El consagrado diseñador estrenó anoche sus últimos diseños para el vestuario de Un tranvía llamado Deseo. El vínculo de Bogani con el Colón comenzó hace 48 años cuando por primera vez adquirió su abono para ir a la ópera con sus padres, desde ese momento el ritual se repite. El día a día de un grand Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo

Con cada paso que da por los pasillos de la trastienda del Teatro Colón es como si estuviese dictando un extenso tratado de elegancia. Transmutó la ropa que llevaba puesta en el taller, cuando estaba entre telas y maniquíes, por un outfit completamente azul. Con el saco a cuadros, la polera, el pantalón y los mocasines logra una síntesis perfecta cada vez que se calza los lentes celestes de la firma Celine. Ahí está Gino Bogani -el gran diseñador argentino- ultimando los detalles del vestuario que diseñó para la ópera Un tranvía llamado Deseo. Estrenada anoche, por primera vez en este escenario, es la versión lírica creada por André Previn en 1998, a partir de la obra del dramaturgo Tennessee Williams que fue popularmente conocida en la transposición al cine dirigida por Elia Kazan e interpretada por Vivien Leigh y Marlon Brando.

Ahora, con la dirección de escena de Rita Cosentino, la escenografía de Enrique Bordolini y la dirección musical de David Brophy, se trata de una ópera en tres actos que relata el drama del entramado que construyen Stanley (David Adam Moore) y Stella Kowalski (Sarah Jane McMahon) con la hermana de esta última; Blanche DuBois (Orla Boylan). La historia transcurre en la década del 40 en Nueva Orleans, y profundiza en las vicisitudes de esos personajes signados por contrastes sociales, abusos, locura y culpa.

El vínculo de Bogani con el Colón comenzó hace 48 años cuando por primera vez adquirió su abono para ir a la ópera con sus padres. Desde ese momento, repite el ritual y es un asiduo espectador del teatro.

El debut como diseñador de vestuario fue en el 2012 con La Cenerentola en una triada memorable junto a Sergio Renán, en la dirección y Emilio Basaldúa en la escenografía. Después, diseñó la vestimenta de Cascanueces y de L'elisir d'amore. De esa manera comenzó a escribir la letra grande del romance entre la lírica y la moda . Así como lo hicieron -y lo hacen- diseñadores en todo el mundo. Basta recordar a Giorgio Armani, Christian Lacroix y más recientemente Valentino Garavani.

-Al momento de diseñar el vestuario, ¿cómo es la dinámica con la directora?

-Hago los dibujos y se los muestro. Aunque trabajo más concretamente con la tela y el material. Entiendo que los realizadores que cosen necesiten tener hasta los mínimos detalles, pero mi trabajo es estar ahí metido, en el taller. Con Rita fue amor a primera vista. Hablamos de los personajes y deliramos, hubo un encuentro de piel muy importante. Tenemos el mismo léxico, nos entendemos perfecto, entonces es muy fácil.

-Son personajes de la vida cotidiana, en ese sentido, ¿cómo se embellece la ropa?

-Quise hacer un vestuario que parezca que es verdad. Hay que darle gracia, porque si están todos perfectos pierde verismo. La ropa la hago un poquito de época y también fuera de época. En el caso de Blanche DuBois es ropa que ella podía tener de antes porque en el fondo era así; las mujeres no cambiaban como lo hacen ahora. Usaban prendas que ya tenían. Hay una mezcla entre los años 40 y 50. Las carteras y los sombreros son originales.

-Desde la primera vez que diseñó vestuario hasta ahora, ¿qué aprendió en el Colón?

-Nunca se sabe todo. Aprendés también a trabajar en el teatro y en equipo. Eso es maravilloso. Me encanta trabajar con chicas que tienen un gran futuro, algunas hacen la parte artesanal, otras los bordados, y otras los sombreros. Es como una familia, todos colaboran. La gente de los talleres, la dirección técnica, todos. Soy feliz acá adentro.

Un dandy camaleónico, que cambia de vestimenta a cada paso.
Un dandy camaleónico, que cambia de vestimenta a cada paso. Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo

-Los desfiles, son efímeros, aunque los suyos duraban más, igual es poco tiempo si se lo relaciona con el trabajo previo. ¿Cuál es la sensación cuando ve sus diseños en escena?

-Es intransferible. Es algo que te da felicidad y también te pone mal si ves que no está como querés.

-Con más de 50 años de trayectoria, y con esta cuarta presentación en el Colón, ¿es el diseñador consagrado de la Argentina?

-Me siento muy honrado de estar acá. Me encanta el teatro, lo hago con mucho amor. Mi formación me dio disciplina, y haber visto tanto sirvió muchísimo en mi trabajo. Por eso he puesto tantos cantantes y music hall en mis desfiles. La gente no solo veía los vestidos sino también el espectáculo. Estoy muy orgulloso de eso: no solamente he trabajado en la moda, sino que la he dignificado.

Fuente de la noticia (La Nacion)