Una concentración diferente: la cábala de Boca para la final ante River por la Copa Libertadores

Pablo Pérez y Lisandro Magallán, a las puertas de la gran definición Crédito: @BocaJrsOficial

Los jugadores de Boca caminan los pasillos de un lugar nada habitual para ellos. Lo observan, intentan estar encima de cada detalle para conocerlo completamente. Para intentar contagiarse de esa mística indudable que predominó ese espacio a comienzos de la década pasada. Porque no falta la persona cercana al plantel que acota por lo bajo y sonriente, inundándose de recuerdos: "Acá festejamos muchos títulos".

El Hotel Madero es el lugar elegido por el xeneize para descansar y unirse en la previa de cada partido, desde hace años. De hecho, se esperaba que las horas de tensión antes de enfrentar a River, por la primera final de la Copa Libertadores, transcurrieran instalados en ese edificio de Puerto Madero. La zona no cambió, pero sí debieron situarse a unas cuadras de distancia. Un poco por obligación y otro poco por gustos, el Boca de Guillermo Barros Schelotto se concentró en el Hotel Intercontinental, ese búnker que guarda los mayores festejos de una época dorada de la cual el propio Mellizo fue parte.

Esta edición de la Copa Libertadores , que terminará siendo inolvidable cualquiera sea el resultado final, pareció rememorar ciertos momentos imborrables para el Mundo Boca. El 5-0 a Alianza Lima para cerrar la fase de grupos, similar a como lo había hecho ante Bolívar (7-0) en la Copa que ganó el club en 2007; el pase entre líneas de Pablo Pérez para la definición de Mauro Zárate -con los tres dedos de su pie derecho- ante Cruzeiro, una jugada que trajo a la cabeza los tiempos de Juan Román Riquelme y Marcelo Delgado; el "retorno" del mejor Darío Benedetto en la primera semifinal ante Palmeiras, con un giro lúcido y un remate esquinado con el que le hizo un homenaje a Martín Palermo y su recordado gol al Millonario, en el certamen continental del 2000.

Boca ultima detalles para un doble duelo que quedará en la historia
Boca ultima detalles para un doble duelo que quedará en la historia Crédito: @BocaJrsOficial

Boca parece no querer escaparse de eso y prefiere sumarle cosas. Como es el caso de este repentino cambio de hotel. Pero, ¿por qué se produjo? Teniendo en cuenta que hace tiempo estaba previsto que tuviese que jugar este fin de semana en San Juan -ante San Martín-, en el Hotel Madero no contaban con la necesidad azul y oro. Por ende, las reservas se completaron y la posibilidad de que el plantel ingresara el jueves (ayer), tal como lo exigía el cuerpo técnico, era nula. Entonces, la solución fue inmediata y unánime: había que instalarse en el Intercontinental, lugar en el que el Boca de Carlos Bianchi se preparó para luego festejar las Libertadores del 2000, 2001 y 2003.

Cercanos al plantel adjudican la decisión principalmente a ese factor que no pudieron evitar, pero no niegan que también aquello está combinado con una pizca de cábala: "Es un hotel amigo, que trae buenos recuerdos", dicen. El propio Guillermo sabe muy bien a lo que se refieren, ya que fue parte de ese trío de consagraciones siendo dirigido por el Virrey.

Poco después de haber conseguido la clasificación en San Pablo, y con la certeza de de que la definición de la Copa sería ante el clásico rival, tanto él como sus jugadores tomaron decisiones diferentes pero que tienen absoluta relación. Por un lado, Barros Schelotto decidió que la concentración comenzara dos días antes, algo que no ocurrió las otras veces que a Boca le tocó jugar un sábado. Por eso, las conferencias de prensa de esta semana se dieron con antelación y casi juntas: querían enfocarse y relajarse lo más pronto posible.

Por eso es que también sus dirigidos fueron terminantes: ninguno de ellos dio entrevistas individuales, una determinación tomada por el grupo para aislarse del trascendental partido, tener más tiempo con sus familias y para que ninguna palabra de más se escapara.

Se verá cómo termina esta historia. Lo cierto es que en Boca apuestan a la mística del Hotel Intercontinental para absorber las energías de una época gloriosa.

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