"No esperes que te llamen, hacé", un mantra de Onetto Crédito: Alejandro Guyot

Es una de las actrices más reconocidas de su generación; solicitada tanto para las pantallas como los escenarios, reflexiona sobre el presente artístico y los títulos que la convocan Carlos Pacheco SEGUIR

María Onetto es una actriz de otro tiempo, ni de antes ni del futuro, su presencia supone otra realidad, con otras normas. Es expresiva, busca las palabras correctas, tiene tiempo para hacerlo, sabe que es importante la reflexión y sabe algo muy profundamente: quiere honrar la actuación. "Es una actividad muy valiosa para las personas el teatro. Me resulta increíble que la humanidad haya creado semejante asunto de juego, de compromiso, en el que la gente generosamente va a verte y disfruta de vos desplegándote", explica Onetto mientras intenta definir la actuación, algo tan esquivo o tan difícil de catalogar. Es que a ella el teatro le llegó de grande. Hasta su adultez, reinaban en su vida las certezas. Había terminado el colegio secundario con promedio excelente y rápidamente comenzó la facultad, se recibió de psicóloga a los 21 años. "Terminé la facultad y me di cuenta de que no quería ejercer. Estaba realmente muy perdida, muy angustiada, no podía creer que me estuviera pasando eso a mí, no era una persona a la que le pasara eso, era muy prolija y encontraba mucho refugio en todo lo institucional. La vacilación no entraba en mi mundo, me convertía en un problema ver que la gente se estaba organizando y yo no. En paralelo, y de casualidad, me había anotado en un taller de Hugo Midón y sin esperarlo me iba bien. Soledad Villamil, que era mi compañera, comenzó a estudiar con Ricardo Bartís. Y me dijo que fuera. Llegué al Sportivo Teatral y no me quise ir, por lo menos por un tiempo", repasa.

-Hace años dijiste que ser actor en lo de Bartís era más difícil que ser médico cirujano, ¿seguís pensando así?

-(Risas) Cuando entré ahí, en 1989, yo no era para nada el perfil del alumno que tomaba clases en lo de Bartís. No era canchera para nada, la persona menos coqueta del universo, sin rock and roll, sin noche. No era un lugar de reviente, para nada, pero sí iba un perfil de personas libres, rebeldes, bohemias. Yo era lo contrario a la persona rebelde.

-¿No sos rebelde?

-Creo que soy rebelde pero mi rebeldía no es roncarolera sino más íntima. Me apoyo en una frase de Kant: "libremente cautivo", quiero estar cautiva y ahí ser libre. Entré al Sportivo y vi que Bartolo (Bartís) tenía mucho rigor en su forma de mirar, en su forma de hacer las devoluciones, un compromiso con el teatro enorme a nivel de algo no religioso pero sí con estatus de sagrado, y yo, que estaba deseosa de entregarme a cosas, me zambullí. Empecé a dar clases para los que arrancaban pero me costaba habilitarme y entender que algo que me daba tanto placer fuese un trabajo. Pensaba que tenía que ser algo sacrificado. En 1995 (Rafael) Spregelburd me llamó para trabajar en Raspando la cruz, su primera obra, y no dejé nunca de trabajar como actriz. Siempre pienso la suerte que tuve de ser parte de esa generación: Spregelburd, Tantanian, Daulte, Wehbi, Bartís, lo que era el Sportivo… un hervidero, salió mucha gente de ahí ideológicamente bien formada para el teatro. Porque lo que era fuerte en el Sportivo, además del rigor de Bartís, era la ideología. Te decían: "no esperes que te llamen, hacé".

Onetto formó parte de elencos en todos los ámbitos: hizo teatro comercial con Alfredo Alcón en Muerte de un viajante, de Arthur Miller; participó de Un dios salvaje; hizo muchísimo teatro oficial ( La casa de Bernarda Alba, Los hijos se han dormido, Nunca estuviste tan adorable, Almas ardientes, Los corderos), otro tanto en el independiente, trabajó en cine ( La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel; Rompecabezas, de Natalia Smirnoff), trabajó en televisión -el año pasado participó en Mi hermano es un clon porque, asegura, quiere ser actriz todoterreno-, y fue dirigida por cuanto director reconocido pasó por su lado. Desde Bartís, a quien no duda en considerar su maestro, pasando por Spregelburd, Cacace, Veronese, Daulte, Tantanian. Hoy en día se sube a escena en tres obras con tres directores uno más conocido que el otro: Javier Daulte, Daniel Veronese y Norman Briski.

