Faltaban poco más de cuatro meses para que Google empezara a cotizar en la bolsa de valores (con el símbolo GOOG, en Nasdaq), cuando lanzaron Gmail. La oferta era tan excesivamente generosa, que muchos pensaron que, dada la fecha (1° de abril), era una broma del April Fools' Day, equivalente del Día de los Inocentes.

Mientras sus competidores más poderosos, Hotmail -que estaba en manos de Microsoft desde 1997- y Yahoo! -que había adquirido RocketMail también en 1997 y lo había rebautizado Yahoo! Mail-, ponían a disposición de sus usuarios casillas de 5 megabytes, Google pateó el tablero con 1 gigabyte de almacenamiento; 200 veces más que lo que se ofrecía por entonces en el mercado. Simplemente, no podía ser. Más aún, las casillas de los proveedores de Internet, que eran un tipo de correo muy usado en aquella época, te daban 2 megabytes. Hoy, la foto que sacás con el celular es casi el doble que eso.

Pero no se trató de ninguna broma y cuando empecé a probar el servicio, al que se accedía por invitación, me di cuenta de que los muchachos de Mountain View tenían toda la intención de apostar fuerte y que iban por todo. Para ponerlo en perspectiva, en el contexto de la época Gmail era como comprar una Ferrari F60 por el precio de un sedan modesto. Solo que, además, era gratis.

Los datos como moneda de cambio

Bueno, en realidad, y como aprenderíamos a golpes en los años siguientes, ningún servicio de Internet es gratis en realidad; no pagamos con dinero, es cierto, pero sí con nuestros datos privados.

Así pues, Gmail resultó un alfil clave en la agresiva estrategia de Google para quedarse con (casi) toda Internet. Entrelazado con Maps (2005), el Calendario y los Docs (2006), y nada menos que con su propio navegador (Chrome, de 2008; hoy el más usado del mundo), nos guste o no, la compañía fundada por Sergey Brin y Larry Page está en prácticamente en todas nuestras actividades, y han explotado comercialmente esta condición hasta convertirse en una de las compañías no solo más ricas, sino también más poderosas del mundo. A los mencionados arriba hay que añadir, claro, Drive, Android y YouTube, entre otros.

Volviendo al webmail, pese que llegó último al negocio, Google se quedó con la parte del león. Outlook.com, sucesor de Hotmail, tiene hoy 400 millones de usuarios. Yahoo! Mail, 225 millones. Gmail, 1500 millones. Esto demuestra que hay un lema bastante simple, pero ineludible, en esta industria. Si pegás primero, ganás. A menos que te quedes dormido. Fue exactamente lo que les pasó a Yahoo! y a Microsoft con el webmail. Estaban en la cima y se durmieron en los laureles. Como Nokia y Motorola con el iPhone en 2007. Los ejemplos abundan.

El cartero y los tulipanes

Algunos detalles de aquella época son, como mínimo, sorprendentes. En 2001 había empezado a circular la idea de que el correo electrónico estaba obsoleto y que iba camino de desaparecer. En una reunión, aquí en el diario, sostuve, para ponerlo en palabras pulidas, que eso era una tontería. Tres años más tarde, nacía Gmail. Dieciocho años después el mail, pese a WhatsApp y otra larga lista de mensajeros, sigue gozando de excelente salud. Hay motivos, que analicé la semana última en este mismo espacio.

A todo esto, Google, que desde 2000 -aunque salteándose 2001 y 2003- siempre hace anuncios estrafalarios y del todo espurios para celebrar el April Fools' Day, aquél 1° de abril de 2004, aparte de anunciar Gmail, dio a conocer la noticia de que estaba reclutando empleados para ir a trabajar a la Luna. El lunes último informó que había creado un sistema para hablar con los tulipanes. En serio. El sitio Engadget la eligió como la mejor broma de esta temporada.

Novedades, pero de a poco

En ocasión de su aniversario, se divulgaron una serie de cambios en Gmail; no son nuevos, sino que los han venido trabajando desde el año último. No van a estar todos disponibles en todas las regiones al mismo tiempo, como es normal, pero al menos una de estas funciones ya apareció en mi cuenta, aunque no en todas mis máquinas. En Chrome de 64 bits para Linux, sí. En un Chrome de 32 bits para Windows, también. Pero en el Windows 10 de 64 bits de la máquina que más uso en casa, no.

Me refiero a una suerte de autocompletado que va proponiendo las siguientes palabras de una forma bastante adecuada. El martes, por ejemplo, le envié a alguien una captura de pantalla, y tan pronto escribí "captura", Gmail añadió "de pantalla". ¿Le sugerirá a un agente de la ley "captura recomendada"? No lo sé, pero en general desactivo estos mecanismos (en LibreOffice, en el teléfono y, ahora, en Gmail). Hay cosas que prefiero hacer por las mías. Ya saben lo enojosos que pueden ser el autocorrector y los textos automatizados. Y casi ni hace falta decir que esta precisión significa que hay algoritmos analizando la forma en que escribimos, y cuanto más escribimos, más pueden predecir lo que sigue. Da escalofríos.

La otra función (no la encontré implementada aún en ninguna de mis máquinas) es el envío programado de los mails; por ejemplo, para ajustarse mejor a los husos horarios o cuestiones de agenda del destinatario.

Hay una tercera función, que, por ejemplo, hace posible responder un comentario en Docs directamente desde un mail. Los que usan Docs (no es mi caso) quizás encuentren útil esta característica.

De los avances que se suponía que ofrecería el difunto Inbox y que han ido incorporando a Gmail, el que hasta ahora me dio más resultado es el que te recuerda que un interlocutor frecuente te escribió un mensaje y vos no contestaste. Cosa que me ocurre a menudo. Pido disculpas por eso, pero es que recibo entre 2300 y 2500 mensajes por semana en cada una de mis dos cuentas de trabajo, la del del diario y la de Gmail. Sí, eso suma 20.000 mails al mes. Y decían que iba a desaparecer. #Facepalm

La tercera ola

Pese a su agresividad, Google no pudo subirse a la ola social de Internet, inaugurada por un sitio casi siempre ignorado, SixDegrees.com, que estuvo en línea entre 1997 y 2000, y al que le siguieron Friendster y LinkedIn, en 2002; MySpace, en 2003, y Facebook, en 2004.

Así que el mismo año en que nacía uno de sus productos estrella y empezaba a cotizar en la bolsa de valores, aparecía, al principio solo disponible para los alumnos de la Universidad de Harvard, la compañía que se quedaría con el concepto de red social y se convertiría en uno de los principales dolores de cabeza para el buscador. Porque en esta industria, como advertía Heráclito, la única constante es el cambio.

Por: Ariel TorresFuente de la noticia (La Nacion)