin: corazón o mente) por año. Principalmente se hace uno en diciembre y otro en febrero. Y es una semana intensiva, y depende de cada monasterio, podés tener de ocho hasta catorce zazen sentados por día. Pero además de eso, vos prácticamente vivís sentado (se ríe), porque comés sentado en esa posición, hacés la ceremonia sentado en esa posición, escuchás las enseñanzas sentado en esa posición. O sea que desde las dos o tres de la mañana, cuando te levantas en Eiheiji, hasta las nueve de la noche, pasás una semana entera sentando. Es parte de la práctica. Entonces no vivís todo el tiempo bajo el rigor de una práctica intensiva, ni vivís todo el tiempo bajo la tranquilidad de una práctica cotidiana, más liviana, digamos. Me parece que entre las dos es una combinación (se ríe) interesante, donde tenés esa oportunidad de profundizar, porque cada una de ellas es diferente.

-¿La práctica de zazen es la principal enseñanza que dejó el Buda Shakyamuni, algo así como la llave de su conocimiento?

-La principal enseñanza de Buda es: "Evitar hacer el mal. Procurar hacer el bien, cultivar la mente". Y zazen está incluida en estas enseñanzas manifestadas en la vida diaria a través del cuerpo y de la mente. Además de los sutras, que contienen las enseñanzas de Buda. Hay diferentes enseñanzas porque hay diferentes personas, y cada uno aprenderá una cosa más o mejor que otra, y la aplicará y la desarrollará de acuerdo a su comprensión. Ahora la práctica de meditación o zazen sí es común a todas las escuelas budistas.

-El Maestro Dogen, quien transmitió el budismo desde China a Japón y fundó el monasterio de Eiheiji, sostenía que no existe diferencia entre práctica e iluminación. ¿Qué significa?

En general, tenemos la idea de que hacemos algo para obtener algo, y queremos saber todo el tiempo para que sirve, y si hacemos esto para esto, lo otro para lo otro, esto muestra que tenemos una mente que discrimina, entonces practicamos para iluminarnos, por ejemplo. Esto no es algo del mundo de hoy, sino algo que tenemos como seres humanos. Sin embargo, la iluminación o el despertar es ir más allá de esta discriminación, que no surja esta separación. Si no surge la separación en uno mismo, entonces tampoco surge la separación de uno mismo con el medio ambiente, con lo que lo rodea. Y ahí está eso que se llama iluminación o despertar. Creo que básicamente esa cuestión de práctica e iluminación no están separados, es que la práctica en sí misma es la iluminación. La práctica te va llevando a calmar esa mente discriminativa y que surja esa mente que podemos llamar universal, esa mente unida, o esa no-mente. Por eso, la práctica de zazen es primordial. A través de nuestras actividades cotidianas. Cuando hablamos de la mente, no hablamos de la mente y cuerpo por separado. Se habla de mente y cuerpo, y cuando uno habla de práctica no quiere decir de práctica sola, sino de práctica e iluminación.

Cada monje tiene asignada una tarea en el monasterio
Cada monje tiene asignada una tarea en el monasterio

-Más allá de la postura y la respiración. ¿Qué procesos físicos/ orgánicos/psicológicos se desencadenan durante la práctica de zazen?

-Es muy particular, ya que exige mucho del cuerpo, estar de piernas cruzadas, la columna estirada. A nivel de la respiración hay una profunda oxigenación en el cuerpo; al no estar encorvados, no hay opresión en todo el sistema nervioso neurovegetativo, tampoco hay presión sobre los órganos internos, con un mejor funcionamiento, mayor irrigación de sangre, principalmente al cerebro.

-¿Cuáles son los beneficios de la práctica de zazen?

-Podemos mencionar calma, tranquilidad, seguridad y confianza. Creo que la calma y tranquilidad te da eso que se llama seguridad. Es como un sustento, como el palo de un asta donde vos tenés una vela que podés subir y bajar de acuerdo a cómo sople el viento, pero ese palo mayor del asta está siempre ahí, es el sustento de la vela. Vivimos en la vida diferentes situaciones, alegrías y tristezas, situaciones muy adversas, y la práctica nos permite sostener esa calma tanto en una como en otra. Esa es la serena alegría (se ríe). No estar llevado por la circunstancia, sino estar en la circunstancia. Zazen te da esa posibilidad, si uno la encuentra. Sería eso, estar en la circunstancia, sostenido por uno mismo.

