Parecería estar funcionando el control de cambios, al menos en la obligación del Gobierno de administrar la crisis y evitar un colapso financiero que ponga en peligro el calendario electoral y el final del actual mandato de Mauricio Macri.

Se moderó fuertemente la pérdida de reservas del Banco Central, bajó considerablemente el retiro de depósitos en dólares y se fueron renovando mayormente los plazo fijos en pesos, sin correr tanto al dólar. Las tasas, claro, no pueden bajar y son cada vez mayores para que los ahorristas no corran al dólar. Y los que no renuevan el plazo fijo tienen límites para comprar divisas.

El equilibrio sigue siendo inestable, pero ahora los temores en los mercados se trasladaron a después del 27 de octubre. Hay mayor confianza en que se puede llegar con el actual nivel de reservas a la primera vuelta, si el drenaje de dólares oficiales se mantiene y se torna peligroso.

Está claro que lo único sagrado para el Gobierno es garantizar los depósitos en dólares tal como lo viene cumpliendo y, para evitar que la gente se inquiete, mantener lo más estable posible el dólar con los controles.

Sin embargo, esta estabilidad en el mercado regulado obedece a una doble situación anormal, que anota un costo altísimo para la actividad económica a medida que pasan las semanas y meses.

No solo las empresas tienen prohibido comprar dólares y los particulares hasta 10.000 por mes, sino que una buena parte de los pesos en la economía están atrapados en la muy criticada reprogramación de pagos de Letras en pesos. Además, aunque disponibles, los pesos quedan narcotizados en la espiralización de tasas para que los plazos fijos no vayan al dólar.

De un lado los plazos fijos de los ahorristas e inversores, del otro lado, con el dinero de los depositantes, las Leliq en poder de los bancos. Una bola de nieve de pesos que en dólares supera los 25.000 millones, y que tarde o temprano habrá que desarmar. Crece la preocupación entre economistas e inversores respecto de cómo será el futuro de esta ecuación. Sin recomponer la confianza, las tasas en el futuro deberán ser cada vez mayores para evitar una corrida al dólar. Ya los niveles actuales son muy riesgosos, y no está claro si el desarme de las Leliq será ordenado o volverán las fuertes devaluaciones para licuar el problema.

Demasiadas dudas y demasiados pesos que no pueden ir al dólar por los controles, más toda la previsible emisión que vendrá hasta el final del año electoral, dado que como ya está caído el acuerdo con el FMI y muchos funcionarios perciben que va llegando el final de la gestión, una mancha más no le hace al tigre a la hora de profundizar el déficit en cada repartición.

Así reaparece la brecha cambiaria entre el dólar regulado y el dólar libre, puesto en una cuenta en la Argentina o en el exterior, que estos días cuesta entre 63 y 65 pesos, hasta 70 pesos según los bonos o acciones elegidos y las comisiones en el medio. El dólar libre por contado con liquidación en el exterior, o por dólar Bolsa en Argentina no afecta las reservas. Los dólares los pone el privado que compra en la Argentina o en el exterior el papel argentino y paga en dólares de su cuenta y propiedad.

Sin embargo, una brecha que se amplía afecta mucho las expectativas inflacionarias y de futura devaluación. Impide bajar las tasas de interés y afecta la formación de costos, ya que los importadores toman ese valor y a la vez los exportadores no quieren vender al dólar controlado de 55 pesos si luego con los pesos que reciben deben comprar los dólares a 65 por el cepo a las compras en el oficial. El dólar regulado queda casi fijo, mientras que la inflación y los dólares libres corren al 5% mensual.

Todas estas son dificultades que tiene que administrar el Gobierno por la grave crisis de confianza desatada luego del resultado en las PASO. Un equilibrio inestable, que al menos permita llegar a la primera vuelta, o hasta que se consagre un presidente electo.

De allí que se le perdone a Mauricio Macri tener que terminar su mandato con medidas excepcionales, de emergencia, casi imprescindibles para evitar que se vacíen reservas. También admitir y pagar el costo político de anunciar que no se puede pagar la deuda que él mismo contrajo, y hay que sentarse a negociar.

Hay medidas y decisiones que está tomando el Gobierno que, sin embargo, no se justifican en la emergencia financiera, y que realmente le pueden infligir un severo daño a la Argentina en el corto y mediano plazo. Se trata concretamente del esquema anunciado para congelar los precios de los combustibles hasta las elecciones, que significó romper todos los contratos con las empresas que operan en Vaca Muerta, sobre todo, con un gran perjuicio para YPF, y que realmente no tiene ninguna justificación, ya que las empresas pedían un sendero de precios no mayor a 5% de ajuste de precios por mes, hasta fin de año.

La medida extrema del Gobierno interviene los precios aún peor de lo visto en la gestión de Cristina, y les reconoce a las petroleras un precio que ya es 50% menor al precio internacional. Poner en peligro el futuro de Vaca Muerta por el intento de congelar las naftas para buscar un voto más en octubre no es aceptable, menos en un gobierno decente como el de Mauricio Macri, con gente preparada que sabe perfectamente el daño que se está generando, y la pesadísima herencia que se le deja al próximo gobierno al paralizar el principal polo productivo del país y, junto al campo, el principal abastecedor de energía y divisas para el país

Por: Willy KohanFuente de la noticia (La Nacion)