Fondos del agro: cuando no todo lo que brilla es oro

En varios grupos que quebraron los problemas se desataron por la poca capacidad del management para tomar decisiones estratégicas

Las debacles financieras de algunos grupos de siembra de alto perfil, como Mriya y Agroton en Ucrania, KTG Agrar en Alemania, UAG en Uruguay, Razgulay en Rusia, Alibi o Ivolga en Kazakstán, impactaron no solo en los mercados de capitales, en inversores, la banca o la cadena comercial en sus respectivos países, sino que también salpicaron la credibilidad y la confianza del sector de agronegocios. ¿Cuáles fueron los detonantes comunes de estos casos?

Mriya era considerado un ejemplo y caso de estudio: pasó de gestionar solo cincuenta hectáreas en 1992 a 320.000 hectáreas en 2014, cotizar en la bolsa de Frankfurt y obtener préstamos del Banco Mundial y de bancos internacionales por US$1300 millones.

Luego, el atraso en el pago de intereses desnudó la insolvencia del grupo, gatillando un proceso de reestructuración de sus deudas que culminó con los sauditas de SALIC adquiriendo a Mriya a precio de remate y la Interpol buscando a su accionista y CEO.

En el caso de KTG Agrar, pasó de alquilar 45.000 hectáreas, producir biocombustibles y ser la primera empresa agrícola listada en la FSE de Frankfurt, a convertirse en una de las mayores quiebras de la posguerra por la cantidad de inversores minoristas perjudicados. Los casos de Razgulay o Alibi no fueron muy diferentes.

En su intento de dar explicaciones, algunas empresas adujeron razones exógenas como la caída de precios, eventos climáticos, aumento de costos, devaluaciones o inestabilidad política.

Si bien todos estos factores pueden impactar en cualquier negocio, las verdaderas causas de la debacle fueron la poca capacidad del management o incompetencia para tomar decisiones estratégicas, la pobre gestión operativa y/o de riesgos y a gobiernos corporativos poco idóneos.

Otros, al estilo Madoff, fueron tapando resultados negativos, fraguando información a terceros y vaciando la empresa, dejando a los inversores con poco y nada.

El inversor minorista fue seducido por retornos elevados y por esa atracción romántica que despierta el agro, mientras que los bancos priorizaron colocar préstamos. Con el diario del lunes, el error fue no haber profundizado en entender los riesgos en el negocio de commodities con elevado apalancamiento bajo estructuras societarias complejas, poca transparencia, baja calidad de información y fiduciarios flojos de papeles.

Pero, en definitiva, fue el character y la ambición de estos pseudoempresarios los detonantes que llevaron a que problemas financieros, como puede tener cualquier empresa, no pudieran resolverse y terminen convirtiéndose en escándalo y estafa.

En la Argentina, el financiamiento comercial y bancario al agro ha sido históricamente sano, resultado de la idiosincrasia y cultura de pago del productor. Como cualquier sistema inmunológico que busca expulsar a cuerpos extraños, no debiera ser entonces tan difícil identificar y cerrar la canilla a oportunistas sin demasiados escrúpulos que puedan perjudicar a inversores y a la buena reputación del sector.

Como no todo lo que brilla es oro ni todo lo que vale brilla, el prestigio de quienes gestionan los fondos es clave.

El autor es socio de Grupo Agrarius (www.grupoagrarius.com)

Por: Fernando Aftalion (H) ADEMÁS

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Fuente de la noticia (La Nacion)