-Comenzaste a hacer zazen en el 85. Después de casi 35 años de práctica sostenida, ¿puede decirse que hay un progreso, una evolución, una consolidación de la práctica?

-Hay días que uno se siente un torbellino emocional, y sienta igual, tranquilo, en el sentido que observa que hoy está hecho un torbellino de pensamientos. Además, hay situaciones del día a día que muchas veces son adversas, donde hay un movimiento emocional mayor que en una situación tranquila, no somos máquinas. También, puede suceder que tenés el cuerpo más dolorido. Entonces creo que cada zazen es cada zazen, y lo que la confianza te da es que uno simplemente no se detiene en esas cuestiones, y así como uno se sentó, se levantó y continúa. Pero la verdad es que en el fondo uno sigue siendo un tonto (se ríe).

-¿Cómo es tu práctica cotidiana de zazen hoy, en Buenos Aires?

-Bueno, con el tiempo también yo me fui haciendo una rutina, de tener unos horarios. Ahora no por el confinamiento, pero las noches que hacíamos práctica con los grupos, hacíamos zazen dos o tres veces por semana, a las 19.30. Después, personalmente me levanto a la mañana y hago zazen. Como digo, yo soy mañanero en general, me gusta levantarme temprano y hacer las cosas a la mañana. Así que, si bien he tenido épocas en que lo hacía y épocas que no, desde hace unos años que estoy sentando con más regularidad y me levanto a la mañana. De acuerdo a mi actividad, lo acomodé de esta manera y veo que lo he podido sostener en el tiempo. Por la mañana me agrada levantarme, sentar, y a la noche, que soy un poco más fiaca, como me cuesta hacerlo solo, entonces con los grupos me ayuda bastante. Es una suerte poder tener los grupos para sentar juntos. Es una manera de ayudarnos mutuamente. No es fácil sentar cada uno en su casa, solo, y de esta manera compartimos la práctica, compartimos las experiencias. Después durante el día trabajo como terapeuta de Shiatsu, entre otras cosas (se ríe).

-A partir del confinamiento creaste Intermed. ¿De qué se trata?

-Con el confinamiento empecé a sentar regularmente en un horario, que es el de las siete de la mañana y el de las siete de la tarde, entonces invité a las personas a acompañarme a sentar en esos horarios. Tú sientas, yo siento, nosotros sentamos. Lo llamé Intermed, por internet y meditación. Que no practique meditación por esa cuestión de sentirse que está solo; si no puede en el piso que siente en una silla, y simplemente lo haga. Y si lo puede sostener todos los días, mejor, y si es tres veces por semana, también. Intermed es una invitación a las personas a que intenten, esa es la idea.

-¿Qué mirada tenés sobre la pandemia?

-La pandemia es algo que está sucediendo y creo que en estos momentos no queda otra que cuidarse, cuidar al otro. Tener en cuenta al otro, me parece un aspecto muy importante. Además, con el confinamiento estamos despojados del mundo externo, de lo exterior, donde muchas cosas son totalmente inútiles, como la fama y el provecho personal. Este virus ahora nos pone más de frente a la cuestión de la impermanencia y de la muerte. De ahí la importancia de la práctica, para la observación de esta cuestión, de que el tiempo está en constante cambio. La pandemia puede ser un momento de observación en este aspecto. Y después ver que el mundo iba hacia un lugar que estaba desequilibrado, esto de que poca gente tenga mucho y que muchos no tengan nada está hablando de que hay un desequilibrio muy grande, y la codicia es lo que ha llevado a eso, no sólo de quienes tienen, sino de nosotros como consumidores que de alguna manera también llevamos indirectamente a que el mundo fuera en esa dirección. En este aspecto, creo que esta parada tan inmediata puede dejar muchas cosas positivas para la humanidad.

Se lo puede contactar en [email protected] .

Por: Alejandro Rapetti ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)

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