Natalia Outeda desarrolla fragancias de diseño con materias primas locales y conquistó el mercado de nicho en Europa y Estados Unidos con una propuesta exótica made in el Sur del mundo. Fuente: LA NACION – Crédito: Catalina Bartolomé

Como una alquimista enigmática y distinguida, Natalia Outeda hace una exhibición de sus creaciones. Lentamente, extrae de una bolsa aterciopelada cinco frascos pequeños que son muestras de sus fragancias, piezas de la colección de perfumes premium que concibió y vende a través de tiendas boutique en varias ciudades del mundo: Buenos Aires, Miami, Nueva York, Dallas, Cleveland, Budapest, París, Amsterdam y Múnich. Anticipa que son aromas inspirados en viajes. "Viajes, no destinos", aclara. Luego vaporiza unos cartones y, mientras narra, invita a "sentir", como si oler fuera demasiado poco para la experiencia que propone. Describe un paseo por un bosque encantado – Blondine-, un desayuno con mates junto a un jazmín durante una mañana soleada y calurosa en la ciudad de Buenos Aires – Verano porteño-, un paso de baile tan sensual como una flor de noche – A fuego lento-, la leyenda sobre un árbol oriental que cada 3.000 años florece y da un fruto de la inmortalidad – Tian Di- y finalmente celebra una torta galesa, la que hacía su abuela en la Patagonia, con notas de nueces y frutas secas maceradas en ron, cristales de azúcar negra y enebro – Teisenddu-.

Natalia es argentina, vivió casi veinte años en Nueva York y durante siete trabajó para Givaudan, la casa perfumista que es líder mundial en la creación de fragancias para distintas firmas. Era la encargada de impulsar el desarrollo de los productos, a partir de un concepto o un acorde, de acuerdo a lo que buscaba cada cliente: planteaba la idea y guiaba la labor de los perfumistas para concretarla. "En ese rol, sos como un director creativo -explica-, los procesos pueden llevar desde dos meses a años". Con una formación universitaria en administración de empresas y una vasta experiencia práctica rodeada por expertos de todo el mundo en la industria del perfume, volvió a Buenos Aires decidida a emprender un proyecto propio. Lo llamó Frassaï. Hizo joyas, velas y, en 2017, lanzó su primera colección de perfumes que luego completó con una biblioteca de aromas para ambientes: Astor.

-¿Con quién creás tus fragancias?

-Con los perfumistas con que trabajaba en New York. En este caso, con Yann Vasnier, quien hizo Lola, de Marc Jacobs, y muchos de Tom Ford. También trabajo con otro que mexicano. Algo peculiar porque hay pocos perfumistas latinoamericanos, es una industria bastante cerrada.

-¿Qué diferencia notás entre el mercado latino y el de Europa o Estados Unidos?

-En el exterior hay otra apertura a lo que es la perfumería y hoy hay gran movimiento, muchas novedades.

-¿En qué sentido se da el movimiento?

-Básicamente el segmento que nosotros conocemos está maduro en el ciclo de evolución y está cayendo. La gente ya no quiere comprar la misma fragancia que tiene todo el mundo. Se apunta a productos más exclusivos y únicos. Por eso surgen varias marcas nuevas: muchas y más pequeñas.

-¿Qué distingue a estos productos de los que se consiguen en un free shop?

-Que son perfumes de nicho. Los llamamos así por la distribución. Es un segmento mucho más reducido, donde el énfasis está puesto en el producto en sí. El dinero no va al marketing ni a la publicidad sino a la calidad de la materia prima. En general, los frascos son siempre iguales, quizás cambia el color de le etiqueta. No se trata de hacer un millón de ediciones más artesanal. Al no ser masivo, es muy cuidado y tiene otra creatividad.

-Son fragancias más raras que las tradicionales.

-Claro. Y no tienen por qué gustar a todo el mundo porque la idea no es venderlas a gran escala. Son colecciones pequeñas, en las que cada pieza cumple un propósito. A mí me interesa hacer fragancias que sean armoniosas, que se las pueda llevar en piel. No busco que sean disruptivas al nivel de "tiene olor a muerto", pero hay gente que hace cosas así para llamar la atención.

-Perfumes de Argentina, con notas de mate y nombres de tango. debe sonar como algo bastante exótico a un extranjero, ¿no?

-Sí, a los europeos les encanta y les gusta que haya alguien detrás, una persona real con una historia. Se aprecia la autenticidad.

-¿En Estados Unidos también?

-Estados Unidos tiene otra cultura a nivel olfativo. Son muy curiosos, están siempre buscando lo nuevo: " what's next?". Es una sociedad mucho más consumidora.

-¿Tu producción es local?

-Sí, todo se produce acá, con proveedores y materias primas locales. Fue un gran desafío, pero lo conseguí. Me encanta poder representar a la Argentina en el resto del mundo. Además, como la primera casa de perfumes de nicho de una mujer, me parece interesante la posibilidad de que las mujeres se sientan identificadas e inspiradas como emprendedoras.

-No hacés distinción entre fragancias femeninas y masculinas en tu colección.

-No, son perfumes sin género: ni femeninos ni masculinos. En Argentina todavía falta un poco para integrar esta tendencia que ya es global. Hay muchas mujeres que están dispuestas a usar perfumes "de hombres", pero a los hombres les cuesta un poquito más probar cosas que son florales. Está muy instalado, por las publicidades, que el "macho" usa una fragancia que huele a mar y para ser femenina tenés que estar en el campo. De la misma manera que cuando se dice que el rosa es de nena y el celeste es de varón. Cada vez se borran más estas rigideces.

-Otra tendencia global que recogen tus perfumes es que son cruelty free y veganos. ¿Qué significa eso?

-Que no están testeados en animales ni tienen ingredientes de origen animal. Otras fragancias quizás contienen huevos, lácteos, enzimas o almizcles, que se extraían de las glándulas sexuales de animales. Hoy en día, por cuestiones éticas, ya no se utilizan. Y cuando se usan suelen ser esencias sintéticas, no naturales. O sea que están realizadas en un laboratorio.

-¿Hacia dónde evoluciona la innovación de los perfumes?

-Se explora para ver qué más podemos replicar de la naturaleza y se avanza en investigaciones para generar fórmulas distintas, con otro tipo de faceta, con mayor tenacidad. Hay mucho desarrollo tecnológico, se trabajan nuevas moléculas, como las que logran dar un toque más cremoso, por ejemplo.

-Con el boom de los vinos, del té y los cambios en perfumería, ¿considerás que se le está asignando mayor importancia al sentido del olfato actualmente?

-Sí, y se está utilizando cada vez más la información disponible sobre el poder que tiene el olfato. Es muy frecuente hoy entrar a una tienda o a un hotel y sentir un perfume exclusivo. Eso es marketing olfativo. El olfato es un sentido que a veces pasa inadvertido. No nos damos cuenta, pero es más fuerte que la vista, que el oído, y seguramente todavía se podrá hacer mucho más de lo que venimos haciendo. Hacia allá vamos.

Agradecemos a Bárbara Bertone la colaboración para esta nota en su espacio Bb.ID

Por: Carola BirginFuente de la noticia (La Nacion)