Los mayores costos impactan en el negocio Crédito: Archivo

La reciente depreciación del peso argentino, junto con la aceleración inflacionaria registrada en las últimas semanas, profundizaron la situación de quebranto en la que se encuentran las empresas argentinas productoras de uvas.

Los precios nominales de la uva Malbec entre el año pasado y el actual se mantuvieron casi estables (pasaron de 21,31 a 21,15 pesos por kilo), pero considerando la inflación, registraron un descenso real superior al 40%. La caída del valor de las uvas criollas, a partir de las cuales se elabora vino común y mosto, es aún más pronunciada.

"Lo peor no es la baja de precios, sino que las bodegas extendieron los plazos de pago. Mientras que en 2018 el último pago se hacía por lo general en diciembre, ahora lo estiraron hasta mayo del año que viene", explica Alan Fillmore, integrante de los grupos CREA Arauco, Huarpe y Olivícola San Juan.

Y añade: "Considerando el impacto de la inflación, la caída real de ingresos del sector podría ubicarse, al finalizar el ciclo comercial 2019, entre un 70 y un 80%, lo que representa una situación de emergencia crítica para las empresas vitícolas, muchas de las cuales, si no se hace nada al respecto, podrían desaparecer en 2020".

Luego de cosechar las uvas entre febrero y abril, la mayor parte de los empresarios entregan la uva a bodegas, las cuales, luego de informar el precio por abonar, pagan el saldo total en cuotas deduciendo -en caso de haberse realizado- las transferencias en concepto de anticipos de cosecha y acarreo.

"Mientras que los costos de producción se mantienen constantes en dólares, los precios de venta de la uva han bajado sustancialmente al punto de llevar la actividad a una situación de crisis extrema", comenta Sebastián Acosta, del CREA Valle de Uyata. "En 2017 hacían falta 75 litros de vino tinto genérico para llenar el tanque de gasoil de una camioneta, mientras que en la actualidad se requieren 450 litros", advierte. La devaluación reciente provocó el alza general del costo de los insumos, muchos de los cuales se cotizan en dólares.

Este año se registró una gran cosecha de uvas en un contexto de elevadas existencias de vino, lo que hizo que muchas bodegas disminuyeran las compras programadas de uva. Algunos productores, ante la caída de la demanda, optaron por enviar uvas a bodegas para elaborar su propio vino. "Los productores que debieron elaborar vino porque no tenían dónde vender sus uvas experimentarán un perjuicio mucho mayor porque, ante los problemas para colocar el producto, ni siquiera saben cuándo podrán comenzar a cobrar", remarca Ricardo García, del CREA Aconcagua.

La competitividad cambiaria generada por la devaluación del peso -que prometía a comienzos del segundo semestre de 2018 un panorama auspicioso para la exportación de vino- pronto se evaporó por la reducción de reintegros a la exportación instrumentada en agosto de 2018 (para el vino embotellado pasó de 6 a 3,25%); la introducción de derechos de exportación en septiembre, de $3 por cada dólar FOB, y por el incremento generalizado de costos. "El abandono de fincas este año se intensificó a partir de la gravedad de la crisis que está atravesando la actividad", dice Andrés Méndez Casariego, del CREA Aconcagua.

Fuente de la noticia (La Nacion)