El primero la dirige en Valeria radioactiva. "Es la sexta obra que hago con Javier. Es una de las más redondas de él. Es muy honesta, habla de cosas por las que él está atravesado, muy profundas, del campo imaginario. Alguien está escribiendo una novela, El inmortal, y se entera que tiene una enfermedad terminal; la obra muestra cómo se apoya en su novela para paliar el dolor. Es un gran personaje el que a mí me toca, el de Valeria".

Con Daniel Veronese está haciendo La persona deprimida, una texto literario de Foster Wallace que Veronese adaptó. "Está definido como el autor divertido más triste del mundo. A pesar del título, es extremadamente graciosa, arranca carcajadas ese nivel de egomanía y narcisismo. Aporta una mirada sobre la depresión distinta, porque una de las definiciones de esa patología es que son personas que solo piensan en sí mismas. Vos sos tu propia víctima. Y tu narcisismo, tu amor hacia vos misma, está solo ahí. Y todos los demás funcionan en relación a vos. Ella en ese monólogo hace el viaje del ombliguismo hacia el exterior, un poco, como puede. Es un viaje que le cuesta mucho hacerlo".

Y, para completar la trilogía de este año, Norman Briski la dirige en Potestad, la obra de Tato Pavlovsky, en una versión absolutamente novedosa ya que a este texto emblemático el director le sumó la estética del teatro japonés noh y que por primera vez ese personaje monstruoso sea representado por una mujer. Potestad se estrenó a comienzos de los años 80, protagonizada por el propio Pavlovsky y dirigida por Briski. "Norman quería hacerla conmigo porque pensaba que ese monstruo que era el personaje necesitaba de alguien con un perfil emocional y cercano a la gente para que esa empatía se produzca. El personaje está en un limbo. Está recordando la vez que se llevaron a su hija y el dolor que él tiene y después se evidencia que el que sufre es el apropiador. Es fuerte. Más allá del valor que pueda tener en términos históricos y políticos es un gran texto teatral. Pavlovsky con este texto informa que lo humano es complejo, que el bien y el mal conviven. Y que es una decisión ética existencial, uno decide no ser un monstruo, o aplacar esa parte".

-Es un tiempo muy femenino, con una fuerte presencia de la mujer en escena pero te están dirigiendo tres varones, ¿hay cosas que no cambian? ¿Lugares de poder tal vez?

-Me causó gracia un día que Briski, a poco de estrenar Potestad, me dijo medio en broma: "María, ¿nosotros estamos haciendo un patriarcado bueno?". Tanto él como Bartís, Daulte, Veronese están en proceso de transformación personal, se están cuestionando pensamientos, prácticas, no lo están diciendo de la boca para afuera. Algunos hombres de mi generación que respeté y quiero no están cambiando, casi al revés, están muy preocupados por conservar sus privilegios, pensando que el feminismo se los quiere sacar. Al contrario, el feminismo los quiere liberar del mandato de masculinidad y en todo caso socializar los privilegios. En definitiva el feminismo es la osada idea de que las mujeres somos personas. Pero también lo que entiendo del feminismo es que te tiene que pasar algo concreto que te modifique -como las mujeres lo hemos vivido en nuestro cuerpo ese patriarcado, nos impulsa a salir- o tenés que sentar la cola en la silla y empezar a leer qué es el feminismo y no opinar por los epígrafes o zócalos que ves en televisión; esa frase "no se nace feminista" es así, suponés que hay cosas que son así y las estás naturalizando y hay que deconstruir, hay gente que está dispuesta y gente que no. Porque la igualdad supone un problema que es el desgaste de no saber cuál es mi nuevo rol. Aunque alguna parte se perjudique en la desigualdad, se sabe cómo hacer, quién tiene que pagar la cuenta, la desigualdad organiza. Si sos cómodo no podés cambiar. El feminismo es claramente lo que mejor se le puede oponer al capitalismo porque busca construcción de poder por otros lados, inventa cosas.

Valeria radioactiva

Martes, a las 20.30.

Espacio Callejón, Humahuaca 3759.

Potestad

Viernes, a las 22.30.

Caras y Caretas, Sarmiento 2037.

La persona deprimida

Viernes y sábados, a las 21.

Cultural San Martín, Sarmiento 1551.

Por: Carlos Pacheco ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)