Lizy festejó su buen momento en pantalla Crédito: gentileza Telefe

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"No lo puedo creer. Soplamos las velitas y hasta me trajeron flores. Parecía el festejo de los 30 años de Susana", le dice Lizy Tagliani a LA NACION luego de la emisión número 50 de El precio justo, el formato internacional que conduce por la pantalla de Telefe, de lunes a viernes a las 11.30. "No me quería emocionar, ni poner triste. Yo tengo que devolverle alegría a la gente, ya voy a tener tiempo para emocionarme en soledad. Hoy, una señora del público llegó desde tan lejos que tuvo que salir de su casa a las cinco de la mañana. Ante eso, no tengo derecho a ponerme triste sino a darle alegría a toda esa gente".

La irrupción de Tagliani en los medios no pasó inadvertida. En poco tiempo dio pasos certeros que la convirtieron en un personaje popular. Sin abandonar su oficio de peluquera, se fue acercando al mundo del espectáculo a puro ensayo y error. Lo hizo todo. Podría decirse que su presente la encuentra cosechando esa siembra incesante. El precio justo arrancó con el pie derecho y se consolidó con excelentes mediciones de audiencia. Además, Lizy integra el staff de El Club del Moro, el programa radial de Santiago del Moro por La 100, y protagoniza su espectáculo teatral Una chica diferente. Con buen ojo, el productor Gustavo Yankelevich es quien conduce la carrera de la actriz y conductora: "Me da vergüenza decir que es mi manager. Él me maneja todo. Menos la vida personal, todo hay que manejarlo con él". Yankelevich, además, está a la búsqueda de algún nuevo material teatral para su representada.

-Sos una primera figura de Telefe, conducís tu propio programa. ¿Cómo se vive todo eso?

-Cada día lo vivo como una nueva experiencia, con la expectativa de qué sucederá. Lo paso muy bien haciendo el programa. Me gusta el ritual de maquillarme, ingresar al estudio veinte minutos antes de salir al aire y bromear con los técnicos. Estoy muy contenta. Aún recuerdo cuando ensayaba los juegos con cartulinas. Hasta Verónica Lozano, con su hija Antonia, y los chicos de su programa me hicieron de público para practicar.

El domingo próximo, a las 20.30, conducirá la emisión especial de El precio justo con invitados famosos dispuestos a jugar. La ampliación del formato habla de la buena repercusión en la audiencia y de la solidificación de la animadora en su nuevo rol estelar.

La humorista celebró los 50 programas de El precio justo y dialogó con LA NACION sobre los desafíos que enfrenta como representante del colectivo trans
La humorista celebró los 50 programas de El precio justo y dialogó con LA NACION sobre los desafíos que enfrenta como representante del colectivo trans Fuente: Archivo

-El programa se sostiene en el vínculo con el televidente, pero también en la relación con el público presente en el set. Esa cercanía, ¿estimula tu trabajo y la posibilidad de hacer humor desde la animación?

-Me fascina la comunicación con la gente. Vivo con gran alegría hacer un programa en el horario del almuerzo, en el canal de la familia. No puedo creer tener el contacto que tengo con los chicos que me envían sus dibujitos con mucho amor. Es muy fuerte porque significa que me admiran, que me tienen de heroína. Y que tienen padres que les permiten eso. Es muy groso. Me emociona todo lo logrado.

-Tu rol al frente del programa es todo un mensaje de inclusión.

-Hace poco hubo una reunión organizada por Viacom donde se dijo que uno de los pilares que se quiere transmitir es el de la inclusión. Cuando terminé de hablar ante ejecutivos y gente muy creativa, me aplaudieron. Eso me puso muy contenta. Aunque tengo bien claro, porque me lo inculcó mi mamá, que no soy ni más ni menos que nadie.

-Para las chicas trans es todo un camino aspiracional el que vos transitás…

-Más de una vez, cuando salgo del canal, me encuentro con actrices trans que vienen a dar un casting para diversos papeles. Ya dejó de ser algo payasesco o que se busque a las chicas para ridiculizarlas. Ahora se llama a un casting de actrices y es común que haya una chica trans. Las chicas trans, que me ven al mediodía en Telefe, se sienten animadas a conseguir nuevos roles.

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-¿Considerás que la sociedad está evolucionada en cuanto a estas cuestiones?

-Desde los 13 años que soy una chica trans y, a los 18 tuve mi primer trabajo. Siento que yo misma derribé prejuicios y tabúes que existían. Todo lo hice por voluntad propia. Pero, no todo el mundo tiene la posibilidad. Y no hablo solo de las chicas trans. No todos cuentan con el apoyo de los padres. En muchas familias se decreta que tienen que hacer los hijos. No fue mi caso. Para mí, la familia es el colchón donde uno vuelve a tomar energía para salir adelante.

-Susana Giménez es la gran estrella del canal. A partir de tu nuevo rol, ¿resulta inspiradora su figura?

-Tengo mucho de Susana. No hay mariquita que no quiera ser Susana; cualquier chica trans de mi generación tiene incorporada a Susana, a Moria Casán o a Valeria Lynch. No caímos de Júpiter, tenemos esa influencia.

-El formato que conducís apela a la valoración de diversos productos, un tema complejo en un país como Argentina con alta inflación. ¿Cómo evaluás la situación actual?

-Desde que tengo uso de razón veo gente que la pasa mal y algunos a los que les va muy bien. Hay mucha gente que no llega a fin de mes y los alimentos están muy caros. Pero también veo cosas que se hacen. Es como que observo las dos caras. A mí lo que no me gusta es cuando escucho testimonios de gente que dice: "Hoy no puedo pagar la luz" y se trata de personas que tienen un buen pasar. Es una burla al que nunca pudo pagar la luz, al que nunca pudo salir de su sueldo mínimo. Yo tuve la posibilidad de trascender el sueldo mínimo, de tener una buena paga. Entonces no puedo quejarme, el que se tiene que quejar es el que no tiene nada.

Por: Pablo MascareñoFuente de la noticia (La Nacion)