Los descendientes, de Julia Lavatelli Crédito: TNC

En Tandil se estrenó Los descendientes, sobre una histórica huelga de 1900 Carlos Pacheco SEGUIR

TANDIL.- Una nueva producción del Teatro Nacional Cervantes acaba de estrenarse en Tandil. Se trata de Los descendientes, una pieza de la autora y directora Julia Lavatelli, destacada docente e investigadora de la Universidad del Centro.

La obra, enmarcada dentro del género "no ficción", parte de una historia real para exponer un pequeño y elocuente friso de un momento de la Argentina. Aquel que a comienzos de 1900 mostraba al movimiento anarquista en su máxima actividad, luchando férreamente por los derechos de los trabajadores hasta lograr hacer realidad sus reivindicaciones.

La experiencia está presentada como una conferencia en la que una joven va a hablar del anarquismo. "En vez de presentarlo como una ideología abstracta, me interesa que podamos acercarnos a través de la Historia", explica. Y ese planteo, que es cuestionado por dos asistentes, va tomando forma a través de breves relatos que muestran la forma en la que la organización sindical fue adquiriendo una conformación sólida y efectiva.

Esta investigación escénica hace foco en la huelga que tuvo lugar en las canteras de piedra de Tandil en 1908: un hito importante en la historia del sindicalismo argentino. Los obreros lograron reducir los horarios de las jornadas de trabajo y cobrar sus sueldos en pesos. Fueron once meses de lucha, con las canteras paradas y una victoria que, lamentablemente, no duró mucho. Años más tarde, las técnicas de pavimentación se modificaron. El hormigón y el concreto asfáltico hicieron que las piedras dejaran de ser utilizadas para construir caminos. A comienzos de los años 20, la organización sindical empezaría a desarmarse. "El anarquismo también empezaba a decaer. Y a convertirse en leyenda. No sería el pilar de la organización obrera. Un recuerdo, una línea histórica, más bien", explican los asistentes de escena.

El relato se completa con una serie de reportajes filmados a descendientes de aquellos luchadores, y aunque sus participaciones son breves aportan referencias que ayudan a comprender algo de aquella historia y también de la actual. Ninguno de los entrevistados ha seguido el camino sindical ni tampoco se muestran interesados en la militancia política.

Esto hace que el acontecimiento que da forma al proyecto dramático adquiera más contundencia. Durante la propuesta también reciben su homenaje las mujeres que acompañaron la lucha y que lo hicieron con una fuerza sorprendente.

Desde la dirección, Julia Lavatelli apuesta a fortalecer el relato haciendo hincapié en la palabra, en la descripción de una serie de atractivas y también dolorosas anécdotas, aportando algunos datos estadísticos y en un juego de opuestos en el que la joven expositora (Agustina Gómez Hoffmann) y los asistentes (Daniela Ferrari e Ignacio Díaz Delfino) van, cada uno a su manera, haciendo crecer una acción en la que la emoción de los personajes nunca se pondrá a prueba. Lavatelli distancia la escena y así su "no ficción" se impone con más rigor.

Resulta muy efectivo el dispositivo escénico creado por Marcelo Jaureguiberry. Cuatro mesas donde se exponen diferentes elementos con los que juegan los intérpretes y que en más de una oportunidad los obligan a seguir un diseño de movimiento casi coreográfico. Detrás, una pantalla en la que se proyectan las entrevistas grabadas y que a la vez esconde al músico Pablo Bas, un creador que desarrolla a lo largo de la pieza una exquisita propuesta musical.

Por: Carlos PachecoFuente de la noticia (La Nacion)