En el noreste de Córdoba, con una superficie aproximada de 8000 km cuadrados de agua salada, un balneario en ruinas y otro en pleno crecimiento conforman un atractivo turístico distinto e intrigante Fuente: Lugares – Crédito: Pablo Rodriguez Merkel

"Acá hay gente que perdió tres veces su casa. La reconstruyeron y otra vez se la tragó el agua", dice Matías Michelutti ante unos escombros que sobresalen del leve oleaje. "No puedo acercar más la lancha. No está permitido. Pero buena parte de lo que fue originalmente Miramar está aquí debajo", aclara, maniobrando su embarcación a una distancia prudente de la ribera de Mar Chiquita, enorme laguna endorreica, de elevada salinidad, en el noreste de la provincia de Córdoba.

A lo lejos se divisan las ruinas del Gran Hotel Viena, una mole de ladrillos que rompe el horizonte tan chato sobre tierra como sobre el agua. Y Matías sigue desgranado la trágica historia de su pueblo: "Hubo una primera inundación a fines de los 50, pero nada comparable con la de 1977 en adelante. Y cuando todo parecía solucionado y el nivel del lago estable, otra vez volvió a subir en 2003. Aquella vez nos dijeron que la cuenca desbordó y que la Mar Chiquita alcanzó su cota máxima. Así que ahora Miramar está a salvo. Lo construimos sobre tierra que no se inunda. Pero quedaron casas y más de cien hoteles bajo el agua".

Nadie lo imaginaba

Esta historia es similar en cierto punto a la de Villa Epecuén, en la provincia de Buenos Aires. Cientos de kilómetros separan una localidad de otra, pero las dos evocan los tiempos pasados con las mismas fotos en blanco y negro de gente alegre en la playa o en la puerta de una pensión familiar. Son las sonrisas de antes de la tragedia. Pero a diferencia de Epecuén, donde la subida del lago fue la crónica de un desastre anunciado, el crecimiento de Mar Chiquita encontró desprevenidos a los miramarenses. "La laguna ocupaba hasta 1977 un tercio de su cuenca actual. Nadie imaginaba que crecería tanto", señala Matías cerca del hotel Viena.

El agua llega ahora muy cerca del hotel, donde antes había playas. Hubo que poner bloques de escombros para salvar las ruinas. La laguna y la sal no causaron tanto daño. hubo también saqueos y vandalismo.

La lancha navega hasta la desembocadura de un río. La profundidad es de apenas una decena de centímetros. No está permitido acercarse a las aves, pero Matías muestra que, aunque quisiera, no podría. "La mayor parte de la laguna no tiene más de un metro de profundidad. Por eso es tan importante para las aves. Flamencos, por supuesto, pero muchas otras especies, 380 de las 440 que hay en toda Córdoba".

Fuente: Lugares – Crédito: Pablo Rodriguez Merkel

Los flamencos no prestan atención a la lancha y rastrillan el fondo barroso de la laguna con sus picos en busca de comida. Basta que un rayo de sol salga de entre las nubes para poner en valor el color de su plumaje. Se han convertido en el emblema de Miramar y tienen una gran efigie al costado de la oficina de informes turísticos, que se ilumina por la noche.

Mirando viejas fotos

La versión post-inundaciones de Miramar es más bien chica, pero tiene varios museos. Uno está dedicado a su historia. Cintia es el alma de esta pequeña casa, donde la muestra se reparte sobre dos salas: una para exhibir fotos y otra para una proyección comentada. Cuenta cómo nació el balneario y se convirtió en uno de los más populares del interior del país gracias a las aguas saladas de la laguna.

Comenta que cuando era más chica la laguna era más salada. "Ahora tiene una salinidad comparable a la de los océanos, pero hasta los años 70 era como el Mar Muerto". De hecho, se exhibe una foto de personas leyendo el diario que se ven literalmente sentadas en el agua.

