Turismo

Coronavirus. Las columnas de piedra: recuerdos de pandemias históricas en Europa

La Pestsäule, la Columna de la Peste del Graben de Viena, se levantó para recordar la Gran Peste de Viena de 1679, que dejó más de 100.000 muertos Crédito: Shutterstock

Para celebrar el fin de viejas epidemias y conjurar la llegada de otras nuevas, hace siglos los europeos levantaban cruces y columnas. La mayoría quedó en el olvido pero, en nuestros tiempos de pandemia, vuelven a interesar a los devotos. E incluso a quienes no lo son tanto .

La seda, las especias y muchas otras riquezas llegaban a Europa desde Oriente por el puerto de Marsella. La peste también. Es así que la última gran epidemia todavía se conoce como la Peste de Marseille . Irrumpió en el sur de Francia en 1720, hace exactamente tres siglos, y hoy todavía se la recuerda como una terrible calamidad. Llegó con el buque Grand Saint-Antoine desde Siria y en pocas semanas mató a más de un tercio de la población local, antes de expandirse por toda la Provenza, donde fue igual de mortífera.

A la diferencia de las pestes de la Edad Media, aquella epidemia está bien documentada y fue estudiada por historiadores e infectólogos. Entre ellos el polémico Didier Raoult, que desde la misma ciudad de Marsella afirma poder curar la actual pandemia de Covid-19 con un tratamiento a base de cloroquina.

Ayer como hoy

Además de los documentos y de los testimonios, lo que llegó hasta nuestros días es una columna, instalada en un rincón discreto del centro entre el Puerto Viejo y la Plaza Jean-Jaurès, en Marsella . Es un monumento contra el olvido: para recordar que la fortuna puede traer también la desgracia y los oros orientales a veces llegaban infectados. Así podría contarlo esta columna, una de las tantas cruces, pilares o exvotos que los europeos erigieron a lo largo de los siglos, ofreciendo a las sucesivas generaciones el único consuelo que podían brindar la fe y la medicina juntas. hasta la llegada de una nueva epidemia.

Algunas de estas "columnas de la peste" se perdieron en los meandros de la historia, pero la mayoría llegó hasta nuestros días, y nos recuerdan que, si bien cambian las épocas, los virus, gérmenes, vibriones y otras bacterias siguen teniendo el mismo poder para aterrorizarnos. Hoy como hace siglos, cuando los médicos revestían máscaras con picos de ave pensando que así quedaban protegidos. Aunque sus contemporáneos los veían más bien como pájaros de mal agüero y confiaban para salvarse más en la fe que en la incipiente ciencia médica.

La columna de Marsella podría también recordarnos que, ayer como hoy, las epidemias traen los mismos males y sacan a la luz las mismas conductas: frente a la peste de hace 300 años tal como frente al coronavirus de hoy, la primera reacción, en China y más allá, fue negarlo todo. El capitán del Grand Saint-Antoine y la junta de comerciantes ocultaron las primeras muertes y dieron luz verde para descargar las mercaderías, aun sabiendo que dejaban entrar la enfermedad a la ciudad. Luego se trató de minimizar la crisis y el médico del Regente de Francia invocó la malnutrición para justificar las muertes, pero se perdió un tiempo valioso en lugar de tomar medidas rápidas. No había habido casos de peste en varias generaciones y nadie quería cargar con el peso de pronunciar la palabra maldita. Finalmente, cuando hubo que reconocer los hechos y se dictó la cuarentena, la peste ya había salido de Marsella y asolaba toda la Provenza. Cualquier coincidencia con la actualidad, no es casualidad.

Del Mediterráneo a la Mitteleuropa

El balance de la Peste de Marsella fue terrible: la ciudad perdió entre un tercio y la mitad de su población (según las distintas fuentes) y en toda la Provenza murió una de cada cuatro personas. Hubo un rebrote de la enfermedad en 1722 y una vez más se buscó salvación y contención en las iglesias. Por esta razón desde entonces cada año, el 28 de mayo, se prenden cirios en la iglesia del Sagrado Corazón del Prado.

La columna que recuerda la peste en Kutna Hora, República Checa
La columna que recuerda la peste en Kutna Hora, República Checa

Y finalmente en 1802, se inauguró la Columna de la Peste. ¿Era para conjurar una nueva amenaza? El ejército de Napoleón acababa de regresar de sus campañas de Egipto y de Siria. Pero aquella vez se respetó la cuarentena a rajatabla y las tropas no llevaron epidemias en sus botines. Durante la misma época se levantó también una estatua en recuerdo a Monseñor de Belsunce, el obispo de Marsella, que mostró una conducta ejemplar de altruismo y solidaridad durante la epidemia. Y finalmente, como uno nunca peca de precavido, se encargaron varios vitrales alusivos a la erradicación de la enfermedad, que se instalaron en la Basílica del Sagrado Corazón.

La republicana Marsella, apenas salida de las convulsiones de la Revolución y del Terror, optó por una columna de estilo clásico . Sirve de pedestal para una alegoría de la Inmortalidad. La estatua original está en el Museo de Bellas Artes de la ciudad y la que se ve actualmente es una copia. Pero las inscripciones siguen siendo las mismas que al momento de la inauguración, en el Año X de la República Francesa, y mencionan tanto al Papa Clemente XII y el valiente Monseñor de Belsunce como el Primer Cónsul. un tal Napoleón Bonaparte.

