Bielsa sacó del letargo al Leeds , un equipo olvidado. No se filtraba entre los seis primeros del Championship desde 2006. Pero no ganó nada. Otra vez no ganó nada. Hace 15 años que no gana nada. El "especialista en fracasos", como supo autoflagelarse. Al eterno perdedor le arde la deuda emocional. Sufre la decepción, pero no la íntima, sino el irreparable dolor que desata el sueño popular hecho añicos. "Los que pasamos por el fútbol, creemos que la recompensa solo está en los títulos y en el dinero, lo que es cierto, pero hay un tercer elemento, de un valor incalculable, que no está relacionados con el dinero y con los títulos: la capacidad de generar emociones que establezcan un vínculo entre el equipo y la afición. Si uno ganara títulos y no pudiera disfrutar de ese puente, este oficio no valdría la pena. Lo ideal es emoción, títulos y honorarios. Si solamente pudiera elegir una de las 3 cosas, elegiría las emociones, porque son las insustituibles". Ahora llora Leeds.

Bielsa no gana en ningún lado. Ni en España, ni en Francia ni en Inglaterra. Apasionado, preparó con minuciosidad su desembarco en Leeds y activó la esperanza. Como ocurre en cada lugar que aterriza, se creó un culto alrededor suyo. Sus métodos y sus palabras, una vez más, revolucionaron a un club. Pero perdió; la proximidad del abismo otra vez fue un encantamiento de serpientes. Un punto sin retorno donde el liderazgo colapsa, pero como siempre, no habrá excusas, coartadas ni justificaciones. Quijotesco, sin dudas, otra vez quedará expuesto. Conoce como nadie esa mecánica. "El método, el estilo y el sistema es bueno si ganamos. Y si perdemos es malo. Y ustedes actúan con esa lógica, que es la de los seres humanos. Durante un período próspero todas las evaluaciones son a favor y se exaltan los mismos valores que hoy se rechazan", dijo ayer y vale ahora. "Tengo claramente visualizado que en los procesos negativos todos te abandonan. Los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal y en la derrota hace que seamos malolientes", explicó ayer y vale ahora.

Hace algunas semanas, consultado por LA NACION si tendría algún reproche para hacerle a su hermano, Rafael respondió, casi redactando en el aire: "Hermano del alma, es demasiado sufrir tanto. También hay una cuota de felicidad que te merecés largamente, largamente. En la convicción de que no cualquiera está en condiciones de aceptar una hogaza de felicidad, la felicidad no es para todos. El mío no sería un reproche, solo le diría 'decime cuál es el diccionario al que debo recurrir para traducir lo que hacés y poder hablarte en ese lenguaje para disuadirte de que sufras tanto'. A nadie que ama al otro le resulta indiferente el sufrimiento del amado. Eso solo". Ahí va Bielsa, el perdedor serial. Entre tanto canibalismo resultadista, ya no le teme a la derrota. Lo asfixia el desengaño.

Por: Cristian GrossoFuente de la noticia (La Nacion)