Es el sueño de todo mortal: ganar la lotería. Siempre fantaseamos, “si me tocase la lotería…”, y nos llenamos de buenos propósitos para nosotros y para los demás. Pero a la hora de la verdad, ¿es todo tan sencillo? Realmente, la parte que no cuentan es la cantidad de decisiones cruciales que hay que tomar en los primeros momentos, y que estas afectarán, seguramente, al resto de nuestras vidas.

En el momento en que lo hagamos público, vamos a escuchar cientos de consejos, incluso de personas que no son muy cercanas. Nos pueden hacer sentir aún más inseguros, porque empezaremos a desconfiar de las intenciones de los demás y a no tener claro si son personas que nos aman o que quieren una parte del pastel. Es muy común tanto dudar como llevarse desengaños con personas allegadas. Pero de entre todos estos consejos, los que sin duda debemos tener en cuenta son los que nos sugieran que no dilapidemos todo en grandes caprichos en un primer momento, sino que pensemos en el futuro.

Puede parecer que este es el consejo clave, pero lo más importante al ser conocedores de la noticia es mantener la calma y no reclamar el premio inmediatamente, sino pensar en lo que supone y mantenerlo en secreto hasta tener bien claro en quién depositaremos nuestra confianza o qué es lo que realmente deseamos cambiar en nuestra vida. Es un buen momento para preguntarnos si todos nuestros objetivos de la infancia se han materializado, si seguimos soñando con las mismas cosas, o incluso si hay necesidades que deben ser cubiertas antes de permitirse un gran regalo.

También se sugiere que, siempre que sea posible, permanezcamos en el anonimato, ya no por evitar encontrarnos con personas interesadas o con envidiosos que desean hacernos daño, sino porque la fama y la prensa no suelen ser muy benevolentes con las personas afortunadas, terminan por anular su privacidad y pueden hacer sufrir a personas con no mucha fortaleza emocional.

Otro punto esencial es ser conscientes de que, sea cual sea la cantidad del premio, es finita. En función de cómo la administremos, se agotará antes o después, pero siempre se agotará a menos que la administremos de manera apropiada, sea invirtiendo o con ayuda de un asesor financiero. Sobre todo no hay que olvidar que los impuestos son ineludibles, y vendrán tarde o temprano, por lo que planificar y saber anticiparse a ese momento es muy importante también.

Un error muy frecuente es apresurarse a dejar el trabajo, pensando que tendremos la vida resuelta (e incluso la de nuestros hijos). Sin embargo, si nos acostumbramos a un nivel de vida de excesos y dilapidación, acabaremos, posiblemente, en una situación financiera incluso peor que cuando teníamos un trabajo mediocre y no nos atrevíamos a gastar por anticipado. Es mejor ser discreto que acumular deudas futuras.

Pero, por supuesto, no se trata de vivir angustiado mirando sólo los posibles conflictos derivados de amasar una nueva y gran fortuna, sino de ser responsable para disfrutar sin labrarse un futuro de calamidad. En realidad, ganar un premio de lotería nos dará alas para llevar la vida que deseábamos, tomarnos un tiempo de descanso y observas la vida desde otro prisma. Tal vez reflexionemos y nos demos cuenta de que el dinero no es lo que da la felicidad, sólo ayuda a poner en funcionamiento lo que para cada cual representa la felicidad. Por eso, al final, muchos de los ganadores de lotería terminan por donar una buena suma a causas benéficas, o resuelven un problema médico o de otra índole de alguna persona muy cercana que no puede cubrir estos gastos por sí mismo.