En los viejos imperios centrales de Europa, las protecciones no fueron tan variadas y los fieles se concentraron solamente en buscar protección divina. La más conocida y venerada de todas las "columnas de la peste" en la región es la de Viena, que volvió a formar parte de la actualidad cuando la epidemia de Covid 19 irrumpió en Austria.

Muerte vienesa

La enfermedad llegó por última vez a la capital de los Habsburgo en 1713, unos años antes del brote de Marsella; y una vez más, procedía de Oriente. Las últimas epidemias registradas en Europa tuvieron lugar en los Balcanes y en Rumania a principios del siglo XIX, siempre llegando del Levante.

Pero la Pestsäule -la Columna de la Peste- del Graben de Viena no se levantó por ese episodio sanitario sino para recordar uno anterior, la Gran Peste de Viena de 1679, que dejó un tendal de más de 100.000 muertos.

La elegante ciudad de hoy, con sus inmensos palacios imperiales, era todavía en aquellos tiempos una urbe densa y caóticamente poblada, sin cloacas ni sistemas sanitarios (al igual que las demás capitales europeas de entonces). En otras palabras, Viena era un caldo de cultivo para cualquier epidemia. Al mismo tiempo, era una plaza de comercial internacional próspera e importante por su posición en el mapa, a orillas del Danubio y cercana a territorios controlados del Imperio Otomano. Higiene dudosa y contactos frecuentes con el este fueron las dos condiciones que le valieron varias visitas de la temida peste a lo largo de su historia. Y la de 1679 fue la particularmente letal. A tal punto que en Europa se empezó a conocer la enfermedad como "muerte vienesa".

La Pestsäule, la Columna de la Peste del Graben de Viena, se levantó para recordar la Gran Peste de Viena de 1679, que dejó más de 100.000 muertos.
La Pestsäule, la Columna de la Peste del Graben de Viena, se levantó para recordar la Gran Peste de Viena de 1679, que dejó más de 100.000 muertos.

El contagio alcanzó a toda Austria, Alemania y Bohemia (en la actual República Checa) diezmando ciudades y aldeas por igual. Las columnas eran entonces más que un conjuro. Eran boyas de salvación en un mar de temores y de ruinas al que se aferraban las poblaciones. Y los vieneses en particular veneraron la suya con mucho fervor. Esta devoción fue redescubierta en la actualidad y nuevamente se ven fieles al pie del monumento barroco.

Esa columna simboliza en realidad dos victorias: una contra la enfermedad y otra contra los turcos -algo que para la gente de la época podía representar un conjunto-. Unos años después del estallido de la peste, los austriacos derrotaron definitivamente a los ejércitos del sultán de Constantinopla y recuperaron varios territorios en los Balcanes, alejando para siempre la amenaza de asedios otomanos. Por eso figura el emperador Leopoldo I junto a la Santísima Trinidad en buen lugar del monumento. Su victoria militar pudo hacer olvidar que estuvo entre los primeros en huir de Viena apenas se declaró la enfermedad.

Conjuros contra males

La costumbre de construir exvotos para celebrar el final de una epidemia se generalizó en Europa durante la Edad Media y hasta el siglo XIX. La mayor parte de ellos son meramente religiosos aunque algunos -como en Viena- agregaron algunas connotaciones políticas. Eran recordatorios de la potencia de la Iglesia católica, que podía derrotar al mismo tiempo enfermedades y un flagelo que los eclesiásticos consideraban tan temible como la peste: el protestantismo.

Hubo columnas y cruces de la peste en todo el centro de Europa, pero también en Francia, Italia, Gran Bretaña y España. Las primeras aparecieron luego de la epidemia de mediados del siglo XIV, que arrasó con la mitad de la población en muchas regiones. Cabe imaginar la importancia que muchos daban a aquellos monumentos cuando no entendían cómo llegaba ni cómo se propagaba la enfermedad, considerada como un castigo divino que había que apaciguar con muestras de fe.

La columna de la peste en Bratislava, en Eslovaquia
La columna de la peste en Bratislava, en Eslovaquia Crédito: Shutterstock

Según las regiones y las épocas, los estilos difieren: cruces monumentales en Bretaña, austeras en el País de Gales o discretas en el Valle del Rin. Fueron suplantadas por columnas barrocas en el centro del continente durante el siglo XVII y la figura protectora más generalizada pasó a ser la Virgen. Estos monumentos son comunes en Hungría, en la República Checa y en otras ciudades que formaron parte del extenso imperio Habsburgo: desde Maribor en la actual Eslovenia, a Kutna Hora en Bohemia o Nitra en Eslovaquia, para mencionar solo algunas.

Estén donde estén y cualquiera sea la epidemia que las motivó, estas columnas vuelven a ser actuales y se les vuelven a otorgar poderes y virtudes, durante esta pandemia de tiempos 2.0 y redes 4G.

Por: Pierre Dumas ADEMÁS

Coronavirus. “La industria aérea recuperará el nivel global de actividad dentro de 3 años”

El primer café: cómo se prepara un hotel 5 estrellas para el fin de la cuarentena

Coronavirus. Cine de alto vuelo: la reconversión del Aeropuerto de Carrasco

Coronavirus. Lanzan un sello de seguridad mundial para reactivar el turismo

Fuente de la noticia (La Nacion)

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba
Cerrar