Un ejemplo que ilustra que cuanto más logremos segmentar a la población para confinarla territorialmente, más chances tendremos de cercar al coronavirus Fuente: AFP – Crédito: Norberto Duarte

Francisco Ces

Supongamos que dividimos a la población mundial en 3 grandes grupos con relación a la pandemia de coronavirus :

  1. Los infectados actuales.
  2. Los recuperados.
  3. El resto de la población que no se ha infectado.

Ahora bien, supongamos también que obligamos al:

  1. A llevar una galera roja.
  2. A llevar una galera verde.
  3. A llevar una galera amarilla.

De esta manera, nadie con galera roja estaría autorizado a salir de su casa y, eventualmente, podría estar internado. Mientras que el resto de la población podría circular libremente sin ningún riesgo a contagiarse.

Claro que este ejemplo es teórico, ya para poder lograrlo deberíamos aislarnos, testearnos todos al mismo tiempo (lo cual es imposible) y mantener resguardados a los infectados y, a partir de allí, hacer que no tengan contacto con ninguna otra persona hasta descartar cualquier riesgo de transmisión.

Sin embargo, aquellos recuperados podrían tranquilamente ponerse la galera verde (se supone que no pueden volver a infectarse) y no solo andar libremente, sino que serían como superhéroes de estos tiempos. Y ni hablar si son médicos u otros trabajadores de la salud. Ellos podrían ponerse al frente de las situaciones más riesgosas sin hacer peligrar la expansión del virus.

A su vez si cada persona que es diagnosticada con el virus se obligara a usar su galera roja (aún dentro de su casa) hasta el momento de poder cambiarla por la galera verde, sería muy útil también para poder identificarlos en caso de que se les ocurriera salir de su casa.

La galera amarilla sirve para recordar que todos estamos en alguno de los 3 grupos y asegurarnos de que, al menos, no pertenecemos al grupo rojo.

Si en el límite logramos actualizar las galeras que porta cada individuo a cada minuto con el color correspondiente a su estado, el virus sería totalmente controlable y pronto lo haríamos desaparecer aún sin una vacuna.

Como es imposible testear en simultáneo a todas las personas, se puede dividir el mundo en distintas regiones confinadas para que la simultaneidad tenga que ocurrir dentro de cada región. De esta manera nos vamos acercando al objetivo de poder identificar a las personas y tomar las medidas para que nadie tenga que cambiar su galera amarilla por una roja y así ir apagando el virus.

Este ejemplo ilustra claramente que cuanto más testeemos, cuanto más logremos segmentar a la población para confinarla territorialmente y cuanto más podamos identificar claramente a las personas respecto del grupo al que pertenecen; más rápido erradicaremos la enfermedad, minimizaremos las muertes, recuperaremos la economía y nuestra vida cotidiana. Al menos hasta que encontremos la vacuna.

Por: Francisco Ces ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)