Un ciudadano español escribió una carta para denunciar los maltratos y las injusticias que están recibiendo los familiares de los fallecidos durante la pandemia. Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk

Comentar (0) Me gusta Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Guardar 7 de abril de 2020 • 15:16

Un ciudadano español escribió una carta al ayuntamiento de Valencia para exponer la injusticia y el dolor que están generando en la sociedad algunas de las medidas tomadas por el gobierno para detener la propagación del coronavirus que en el país ibérico ya ha provocado 13.798 muertes.

Uno de los problemas más tristes de la situación es el hecho de no poder realizar los tradicionales rituales para despedir a los fallecidos . Actualmente, están prohibidos los velatorios y cultos religiosos fúnebres y la presencia en los entierros se encuentra restringida a un máximo de tres familiares. La medida se aplica en todos los casos de muerte, incluso en aquellos no relacionados con el virus de la pandemia.

A esta cuestión se refirió Raúl Gil en una carta dirigida al gobierno y publicada por el diario ABC . En el texto, el autor cuenta que su padre falleció de cáncer el sábado 4 de abril y que el lunes 6 se realizó el entierro en el cementerio de la ciudad del que no pudo participar debido a las restricciones oficiales.

Sin embargo, Gil pone de manifiesto que la medida incluye la posibilidad de una cuarta persona presente que actúe como ministro de culto: "En nuestro caso no teníamos párroco, siendo tres hijos y su esposa, presentando certificados realizados por la funeraria y DNI. Todos provistos con guantes y mascarilla reglamentaria". La esperanza era que, a falta de ministro de culto, los cuatro pudieran entrar al cementerio para despedir a su padre .

Pero no fue así. En la puerta de entrada les dijeron que debían decidir quién iba a quedarse afuera . Frente a la situación, Gil intentó explicar que él, como hijo, tenía derecho a ser la persona encargada de realizar el rito de despedida. La negativa fue rotunda: sólo iban a permitir la entrada de tres personas.

"Quiero transmitir la indignación como ciudadano ante la injusticia y la mala gestión de la situación. Las leyes están para cumplirlas, pero el sentido común, el respeto a las personas y la humanidad deben de prevalecer por encima de todo. Esta medida es totalmente desproporcionada ", escribió Gil en la carta y puso como ejemplo otros escenarios mucho menos dolorosos en los que conviven sin restricción alguna más de tres personas a la vez en espacios cerrados como supermercados, medios de comunicación y oficinas.

En la carta Gil solicita que se realice una reforma de la medida para que en los entierros puedan participar, al menos, los familiares de primera consanguinidad. "Bastante dura es la situación como para que una decisión errónea de unos políticos aumente la frustración de la sociedad ", señala en el texto.

Por otro lado, el autor denuncia, además del trato vejatorio al que fueron sometidos él y su familia, el hecho de que no le hayan permitido oficiar el rito funerario: "Como ciudadano español e hijo del difunto en un estado aconfesional comuniqué mi intención de acceder como persona asimilada para la realizar la despedida del difunto. Hecho que me prohibieron expresamente porque no era un sacerdote católico ".

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