La huella de Sir Murray, el caballero de la raqueta

Andy Murray empieza a despedirse del circuito. Y el mundo de las raquetas se sacude, triste por las lágrimas que el exnúmero 1 del mundo no pudo evitar en un instante conmovedor. Lo que parecía una conferencia de prensa de rutina en Melbourne se convirtió en un impacto enorme para el tenis mundial.

El adiós de Murray, que llegará en este Abierto de Australia, o en Wimbledon, si el físico se lo permite, marca también el epílogo de lo que muchas veces se llamó el Big Four, el grupo de astros integrado por Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic, y Murray. A través de los años, quedó claro que el escocés no consiguió igualar, al menos en cantidad de hazañas, a los otros tres. Pero, a su modo, consiguió hacerse un espacio con números valiosos: 45 títulos (14 de la serie Masters 1000), tres coronas de Grand Slam, incluidos dos Wimbledon, dos oros olímpicos (Londres 2012 y Río 2016), una Copa Davis, y 41 semanas como número 1 del mundo. Cifras que pueden parecer poco al lado de los otros tres consagrados, pero es una enormidad para el resto de los habitantes del planeta tenis.

Apenas se conoció el anuncio del retiro, decenas de colegas le expresaron su apoyo a Murray. El británico es muy querido dentro del vestuario por su carácter respetuoso, por un fino sentido del humor, y también dentro del WTA Tour por su defensa activa y constante del tenis femenino. Judy, su madre y profesora de tenis, supo inculcarle esos valores, además del amor por este deporte. Sus primeros años estuvieron marcados por la tragedia: cuando tenía ocho años, en 1996, un perturbado mató a 15 niños y a un profesor en la escuela primaria a la que concurría. El pequeño Andy estaba en el colegio en aquel terrible momento y quedó traumatizado durante años.

Sin tener el tenis de ballet de Federer, ni la mentalidad de acero de Nadal, ni la elasticidad de Djokovic, y sin embargo se las arregló para exhibir talento y una capacidad estratégica asombrosa, con capacidad para recuperarse de diversas adversidades. Cuando los títulos mayores se le negaban -perdió sus primeras cuatro finales de Grand Slam-, no dudó en acudir al consejo de un histórico como Ivan Lendl, que lo ayudó a destrabar el conflicto interno.

Tanto avanzó en ese sentido que el 7 de julio de 2013 consiguió la mayor hazaña de su carrera: conquistar Wimbledon y quebrar el hechizo de 77 años sin triunfos de un varón británico en los singles en el All England. Cuando lo logró, a expensas de Djokovic, miles de espectadores recibió una larga ovación de pie en la Catedral, en ese court central que es la cuna y la cumbre del tenis, mientras Murray miraba desafiante a sus eternos críticos, aquellos para los que era "británico" en los buenos momentos, y "escocés" en las derrotas. Ya no habría ni habrá más sarcasmos. Murray cargó sobre sus hombros la presión de ser campeón, y llevó al tenis británico a lo más alto. Sus logros le permitieron ser nombrado "Sir". Pero su huella ha sido más profunda. "Andy, tu voz en favor de la igualdad de derechos será una inspiración para las próximas generaciones. Eres un campeón dentro y fuera de los courts". Fue el mensaje que le dejó Billie Jean King, una leyenda viva que bastante sabe de grandeza en el deporte. A su manera, Murray también se ganó su lugar entre los históricos.

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