Son 16 científicos autoconvocados que se propusieron dar batalla contra la infodemia que circula alrededor del coronavirus . "Esta es la primera pandemia en la era de las redes sociales -explican- y el combate requiere también de un compromiso con la información".

Que hay que usar barbijo cuando andamos por la calle, que las personas con cierto grupo sanguíneo pueden ser más vulnerables que otras, que tomarse un té calentito mata el virus adentro del cuerpo: además de virus que puede resultar letal, el coronavirus se convirtió en el rey indiscutido de las noticias dudosas o directamente falsas que multiplicadas por millones se largaron a circular por las redes a la velocidad de la pandemia.

Cansados de escuchar cualquier cosa, muchos de los científicos que trabajan temas de virología e inmunología se cargaron entonces al hombro la paciente tarea de explicar entre sus propios contactos y chats familiares cosas como por qué el uso indebido de guantes puede resultar contraproducente o la diferencia que hay entre un virus y una bacteria.

"Venía desde hace un tiempo trabajando en comunicación pública de la ciencia y en el combate a las fake news, pero en este caso sentí que tenía una responsabilidad frente a la catarata de informaciones erróneas que nos estaba llegando por Whatsapp y por las redes: no podemos seguir permitiendo que las personas se quemen las manos por lavárselas con lavandina concentrada en vez de agua y jabón, o que se produzcan contagios por usar mal los barbijos o que la paranoia nos lleve a abarrotarnos de insumos que ni siquiera nos hacen falta y que después no van a tener los que sí los necesitan. La desinformación también puede terminar afectando a la salud".

Quien habla es Soledad Gori , bióloga y doctora de la Universidad de Buenos Aires. Gori se especializó en inmunología y hoy es docente del departamento de química biológica en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigadora asistente del Conicet. Junto a un grupo de integrantes de ese organismo -todos becarios o investigadores jóvenes, la mayoría biólogos especializados en virología, inmunología y biología molecular- acaban de crear una suerte de " comando antifake news " que se encarga de relevar bibliografía para desmentir las noticias falsas y avalar todo aquello que sí puede ser respaldado con evidencia científica.

Los barbijos también generaron información falsa
Los barbijos también generaron información falsa Fuente: LA NACION – Crédito: Tomás Cuesta

Si bien surgió de un grupo de científicos autoconvocados, la idea fue acogida institucionalmente por el Conicet, que a través de este grupo se sumó a contribuir con algunos de los contenidos de la flamante plataforma "Confiar" , el espacio dedicado a la verificación de información creado por la Secretaría de Medios y Comunicación Pública y desarrollado por la Agencia Nacional de Noticias Télam.

La plataforma cuenta con diferentes secciones -desde herramientas para enfrentar la infodemia hasta "verdadero o falso" y "fake news"- y sus contenidos estrictamente científicos fueron generados por los becarios y jóvenes investigadores del Conicet.

"Hasta el meme no paramos"

No todos los integrantes del comando antifake se conocen en vivo las caras: sus discusiones vienen teniendo lugar más que nada a través de Whatsapp. Por ahora lo conforman 16 científicos que trabajan divididos en tres comisiones : una se ocupa de recabar las "fakes" e intentar sondear de dónde salieron y otra más chequea la bibliografía, mientras que una tercera tiene la tarea de adaptar el material a un tono de divulgación, porque la idea es llegar a toda la comunidad a través de los formatos que en cada caso se requieran. "Hasta el meme no paramos", aseguran en el grupo que está llevando adelante este proyecto de forma totalmente voluntaria.

Desde el principio de la pandemia la gente del Conicet se puso a buscar formas de organizarse y sumar desde el lugar que cada quien fuera capaz. "Primero armamos entre los investigadores un listado de gente que conoce las técnicas de biología molecular y que podía capacitarse para hacer las pruebas diagnósticas. Logramos 2.000 voluntarios en cuestión de horas y esa planilla que ya está en manos del Ministerio de Salud puede llegar a servir como un repositorio. Pero más allá de eso nuestras cabezas no podían estar en otra cosa más que en estudiar el coronavirus, y así fue como nos empezamos a preguntar desde dónde más podíamos llegar a hacer un aporte, porque la verdad es que nos la pasamos leyendo papers sobre el tema", confiesa Belén Almejún , parte del grupo, bióloga molecular y también docente de la FCEN e investigadora del Conicet.

"Me llegaban cosas de todo tipo. Una de las que más me llamó la atención es que había gente que le estaba poniendo alcohol en gel a las verduras, pero también había mucho dando vueltas por la obsesión de usar barbijos y guantes, lo que puede ser contraproducente porque si bien brindan sensación de seguridad, uno después toca todo con esos guantes y termina siendo lo mismo o peor, más allá de que hay una técnica para sacárselos", explica Almejún.

¿Qué quiere decir "trabajo preliminar"?

También marcan desde el equipo que muchos medios están "levantando" informaciones provenientes de estudios publicados en revistas científicas que no es que no sean ciertos, el problema es que se trata de trabajos con resultados preliminares, que tienen un número de pacientes y ensayos bajo y que todavía no han pasado el proceso que se conoce como "revisión de los pares" y que normalmente se exige para publicar.

"No es para nada común que se publiquen estudios preliminares, pero como estamos en medio de una situación excepcional, se está haciendo para que la comunidad científica esté al tanto de otras investigaciones que podrían servirles para avanzar. Las revistas científicas aclaran que un trabajo es preliminar, pero cuando llegan a los medios y al gran público la distinción no se hace y pasan por temas probados", advierte Gori.

"Es la primera pandemia que estamos viviendo en vivo y todo el mundo está ávido de información, estamos inseguros y terminamos agarrándonos de cualquier cosa. Tenemos que ser responsables y solidarios siguiendo todas las medidas sanitarias, pero también hace falta machacar con otra responsabilidad social: la de no andar desparramando noticias falsas y alimentar con eso la psicosis masiva", concluye.

Para Almejún esta iniciativa antifake que surgió de manera independiente y fue tomada por el Conicet como institución también puede ser considerada como un mensaje solidario. "Así como los bioingenieros están ofreciéndose para crear mascarillas y se multiplican en todo el mundo los proyectos que buscan la forma de dar una mano, los científicos también estamos poniéndonos desde nuestro lugar al servicio de la salud".

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Fuente de la noticia (La Nacion)