Entre el Super Rugby y el Mundial, los equipos buscan la fórmula mágica

Tomás Lezana, uno de los siete Jaguares que el sábado, en Johannesburgo, jugaron por primera vez en la temporada Crédito: Christian Kotze

La única vez que Crusaders falló en clasificarse a los playoffs en los últimos 17 años fue en 2015. Ese equipo, no obstante, fue la base de los All Blacks que ganaría de manera inapelable el Mundial. Nada menos que 10 jugadores del equipo de Christchurch estuvieron bajo las órdenes de Steve Hansen en Inglaterra, entre los que se cuentan a Dan Carter, Richie McCaw y Kieran Read.

Es sólo una muestra que por sí sola no alcanza a ser concluyente, pero alcanza para plasmar que en un año mundialista todo queda supeditado al gran evento. (Otra: 2011 y 2015 fueron las únicas veces en nueve años que Australia destronó a Nueva Zelanda del Tri-Nations/Rugby Championship; los All Blacks se vengarían en el Mundial.)

El Super Rugby 2019 ya atravesó la cuarta parte y, si hasta aquí la única tendencia es el favoritismo del bicampeón Crusaders en un marco general de paridad e incertidumbre, es un fenómeno que debe atribuírsele principalmente a la presencia de Japón 2019 al final del camino.

La particular situación sui generis de Jaguares es algo en lo que ya se gastó tinta: el equipo coincide casi en su totalidad con el seleccionado nacional y debe apelar a una alquimia casi mágica para encontrar un balance entre competitividad y rotación. Lo pagó el sábado al cambiar 11 piezas de un partido a otro y decantó en la peor actuación en más de un año, la derrota 47-39 ante Lions.

Aunque en contextos diferentes, las franquicias de los demás países también ven alterado su funcionamiento debido al Mundial. Cada una con su idiosincrasia, sus necesidades y su grado de ascendencia al seleccionado.

Nueva Zelanda es, acaso, el país que mejor tiene aceitado todo su funcionamiento en favor del seleccionado nacional. Desde las academias a las uniones provinciales, todo está apuntado a contribuir al éxito de los All Blacks. Por pedido de Hansen, los cinco equipos del Super Rugby acordaron emplear a los jugadores del seleccionado por un máximo de 180 minutos en los primeros tres partidos. "Fue todo un desafío. Me costó algunas pastillas para dormir", aceptó John Plumtree, entrenador de Hurricanes. "Pero es igual de difícil para todos. Lo acatamos", agregó.

Al menos Hurricanes arrancó con tres victorias y una derrota. Distinta suerte arrastra Chiefs, que acumula cuatro derrotas, incluida una histórica ante Sunwolves: fue la primera vez que el equipo japonés venció a uno de Nueva Zelanda. "Particularmente este año, el Mundial es importante para el país, para el rugby de acá. Y todos somos gente de rugby, queremos lo mejor para los jugadores aunque sea difícil manejarlo en el Super Rugby", aceptó Colin Cooper, el entrenador del equipo de Waikato, próximo visitante de Jaguares a su regreso de la gira por Sudáfrica, el sábado 30.

A Cooper no le quedó otra que "romper" con la regla. Por una lesión de otro segunda línea, Broadie Retallick, capitán de Chiefs y uno de los estandartes de All Blacks, jugó 186 minutos en los primeros tres partidos, pese a que salió en el entretiempo del tercer encuentro.

Los equipos neocelandeses, que en los últimos dos años dominaron el Super Rugby casi a voluntad, ya sufrieron derrotas ante equipos de los otros cuatro países participantes: Sunwolves, Brumbies, Jaguares y Sharks.

El caso de los sudafricanos es similar. Aunque no se conocieron pormenores del arreglo, se supo que Rassie Erasmus, entrenador de Springboks y director de Rugby de la Unión Sudafricana, se reunió con los entrenadores de las cuatro franquicias y acordaron regular las cargas de los jugadores del seleccionado.

"Hay un plan para los jugadores contratados que se acordó con los entrenadores de cada franquicia, que van a monitorear las cargas de cada uno y van a disponer quiénes y cuándo vamos a descansar", explicó Warren Whiteley, capitán de Lions y octavo de Springboks que se vio obligado a permanecer inactivo a la fuerza, ya que se lesionó en la segunda fecha.

Discusiones aseguradas

El sábado pasado en Ellis Park, Lions presentó ante Jaguares un equipo totalmente distinto al que había alineado en la primera fecha en Vélez. Bulls, en cambio, repitió casi la misma formación en las cuatro fechas y lidera la conferencia. "Para ser honestos, es una situación difícil", admitió su entrenador Pote Human. "Nuestro plan era sacarnos los primeros cuatro partidos de encima. Después veremos cómo hacemos descansar a jugadores como Handré Pollard, Duane Vermeulen y Schalk Brits. Tenemos un acuerdo con Erasmus y SA Rugby. Lo vamos a aplicar cuando sea posible".

En Australia, la situación es más álgida. Allí también hay un acuerdo de dosificar las cargas de los jugadores. Por ejemplo, Kurtley Beale no fue incluido en el debut de Waratahs. "Beale fue el que más jugó en 2018. Esto nos permite manejar sus cargas. Es un nuevo enfoque de la Unión Australiana de cara al Mundial", justificó el entrenador Darryl Gisbson.

No obstante, varios equipos no ocultaron su enojo cuando recibieron a jugadores vitales lesionados de una concentración de 10 días con la que Cheika inició el año en enero. David Pocock, Adam Coleman, Dane Haylett-Petty y Nick Phipps retornaron a sus respectivas franquicias con dolencias menores que les impidieron completar la preparación de manera ideal. Y habrá más concentraciones a lo largo del año. Y con ello, más polémica. Es año de Mundial, y nadie tiene la fórmula para llegar de la mejor manera.

Fuente de la noticia (La Nacion)