Un cabezazo de Martínez Quarta al travesaño fue la llegada más clara de la selección nacional. Crédito: @Argentina

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La selección argentina, sin Lionel Messi, empató 0-0 con Chile, en un partido amistoso que se desarrolló en Los Ángeles, Estados Unidos, en su presentación luego de la Copa América de Brasil.

El desafío era inyectarle contenido a una idea que todavía titila y la búsqueda quedó nuevamente a medio camino. La Argentina no consigue darle espesura a sus insinuaciones. Lionel Scaloni detesta la posesión improductiva y su equipo no se entretiene con la pelota. Es intenso, directo, agresivo. Tan asfixiante como comprometido para lanzarse sobre las pérdidas con ferocidad. Al funcionamiento le faltan ajustes y calibrar la sintonía entre tantas aceleraciones. La selección no se concede casi nunca el beneficio de la pausa, pero como en la Copa América de Brasil volvió a impresionar el compromiso grupal. La Argentina, por momentos, se pareció a un rebaño de lobos hambrientos. Y así vale correr riesgos si el esfuerzo es general. Aun, con imprecisiones y fricciones, porque al duelo con los chilenos no le faltaron roces y discusiones.

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La Argentina, bajo la era Scaloni, mantiene el buen gusto de tomar los partidos por la solapa de los rivales. No le teme al protagonismo, al contrario, fuerza las acciones. Le falta detectar el punto de calibración para que de tan intenso no se transforme en desprolijo. La matriz cada vez se vuelve más reconocible: bajo un envase 4-3-1-2, apretó a Chile sin concesiones. Con relación al último partido, precisamente contra Chile en la definición del tercer puesto en suelo brasileño, esta vez Paulo Dybala jugó de Messi, Joaquín Correa interpretó al 'Kun' Agüero y Lautaro Martínez hizo de. Lautaro Martínez. Y con el mismo mediocampo de aquella victoria por 2-1 en San Pablo, hace dos meses: De Paul, Paredes y Lo Celso, ningún especialista en la recuperación, por eso la misión se repartió atacando velozmente los espacios. Y generalmente funcionó, pero a la Argentina le faltó coordinación en el paso siguiente: cuidar los recorridos de la gestación. Y generalmente se apresuró, se atropelló.

Nicolás Tagliafico intenta quitarle la pelota a Ángelo Sagal, durante el partido entre la Argentina y Chile.
Nicolás Tagliafico intenta quitarle la pelota a Ángelo Sagal, durante el partido entre la Argentina y Chile. Fuente: FotoBAIRES

Chile opuso orgullo y bravura, jamás aceptó ser un partenaire, incluso sin Medel, Jara y Vidal, solo por citar algunas de sus piezas más valiosas. A los dos equipos les faltó profundidad y se entretuvieron entre más aproximaciones que peligro. El arquero Claudio Bravo desvió un remate de Dybala; poco después Agustín Marchesín rechazó un tiro de Charles Aranguiz -antes, debió ser expulsado por una dura falta sobre Lo Celso- , y en el cierre de la primera etapa, Lo Celso tomó de aire un centro de Montil y su lanzamiento se perdió apenas afuera.

El plan de Argentina es formar un equipo compacto para lanzarse al ataque. Pero sin atar a los jugadores, porque a la hora de atacar cualquiera se puede soltar. La obsesión del entrenador es poder avanzar 'desordenado', porque así el factor sorpresa se vuelve un aliado más. La dinámica de De Paul, la potencia de Lautaro Martínez y el largo recorrido que es capaz de ofrecer Joaquín Correa son características que enriquecen esa propuesta, pero también lo describen como un equipo exageradamente presuroso. Le falta asumir que todas las maniobras no reclaman resolverse al ritmo de un rock and roll, que hay avances que pueden ser más agresivos incluso con algunos compases menos. Gio Lo Celso y Dybala tendrían que haber podido alternar el dominio del velocímetro, pero generalmente esas agujas se escaparon de su control.

La jugada más clara a favor de Chile.

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Chile creció en la etapa final porque mejoró en el manejo de la pelota y hasta reventó el travesaño de Marchesín. La Argentina, menos dinámica y sin piezas avezadas en la tarea gregaria, perdió armonía en la presión y ya no se sintió cómoda con menos posesión. Porque la Argentina necesita la pelota.

Scaloni comenzó a introducir variantes, sin modificar el sistema: Palacios por Lo Celso, y los debutantes Nicolás Domínguez por De Paul y Mac Allister por Dybala. La recortada cadena de pases profundos y muchas pérdidas por desajustes comenzaron a alejar a la selección de los dominios de Bravo. De todos modos la Argentina no traicionó la búsqueda a pesar de que aparecieron más imprecisiones -las brusquedades resultaron una constante-, intermitencias en la presión alta y cierto sufrimiento en las pelotas cruzadas. Pudo ganar con un cabezazo de Martínez Quarta que pegó en el travesaño.

Martínez Quarta estuvo cerca de anotar un gol en su debut.

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El resultado en cero fue anecdótico en un partido escondido por la programación, casi de madrugada en un estadio semivacío. La mecánica de la Argentina es cada vez más reconocible. Pero mientras el motor todavía requiere afinación, la selección tendrá que comprender que el exceso de velocidad multa sus buenas intenciones.

Por: Cristian Grosso ADEMÁS

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