Hay un relativo consenso en relación con que el incremento de las exportaciones es un requisito para la recuperación económica. Nuestro país (que exportó en 2018 solo US$61.000 millones en bienes y US$14.000 millones en servicios, y que está mostrando un débil crecimiento -menos de 4%- en lo que va de 2019) es apenas el 52vo exportador del mundo y está en ese ranking muy por debajo de economías más pequeñas.

Hay numerosos obstáculos vigentes. Pueden destacarse como principales la dificultad para consolidar una sólida economía de mercado; la inestabilidad en el marco de referencia político, legal y regulativo; los aún escasos avances en acuerdos de apertura económica recíproca con otros países; el retraso en infraestructura, capital humano y capacidad de oferta interna de servicios públicos y privados requeridos para la inserción internacional; y la carencia de un ecosistema de empresas con atributos competitivos internacionales.

Exportar más y mejor no será, pues, un resultado de algunos pocos retoques del ambiente de negocios, sino el efecto de cambios profundos. Además de aquel consenso en relación a que hay que exportar más, es precisa una admisión de qué es requerido para ello. Y especialmente comprender que las empresas internacionales -aun las pymes, entre las que McKinsey destaca las que denomina micromultinacionales- que logran éxitos sostenibles, ya no "exportan" en sí, sino que "se vinculan" operativamente generando valor con otras en diferentes mercados en sistemas transfronterizos y complejos de inversión, generación de conocimiento, formación de arquitecturas vinculares sistémicas, adquisición de experiencias productivas compartidas, operaciones de compra y venta de bienes y servicios transfronterizas posteriores y evolución compartida. Esto es: ya no hay comercio internacional sino negocios internacionales. Y, para ello, el éxito no depende solo de la empresa sino también de su contexto.

La economía mundial está en medio de un sustancial proceso de cambio que, entre varias columnas, se apoya en lo que se conoce como "globalización 4.0", en la que el conocimiento, la información, la ingeniería, la innovación, la invención, el know how, la propiedad intelectual, las comunicaciones como sistema de operación, las patentes y los intangibles varios se conforman en el motor del valor creado.

Hace unos meses, el Foro Económico Mundial publicó un trabajo ("Informe sobre la preparación para el futuro de la producción") en el que analiza cien economías mundiales y efectúa una previsión sobre la capacidad que tienen de insertarse en la economía global. El Foro basa las posibilidades de éxito con base a la estructura de producción en dos visiones: la escala y la complejidad (la primera más apuntada al volumen, la segunda a la calidad de la economía).

En el mismo encuentra seis drivers para la producción que conducen al éxito en la inserción económica internacional: tecnología e innovación, capital humano (capacidades de las personas, actuales y futuras), globalidad en comercio e inversiones (apertura comercial, facilitación de comercio exterior, avances en acceso a mercados externos, condiciones para inversiones y financiamiento internacional, capacidad en infraestructura para la internacionalidad productiva), calidad institucional (respeto de los derechos de propiedad e individuales, eficiencia y efectividad de la administración pública), sustentabilidad en recursos (disposición de energía y recursos naturales) y el entorno y calidad de la demanda local (tamaño del mercado local y sofisticación de los consumidores).

Así, el informe categoriza cuatro tipos de países: los "líderes" (que son fuertes hoy en materia productiva pero que además tienen gran capacidad de adaptarse a los disruptivos cambios inminentes), los países "legado" (que son fuertes y poderosos económicamente hoy, pero están en riesgo por dificultades de adaptación a los cambios económicos futuros), los países con "gran potencial" (que hoy tienen una limitada base productiva pero que podrían adaptarse al nuevo escenario), y los países "nacientes" (que muestran hoy limitada capacidad pero además exhiben bajas condiciones para adaptarse a las condiciones requeridas).

En el primer grupo están Alemania, China, Reino Unido y Estados Unidos -entre muchos otros- y no hay latinoamericanos. En el segundo figuran (entre varios) Rusia, Turquía e India, y el único latinoamericano es México. En el tercero aparecen Australia, Nueva Zelanda, Emiratos Árabes y Qatar, y no hay latinoamericanos. Y en el cuarto está la mayoría (más de 70 países), y allí aparece la Argentina, junto a la mayoría de los latinoamericanos.

En el análisis de cada país, la Argentina (puesto 62 entre 100 países) es calificada por el Foro con la peor nota relativa entre las seis materias relevadas en "globalidad en comercio en inversión" (3,1), además de lograr malas calificaciones en "tecnología e innovación" (3,8) y en "calidad institucional" (4,1). Las mejores notas las obtiene en "sostenibilidad de la provisión de recursos" y en "capital humano". En conclusión, exportar más es un requisito, pero también lo son las bases para que esas exportaciones mejoren.

Por: Marcelo ElizondoFuente de la noticia (La Nacion)