La economía mundial presentó un ciclo muy favorable de crecimiento durante el quinquenio 2014/2018, durante el cual su PBI se expandió a un promedio anual del 3,6%. Sin embargo, este ciclo "dorado" de actividad global comenzó a deteriorarse hacia fines del 2018; estimando el FMI un desaceleración para el 2019 con una tasa de crecimiento de sólo el 2,9%.

En nuestra opinión, las causas de esta reversión del ciclo deben buscarse fundamentalmente en los desequilibrios geopolíticos, que se fueron exacerbando a lo largo del año pasado. Principalmente: Brexit; conflicto comercial China/EE UU; crecientes problemas de migración; surgimiento de partidos populistas en Europa; guerra civil en Siria, Yemen, Sudán y, recientemente, grave enfrentamiento verbal y militar entre Irán y EE UU.

A lo anterior, y a partir de las manifestaciones de los "chalecos amarillos" iniciadas en octubre 2018 en París, se le sumaron protestas de la "mayorías silenciosas" que se multiplicaron en más de 20 países reclamando -en general- mejores condiciones sociales y la renuncia de los poderes políticos infectados por elevados niveles de corrupción; entre otros: Argelia, España (Cataluña), Ecuador, Egipto, Haití, Honduras, Hong Kong, Irán, Irak, Kazajistán, Líbano, Malta, Pakistán, Siria y, más recientemente, en América Latina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú.

Estos conflictos, junto a diversos desastres climáticos y a una clara lentitud inicial de respuestas de estímulo monetarias y fiscales, elevaron los niveles de incertidumbre; deteriorando, como es lógico, los niveles de consumo, inversión y exportaciones globales. Con este escenario, la desaceleración era inevitable.

Ahora bien; ¿qué nos espera en el mediano plazo (2020/2021)?. Las alternativas son tres: más desaceleración, recesión o recuperación. Para contestar esta pregunta, se hace necesario analizar los factores que jugarán a favor y en contra de los futuros niveles de actividad.

Por el lado positivo: reciente firma de la Fase I del acuerdo chino/ norteamericano; posibilidad cierta de lograr un Brexit con acuerdo; menor intensidad y frecuencia de las protestas sociales debido a iniciales respuestas del poder político y baja posibilidad de que el conflicto de EE.UU. con Irán se dirima militarmente. Respecto a los factores negativos ( "riesgos a la baja"), si bien los mismos han menguado su intensidad, lo cierto es que aún mantienen cierto grado de importancia. Entre otros: deterioro de las relaciones políticas de China y Rusia con EE.UU.; exacerbación y/o aparición de nuevos conflictos geopolíticos; reanudación de las protestas sociales; enfrentamiento comerciales y políticos de EE UU con sus socios estratégicos, principalmente Europa; disputas comerciales entre distintos países, incluso con la eventual implementación de "devaluaciones competitivas" y, finalmente, la aparición inesperada de nuevos desastres de índole meteorológica.

El resultado final de esta puja de riesgos a la suba y a la baja de los niveles de actividad dependerá, no sólo de sus respectivos pesos relativos, sino también de una adecuada implementación -en tiempo y forma- de políticas de estímulo "contracíclicas" tanto monetarias como fiscales. Asimismo, sería de vital importancia implementar multilaterales que permitieran un mayor impacto de las políticas mencionadas.

Respecto a los estímulos monetarios, a partir del inicio del 2019, las principales economías del mundo comenzaron a implementar las clásicas medidas de inyección monetaria y baja de tasas de interés. Sin embargo, prácticamente ya no queda más espacio para profundizarlas. Ha llegado, entonces, el momento de que aquellas economías que estén en condiciones de hacerlo implementen rápidamente políticas fiscales expansivas que complementen las medidas monetarias ya implementadas.

En síntesis, si los factores geopolíticos positivos compensaran los riesgos a la baja y si, tal como pensamos, las principales economías comienzan a implementar políticas fiscales expansivas (manteniendo, obviamente, las monetarias de estímulo), entonces nuestro escenario base para el próximo bienio sería de una estabilización inicial en 2019 con un crecimiento levemente superior al 3.0%; seguido de una tenue recuperación en 2020 (del orden del 3,5%). En caso de que nuestras hipótesis no se verificaran, es decir que los factores positivos y las políticas de estímulo no se dieran tal como están planteadas, no sería descartable entonces que la desaceleración continuara en el mediano plazo, con todas las consecuencias negativas que ello implicaría.

Por: Luis Palma Cané ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)