"Los pobladores no teníamos idea de los ciclos naturales de la laguna -sigue Cintia-. Y además, luego de un gran periodo de sequía, los ríos tuvieron que alimentar varias represas. Fue la combinación de muchas lluvias y del regreso de los caudales normales de los afluentes lo que hizo crecer la Mar Chiquita a partir de 1977 y causó la inundación".

Hasta ese momento se venía desde todo el centro del país para pasar unas vacaciones en Miramar de Ansenuza, el balneario costero -único pueblo al borde de la laguna- y disfrutar de sus aguas, que alivian artrosis y psoriasis. Los hoteles y las pensiones se contaban por decenas. Luego vino la tragedia. Y lo peor es que vino dos veces, porque en 2003 el lago subió de nuevo y volvió a inundar parte del pueblo.

Los cazafantasmas

Si no fuera por los documentos y lo que cuenta la guía sería imposible detectar lo que pasó al caminar por las prolijas calles y la costanera. Miramar esconde bien las heridas de su pasado y podría servir de modelo de desarrollo armonioso para muchos otros pequeños balnearios lacustres.

Cada fin de semana, la Municipalidad organiza un abanico de actividades, como la reciente carrera de bicicletas que reunió a decenas de corredores de la región. Pero el momento principal es el fin de semana del Carnaval: aunque no tenga el lustre de antaño, sigue siendo el momento de mayor convocatoria. Incluso en pleno invierno, muchas familias y parejas siguen viajando hasta Miramar para pasar el fin de semana.

El clima no da para meterse al agua, por supuesto, de modo que la visita se organiza entre museos, avistajes, paseos en lancha y caminatas.

Luego de haberlo visto desde el agua, es tiempo de conocer el Hotel Viena. En el camino se pasa por una capilla construida por la comunidad croata y finalmente se llega al enorme edificio, de fachada desvaída y persianas torcidas. Es lo que queda de un hotel que fue en los años 40 uno de los más deslumbrantes complejos del centro del país. En la recepción Patricia Zárate, de la Asociación de Amigos del Hotel Viena, forma parte del grupo de guías que organizan visitas varias veces al día.

Se organizan visitas guiadas para conocer el Hotel Viena
Se organizan visitas guiadas para conocer el Hotel Viena Crédito: Pablo Rodriguez Merkel

Patricia acumuló una enorme cantidad de documentación, datos y testimonios, pero sigue investigando. Sobre todo respecto del presunto pasado nazi del lugar. Porque el Viena no solo recibió, según se dice, a inocentes bañistas. Corren rumores sobre jerarcas alemanes escondidos luego del fin de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto hay una pared de silencio en torno a esta parte del pasado del hotel", adelanta.

Oficialmente, sus dueños fueron desposeídos por el gobierno de Perón al poco tiempo de la inauguración y la historia del edificio se resume a la de una larga agonía. El público suele preguntar por la habitación 106. Allí, un equipo de televisión filmó un "fantasma" sentado sobre la cama, mirando hacia afuera por la ventana. El hecho dio la vuelta al mundo e hizo conocer el hotel como el lugar más embrujado de América Latina.

"Los caseros murieron de manera confusa, se lo vincula con episodios paranormales. La historia del edificio es más compleja aún", sigue la guía. La visita se transforma en una fiesta de cazafantasmas y el grupo camina celular en mano, filmando las ventanas con la esperanza de capturar alguna imagen rara.

Hay teorías sobre la llegada de Hitler a la Argentina y el hotel podría haber sido uno de sus refugios, comenta Patricia. "La primera vez que hice una visita aquí, vino un hombre con el mismo peinado y el mismo bigote. Estuvo muy concentrado durante todo el recorrido. Lo vi varias veces más, incluso llegó a dormir en su auto, cerca del hotel. Así que le pregunté qué buscaba. Respondió que venía porque era su manera de estar más cerca del Führer". Se estremece, igual que su público, al contar la historia.

Safari de flamencos

Tragedia, misterios y personajes siniestros. Todo se borra de un plumazo al volver al centrito de Miramar. Las tardes de sábado, durante el invierno, el público se reúne para pasear, visitar las tiendas, pactar una salida embarcada para el domingo o bien tomar mate frente a la torre del Hotel Copacabana.

