La noticia cayó como una bomba en el corazón de la industria de la moda y eclipsó cualquier otra novedad de la Milano Fashion Week. (Antes, claro, de que el Coronavirus eclipsara, a su vez, cualquier noticia surgida en Italia y paralizara también a esta industria). Luego de la presentación de su colección otoño-invierno 2021, la casa Prada anunció el nombramiento del belga Raf Simons como co-director creativo de la marca, la primera de magnitud en decidir que desde ahora la creatividad no recaerá en una sola cabeza: Simons, de 52 años, tendrá en adelante las mismas atribuciones que la mismísima Miuccia Prada.

Si bien las colaboraciones esporádicas son, desde hace tiempo, habituales en la industria, esta es la primera vez que se da un paso hacia una creatividad compartida con carácter permanente en una firma de este nivel. Y ni bien se conoció la noticia el mundo de la moda tomó nota de que una nueva era podría estar por comenzar.

Miuccia, de 71 años, negó rápidamente que la decisión tuviera que ver con las posibilidades de un retiro suyo, y reveló que las conversaciones con Simons, hasta 2019 jefe creativo de Calvin Klein, comenzaron un año atrás. Con movimientos que cada vez más parecen priorizar el negocio por sobre la creación, la decisión de Prada fue presentada como una apuesta -doble, desde ya- de reforzar la creatividad en el mundo del diseño. Así lo expresó la propia Miuccia, una mujer que en su juventud integró el Partido Comunista italiano y que hoy está al frente de un imperio que en 2018 facturó 3400 millones de dólares, incluyendo a la segunda marca que bautizó con su apodo: Miu Miu.

La pregunta que el mundo de la moda se hace ahora -y a cuya respuesta prestarán atención también otras industrias- es si efectivamente dos cabezas creativas significarán mayor creatividad y si la colaboración es posible para diseñadores habituados a trabajar con independencia y a considerarse todopoderosos. Egos aparte, desde siempre, y no solo en la moda, el genio creativo ha estado relacionado con la individualidad y muchos se preguntan si la tarea de crear colecciones, tan relacionada con definiciones estéticas y éticas personales de los diseñadores, puede colegiarse.

Del éxito o no de este co-laboratorio surgirán las respuestas que darán forma a la industria de la moda en los próximos años, pero que podrían también aportarnos una nueva y muy diferente mirada sobre la creatividad.

Por: Javier Navia ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)