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Impuestos, seguridad, protocolo y el escrutinio público complican el corte del vínculo con los fondos de la corona Max Colchester SEGUIR Comentar (0) Me gusta Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Guardar 15 de enero de 2020

LONDRES.- La sorpresiva decisión del príncipe Harry y su esposa, Meghan Markle, de abandonar la primera línea de sus deberes reales reflotó un incómodo interrogante que la reina Isabel II se ocupó de suavizar durante décadas: ¿cómo financia su estilo de vida el extenso clan de la realeza británica?

En la cumbre que se celebró anteayer en Sandringham House, su residencia de verano, la reina, de 93 años, presidió una reunión para determinar el modo en que el duque y la duquesa de Sussex abandonarían la monarquía sin perder algún tipo de estatus de realeza, después de una decisión de la joven pareja que sumió en la confusión a los Windsor.

En un comunicado difundido tras la reunión, la monarca manifestó su "apoyo" a la pareja y les dio su bendición para que se aparten de sus funciones reales y dividan su tiempo entre Gran Bretaña y Canadá. Pero también agregó que era necesario un período de transición: "Son cuestiones complejas que mi familia aún tiene que resolver".

La pareja dice que quiere ser económicamente independiente. Pero dada la maraña de impuestos, las implicaciones en materia de seguridad personal, las cuestiones de protocolo real y la sensibilidad política de las finanzas de la realeza, nadie sabe si será posible. Son varios los miembros de menor rango de la familia real que en el pasado intentaron infructuosamente hacer rendir en dinero su vínculo con la monarquía sin quedar embarrados en el escándalo o bajarle el precio a la marca real.

Hace más de tres décadas que la reina hace malabares para asegurarse de que la monarquía conserve su pompa sin enfurecer a los contribuyentes británicos, que ayudan a financiar la franquicia de los Windsor.

A lo largo de los años, la reina recortó gastos excesivos y excluyó a miembros redundantes de su familia, incluidos sus hijos menores, el príncipe Andrés y el príncipe Eduardo, quienes desde principios de los 90 no reciben dinero de las arcas públicas. Sin embargo, ambos siguen básicamente bajo el ala de la familia real y reciben dinero de los ingresos privados de su madre.

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El duque y la duquesa de Sussex dicen que quieren romper ese molde. En su sitio web hablan de su deseo de encontrar "un nuevo modelo de trabajo". De hecho, ya presentaron los papeles para registrar la marca Sussex Royal para una amplia variedad de productos, desde medias hasta tarjetas de felicitación.

Las noticias que llegan desde Gran Bretaña dejan entrever que Canadá estaría dispuesta a cubrir los gastos de seguridad personal de los Sussex cuando estén allí. El ministro de Economía canadiense, Bill Morneau, dijo el domingo que los funcionarios de gobierno no habían discutido el tema.

La vida afuera del nido real no es nada fácil. El príncipe Eduardo dirigió una productora de televisión que finalmente cerró y hoy sigue participando de los compromisos reales. Al príncipe Andrés lo habían reciclado como enviado especial de comercio del Reino Unido, pero eso terminó tras el escándalo por su amistad con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.

Pero los Sussex gozan de mayor estelaridad que el resto de la realeza británica y uno de los enojos que su anuncio suscitó inicialmente en el Palacio de Buckingham es que se los veía como un activo que la familia eventualmente podía utilizar. "Son muy talentosos", dijo un excolaborador de la casa real. "Es una verdadera pena".

La familia real es rica, pero no tanto como la gente podría pensar, dice David McClure, autor de un libro sobre las finanzas reales. "Son millonarios, no megamillonarios", dice McClure. De todos modos, la cifra exacta de la fortuna familiar sigue siendo conjetural, ya que sus inversiones privadas están protegidas del escrutinio público.

Gran parte de la fortuna de la monarquía británica está concentrada en manos de la reina y el príncipe Carlos, que con el usufructo de sus tierras ayudan a financiar la vida de la familia real extendida.

Harry, por ejemplo, vive mayormente del dinero que le pasa su padre a través del ducado de Cornualles, propiedad del primero en la línea sucesoria al trono. Harry también heredó dinero de su madre, la fallecida princesa Diana, y de su bisabuela, la madre de Isabel.

En 1760, la monarquía británica le cedió al Parlamento grandes extensiones de tierra que eran de su propiedad, a cambio de un estipendio de gobierno. Actualmente, ese dinero pagado por los contribuyentes y conocido como "asignación soberana" cubre los gastos de las responsabilidades reales y los costos de mantenimiento de varios palacios, entre ellos el de Buckingham.

En 2019, ese fondo soberano ascendió a 82,2 millones de libras, el equivalente a unos 107 millones de dólares. Esa cifra es una proporción fija de las ganancias que producen aquellas tierras cedidas en 1760, que siempre fue del 15%, pero que desde 2017 se incrementó temporalmente al 25% para la restauración del Palacio de Buckingham.

La reina lo complementa con otras fuentes de ingresos: su fortuna personal, no revelada públicamente, y el ducado de Lancaster, fundado en el siglo XIII, que comprende unos 720 millones de dólares, mayormente en propiedades inmobiliarias.

Traducción de Jaime Arrambide

Por: Max Colchester ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)