Crédito: Pablo Rodriguez Merkel

La torre es lo que queda de un hotel inundado y parece el vestigio de alguna construcción antigua. Hay demasiada gente para ver aves a orillas de la mar. Sin embargo, están. Un poco más alejadas. La laguna será (¿pronto?) un parque nacional, para proteger este ecosistema único, en el limite entre las regiones del Chaco y la Pampa. Mar Chiquita es una de las mayores cuencas endorreicas de agua salada del planeta. Para saber lo que quiere decir, hay que ir hasta el Museo de Ciencias Naturales y charlar con Hugo Giraudo, que también hace salidas de avistaje de aves y se especializa en el seguimiento de las migratorias, sobre todo flamencos.

"Quiere decir que Mar Chiquita recibe aguas de ríos afluentes pero no tiene salida. Sus aguas tienen salida solo por la evaporación. La única vez que le conocimos un vertedero fue con la crecida de 2003. Alcanzó el límite natural de su cuenca y fue cuando se inundó la ciudad de Santa Fe. Por eso es salada. Los ríos arrastran minerales desde hace decenas de miles de años, que se condensaron a lo largo del tiempo en la laguna".

La laguna tiene tres de las cuatro especies de flamencos que viven en América. El austral está todo el año y anida en Ansenuza, mientras las otras dos pasan el invierno y migran desde las lagunas altoandinas de Bolivia y Perú. La laguna es un tenedor libre para todos. "Cuando hay poca agua y mucha sal, se reproducen los artemias salinas y cuando hay mucha buscan pequeños crustáceos en el barro. ¿Y qué son las artemias salinas? Son pequeños bichos que viven en el agua salada. Se hicieron muy populares en los años 80, cuando se vendían creativamente como Sea-Monkeys. Cuántos chicos entonces los "criaron" dentro de peceras.

Datos útiles

Dónde dormir

Para alojarse en Miramar: el Ansenuza Hotel Casino Spa es la mejor opción. A orillas de la laguna, es un hotel provincial concesionado con todos los servicios de un cuatro estrellas. Es también la mejor mesa del balneario y los fines de semana organiza conciertos y atracciones. ansenuzahotelcasino.com.ar

Dónde comer

Hay varios locales sobre la costanera del lago. Suelen tener música en vivo y abren pistas de baile improvisadas los sábados por la noche.

Dos criaderos de "nutrias" en las afueras de Miramar: la región fue un importante centro de producción peletero. En la actualidad, la piel es un mercado mucho más chico que la carne de nutria, que se convirtió en la principal especialidad local. Se vende en escabeche junto a artesanías con pieles en el criadero de la familia León (tel. 03563 15 403333) y el de la familia Calcaterra (tel. 03563 15 66 8059).

Qué ver

Museo Hotel Viena: visitas guiadas los sábados y domingos. Las charlas se realizan a las 11, 12 y 20.30. Entrada, 100 pesos.

Museo de Ciencias Naturales Aníbal Montes: de lunes a domingos de 10.30 a 12.30 y de 19 a 21.

Museo Fotográfico Dante Marchetti: todos los días de 10 a 13 y de lunes a sábados de 20 a 22. Entrada, 60 pesos.

Excursiones lacustres en lancha: Michelutti Excursiones organiza salidas, desde las más cortas a lo largo de la costanera, que duran una hora y media, hasta expediciones a la Isla El Mistolar para hacer turismo interpretativo y avistaje de la fauna local. También organiza salidas de pesca de pejerrey, única especie que prospera en las aguas saladas de la laguna. excursionesmiche@gmail.com

Salidas de avistaje de aves: comunicarse con la oficina de Turismo al (003563) 493 777.

Capilla San Antonio: es la primera capilla croata en Córdoba. Se visita los sábados y domingos de 15 a 18.30 hs. turismomiramar.com

Por: Pierre Dumas ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)