En "Pequeña Viena en Shangái" Silvia Plager aborda la desgarradora historia de un grupo de judíos que ante el avance del nazismo en Europa se ven obligados a huir desde Austria y Alemania a China, ocupada por las tropas japonesas, y atravesada por el flagelo del opio, la prostitución y las hambrunas.

Los hechos que cobran vida en esta ficción están anclados en 1938 cuando la familia del médico Jonas Schranz, junto a su hija Hannah y su esposa Frida, logra conseguir la visa del consulado de China en Viena y parten por mar rumbo a Shangái.
En el Conte Rosso, barco que abordan en las costas italianas, conocerán al alemán Otto Poleman, que viaja con sus sobrinas cuyos padres fueron asesinados por los nazis, y al sueco Henning Mankel, hijo de un ingeniero que se traslada a Oriente para hacer negocios con la venta de armas.
La obra transita por historias de amor, pasión y muerte que se conjugan en la lucha por sobrevivir en un territorio desconocido y distante de los hábitos occidentales, que derivan en un choque cultural, muy bien plasmado por Plager, autora de además de "El cuarto violeta", "Boleros que matan", "La rabina" y "Las mujeres ocultas del Greco", entre otras obras.
"Aspiraba a lograr una novela coral donde se escuchara lo que pensaba un chino, un mandatario nazi, un médico italiano no judío que se queda en Shangái al enamorarse de una joven, o una joven alemana que se enamora de un chino", explicó Plager a Télam acerca de la obra, editada por Plaza y Janés.
– Télam: ¿Cómo surgió esta novela?
– Silvia Plager: Una amiga que viajó a Shangái me dijo que tenía que escribir sobre los judíos exiliados en China, y cuando me puse a investigar realmente me pareció una historia fascinante, porque hubo de 30 a 40.000 austríacos y alemanes que salvaron sus vidas gracias a un cónsul chino que les dio el visado para ir a Shangái, cuando ya estaban cerradas las puertas para los judíos en otros países. En ese momento vivir en Shangái era un gran desafío: era un lugar de terribles contrastes debido a los fumaderos de opio, la gran cantidad de prostíbulos, sumado a la ocupación japonesa, la lucha interna entre Mao Tse Tung y Chianf Kai Shek, en el entorno de la Segunda Guerra Mundial.
– T: ¿En qué medida su historia personal la llevó a escribir este libro?
– S.P.: Me metí en esta historia cuando pensé que como descendiente de judíos podría haber nacido en Shangái. Mis abuelos y tíos polacos por parte de mi padre fueron asesinados. Mi mamá era alemana, llegó a la Argentina cuando tenía 17 años y me tuvo a mí cuando tenía casi 30. Entonces me puse a pensar: si mi madre, nacida en 1912, hubiera nacido más tarde, yo podría haber sido como la joven protagonista y así me fui metiendo en la historia.
T: ¿Cómo fue el proceso de construcción de esta novela en la que se juegan detalles muy precisos de un país y una época muy puntuales?
– S.P.: Estuve leyendo durante un año libros sobre los judíos en ese país y sobre el contexto histórico, porque no me puedo poner a escribir una novela si no se qué se comía en ese momento o cuál era el contexto histórico. Las personas que llegaron en barco desde Italia eran músicos, médicos o científicos y para crear clima tenía que imaginar sus reacciones si les ofrecían una verdura que les sabía algo cruda, o tallos de bambú. Debía saber que a los cadáveres los tiraban en el río, o que la gente envolvía los cadáveres de los niños en papeles de diario que eran recogidos por la carreta de la muerte. O que los judíos que llegaban y no tenían recursos aceptaban los trabajos más aberrantes al igual que los chinos pobres.
Fuente de la noticia (Telam)