Comentar (0) Me gusta Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Guardar 20 de septiembre de 2019

NUEVA YORK.- La revelación de que el premier canadiense, Justin Trudeau, se pintó la cara de negro en múltiples ocasiones reforzó una sospecha que lo acosó a lo largo de su carrera política: que no es realmente el que parece ser.

Las nuevas revelaciones salen a la superficie apenas meses después de las acusaciones de que Trudeau habría presionado a Jody Wilson-Raybould, su exministra de Justicia y procuradora general, una mujer indígena, para que no presentara cargos por corrupción contra una importante empresa de ingeniería de Quebec.

"Justin Trudeau elaboró cuidadosamente una imagen de aquello a lo que aspiran los canadienses: esperanza, apertura al mundo y juventud", dice Jean-Marc Léger, director ejecutivo de Léger, una consultora líder en Montreal. "El episodio con la cara pintada de negro hace añicos esa imagen perfecta y plantea cuestionamientos sobre su autenticidad".

Sin embargo, Léger dice que los canadienses son "un pueblo que perdona" y predijo que Trudeau, que se disculpó por su comportamiento de hace dos décadas, todavía puede recuperarse.

Nik Nanos, fundador de Nanos Research, una consultora de Ottawa, dice que para Trudeau y su Partido Liberal será muy difícil, aunque no imposible, retomar el hilo de la campaña. "Son las típicas malas noticias que aparecen en una campaña", dice Nanos. "Los liberales tienen que encontrar la manera de cambiar de canal".

Los principales oponentes de Trudeau son los conservadores y su líder, Andrew Scheer. Según las encuestas de Nanos, Scheer ganó más apoyo recientemente, incluso antes de este incidente. El ascenso se produjo luego de que los conservadores empezaron a atacar las publicidades de Trudeau diciendo que el primer ministro no era "como lo publicitan".

"Las revelaciones sobre Justin Trudeau validan los ataques de los conservadores", dice Nanos. "Ahora la elección es sobre Justin Trudeau, y según mi experiencia, si la elección es sobre una persona, esa persona suele perder".

En muchos sentidos, Trudeau tiene muchas fortalezas para las elecciones nacionales del 21 de octubre.

La economía canadiense es dinámica, con una tasa de desempleo a un nivel históricamente bajo. Su decisión de recibir a 25.000 refugiados sirios fue aclamada ampliamente y su gobierno introdujo varias políticas de vanguardia, como la legalización de la marihuana recreativa y la muerte asistida.

Su gabinete, cuya mitad está integrada por mujeres e incluye a cuatro sijs y un ministro de inmigración nacido en Somalia, también pasó a encarnar un país que se enorgullece de su multiculturalismo y su inclusión.

Pero Trudeau ha sido criticado por ser incoherente con su imagen, como cuando propuso un impuesto nacional sobre el carbono, en sintonía con sus promesas para luchar contra el cambio climático, y utilizó 4500 millones de dólares para comprar un oleoducto.

Otros se quejan del excesivo uso de Instagram, obsesionado con su imagen en detrimento de la implementación de políticas. "Todo lo que hace es un cálculo sobre su imagen", dice Nicola Di Iorio, que recientemente renunció como legislador liberal en un distrito multicultural de Montreal.

Trudeau, un talentoso candidato con el espíritu combativo de un boxeador amateur, está acostumbrado a que lo subestimen y a superar los obstáculos. En 2015, durante su última elección, sus rivales conservadores decían con tono burlón que era una celebridad inmadura con un lindo cabello. "No está preparado", era su lema.

Pero Trudeau se presentó como un político capaz de realizar cambios luego de una década de liderazgo de Stephen Harper, el adusto primer ministro conservador. Trudeau logró una victoria impresionante que les permitió a los liberales pasar de 36 bancas a 184 en la Cámara de los Comunes.

Mantuvo su popularidad la mayor parte de su mandato, aunque los críticos dispararon contra sus medias coloridas, sus poses de yoga, las frecuentes apologías por los errores históricos y los ataques de lágrimas que a veces le dan la apariencia de un actor interpretando a un primer ministro.

En ese tren de actuación vino también el éxito de Trudeau para eludir el avasallador apretón de manos de Donald Trump, durante una visita a la Casa Blanca. "Si le preguntan a la gente qué recuerda de los últimos cuatro años, muchos van a recordar ese apretón de manos", dice Anna Gainey, expresidenta del Partido Liberal.

Pero ahora esa imagen quedó relegada. A pocas semanas de las elecciones, la foto de Trudeau con un turbante y la cara pintada aparece una y otra vez en la televisión canadiense, donde las minorías representan un sector cada vez más amplio de la población.

Traducción de Jaime Arrambide

Por: Dan Bilefsky y Ian AustenFuente de la noticia (La Nacion)