El festejo de Sabatini en Roma 1988, el primero de los cuatro títulos que ganó en el Foro Itálico Fuente: Archivo – Crédito: Gentileza @puppotenis

David Sabbatini nació en septiembre de 1871 en Potenza Picena, una localidad de la región de Marche, en la Italia central, sobre el Adriático. El primero de cinco hermanos, David creció trabajando como granjero y, a fines del siglo XIX, emigró a la Argentina. Se instaló en Roldán, una porción del sur de la provincia de Santa Fe desarrollada a los pies de la vía del ferrocarril. Casado con Rosa Vivani, tuvieron tres hijos: Anna Maria (nacida en 1900), Emilio (1902) y Adele (1905). Después de algunos años de trabajo y esfuerzo, la familia Sabatini (ya escrito solo con una letra "b", como la inscribieron al ingresar en la Argentina), regresó al continente europeo, aunque no en forma completa: Emilio permaneció en Sudamérica. A los 25 años, se casó, con Rosa Pedro, y de esa unión nacieron Osvaldo Aurelio y Umberto. De adulto, Osvaldo Aurelio Sabatini contrajo matrimonio con Beatriz Garófalo y de ese amor nacieron Osvaldo Aníbal (Ova; en 1965) y Gabriela Beatriz, el 16 de mayo de 1970. Hay veces que los hechos no tienen explicaciones lógicas. Pero en otras oportunidades las situaciones suceden por algo. Gabriela Beatriz Sabatini, Gaby, una mujer que empuñando una raqueta de tenis entre los '80 y los '90 enamoró al público y hechizó con su elegancia y calidez, se encumbró como la protagonista de un cuento maravilloso en las callecitas romanas. El Foro Itálico, el mismo que por estas horas vibra por el Abierto de Italia, se transformó durante casi una década en el fuerte de una tenista que se inspiraba donde se sentía protegida. En Roma, en conexión con la tierra de sus antepasados, Gaby se energizó y se potenció como en ningún otro sitio -solo comparable, quizás, con Nueva York- y se convirtió en la protagonista de 'Gabylandia'. Cuatro veces campeona individual, dos veces finalista. Millones de fans. Todo, 110 años después del nacimiento, en Italia, de su bisabuelo.

"En Roma me pasaba algo mágico: pisaba el lugar y me cambiaba la energía. Era muy especial. No sé por qué… El pasado familiar influía, sin dudas. Cuando yo jugaba tenía tíos y primos italianos que iban a alentarme a la cancha. Era increíble", rememora, hoy, Sabatini, aceptando una suerte de viaje imaginario propuesto por LA NACIÓN. Gaby, en Roma, fue feliz y lo sigue siendo cada vez que visita la ciudad y se pierde por los viejos rincones buscando sabores, ristrettos y helados. Jugó el cuadro principal del certamen por primera vez en 1987, con 17 años, siendo la cuarta cabeza de serie y perdió la final frente a la leyenda alemana Steffi Graf (2º), por 7-5, 4-6 y 6-0. "Pero se dio algo muy especial: le gané por primera vez a Martina (Navratilova). Fue por las semifinales y también un poco raro, porque en ese mismo torneo estábamos compitiendo juntas en dobles; de hecho, ganamos el título", describe la dueña de un artístico revés de una mano. Y tiene razón, Gabriela: el match contra Navratilova, que por entonces era la número 1 del ranking, correspondió al sexto enfrentamiento entre ambas y, hasta ese momento, siempre había celebrado la zurda de origen checoslovaco.

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Año tras año, de la mano de una carrera con mucho brillo y algunas pocas sombras que se terminó apagando en 1996, la mejor tenista argentina de la historia se convirtió en un mito viviente del Foro Itálico. Campeona en 1988 al vencer en la final a la canadiense Helen Kelesi. Ganadora en 1989 tras superar a Arantxa Sánchez Vicario (España; 4º). La mejor en 1991 y 1992 luego de batir, en ambas definiciones, a la estadounidense Monica Seles (1º, en ambas finales). Se creó un mundo alrededor de Gaby. Un club de fans -que funciona hasta el día de hoy-, coloridos e ingeniosos carteles en las tribunas, presencias ilustres como las del famosísimo actor y director de cine Vittorio Gassman fueron solo algunas pinceladas que matizaban el court central del torneo (no el actual estadio central, ya que ese fue inaugurado en 2010, sino el Nicola Pietrangeli, que luce las estatuas de mármol en su periferia). "Gabriela era tan local, pero tan local, que si les preguntabas a los italianos si ella era italiana te decían todos que sí. Y hasta te peleaban si los contradecías. La adoraban. Tenía una magia de locos ahí, ella lo sentía y se ponía en un estado ideal", apunta Franco Davin, amigo y compañero de giras de Gaby desde chicos, y actual entrenador de un referente azzurro, Fabio Fognini.

Una postal del tiempo: Sabatini en Gabylandia, tal como se conocía al Abierto de Italia; aquí, vencedora sobre Monica Seles
Una postal del tiempo: Sabatini en Gabylandia, tal como se conocía al Abierto de Italia; aquí, vencedora sobre Monica Seles Fuente: Archivo – Crédito: Gentileza @puppotenis

'Reina de Roma', 'Hada', 'La novia de los romanos' eran algunos apodos que recibía Sabatini. Generalmente se alojaba en un hotel ubicado en la zona de Monte Mario, alejado del centro, pero a diez minutos en automóvil del estadio de tenis. Tenía sus rutinas, sus restaurantes, sus debilidades. Disfrutaba de las caminatas. Y la discoteca Gilda, a 400 metros de la Piazza di Spagna, fue el lugar elegido para alguno de los festejos tenísticos. "Comía, principalmente, pastas. También me gustaba mucho la pizza. Si tenía un día libre me iba a conocer algo nuevo. En el torneo, la mayoría de las veces jugaba en la cancha central, me encantaba porque tenía la particularidad de las estatuas a los costados. Eso lo hacía único. El club se parecía a uno de los nuestros, era muy cálido. Me gustaba mucho ver los partidos desde la terraza. Además hay mucha pasión allá. Las fans me esperaban en el hotel cuando salía y también en el club. Me seguían un poco, pero nunca tuve que tomar recaudos de seguridad ni nada por el estilo. Después, con los años, las fui conociendo, las saludaba a una por una. Inclusive las seguí viendo cuando dejé de jugar. Estoy muy agradecida".

Después del retiro, Sabatini se dedicó, entre otras cosas, a viajar, a conocer distintas culturas. Pero en 2003 regresó, especialmente, a Italia. El Consejo Deliberante de Potenza Picena le otorgó la condición de ciudadana honoraria. Y volvió a conectarse, a emocionarse. "Al ir al pueblo de mis antepasados entendí un montón de cosas de mi vida. De allí venía todo. Fue mágico: me recibieron con comida, mesas largas, calor, amor. Y fue una manera de volver el tiempo atrás", dice Sabatini, que hoy cumple 49 años. Radiante, como si la película de 'Gabylandia' no hubiera terminado.

Por: Sebastián TorokFuente de la noticia (La Nacion)