Un director argentino le pone su impronta al musical madrileño

Federico Barrios vive en España desde hace 19 años y actualmente dirige la descomunal versión nueva de West Side Story; antes había trabajado en otra famosa comedia musical: Cabaret

Laura Ventura SEGUIR

MADRID.- Fila siete, asiento siete. 14 de enero de 1992. Ese día su cabeza hizo clic. Asistió a una función de Drácula, el musical, en el Luna Park. La precisión es uno de los rasgos sobresalientes de Federico Barrios, reconocido coreógrafo y director de musicales. El 31 de julio de 2017, antes de comenzar sus vacaciones y de conducir solo en su auto por la autovía que va desde Madrid hacia Valencia, cumplió un sueño: sería el director de la colosal versión española de West Side Story ( Amor sin barreras).

Barrios recuerda su infancia en Caballito y su visita diaria al videoclub luego de la escuela, allí donde alquilaba dos películas diarias: una la veía solo y la segunda, con su mamá cuando ella llegaba del trabajo. El cine, Spielberg y algunas narraciones de misterio protagonizadas por personajes inspirados en sus compañeros alimentaron esa creatividad. A veces, por pudor a las miradas indiscretas de los vecinos, cerraba las cortinas y bajaba las persianas para ingresar en su mundo mágico. Allí cantaba y bailaba temas de musicales, como los de La novicia rebelde, una de sus historias favoritas que, algunas décadas después, terminaría dirigiendo sus coreografías en una puesta en plena Gran Vía madrileña.

Con el sueldo de su primer trabajo, en la imprenta de su tío, compró la entrada del musical de Pepe Cibrián Campoy y Ángel Mahler. Poco después comenzó a estudiar con el primero y, al poco tiempo, lo convocó para presenciar el ensayo de una obra en preproducción, David, el rey. Así se incorporaba Barrios al universo de Cibrián y se sumaría luego a la gira nacional de El jorobado de París, donde compartía escenas con una compañera muy histriónica y versátil a la que le pedían que imitara a los demás, una tal Fátima Florez. Más tarde vino Mi bella dama, dirigida por Mick Gordon, donde compartió el escenario con Paola Krum, Víctor Laplace, Pepe Soriano, Aída Luz y Juan Manuel Tenuta. Era el más pequeño del elenco e invirtió aquel sueldo en clases de jazz, de danza clásica, canto y otras disciplinas. Su carrera profesional despegaba hasta que dejó todo por amor y se fue a España en 2000, antes de que el país volara por los aires.

En Madrid, Barrios consiguió un papel en En tu fiesta me colé, la versión infantil de ese suceso que fue Hoy no me puedo levantar, el musical inspirado en la mítica banda pop Mecano. Pero incluso antes de estrenar, la producción hizo cambios en el elenco y le dio un rol en la versión para el público adulto, en el Teatro Rialto de Gran Vía. Fueron nueve años de salas llenas: "Levantaba pasiones donde íbamos", recuerda Barrios, quien sorprendió al público en una función donde apareció junto a Ana Torroja, la vocalista del grupo.

Luego fue el turno de Cabaret, de Masteroff, Kander y Ebb, que estuvo varias temporadas en cartelera, tanto en Madrid, como en una gira española, como en Barcelona. Barrios fue primer coreógrafo de este espectáculo y, luego, asumió como director asociado.

El verano pasado, tras casi tres años de Cabaret, le comunicaron que estaría a cargo, en la dirección general, de la versión española de West Side Story. "Sabía muy bien cómo quería contar esta historia y qué sentimientos tenían los personajes, porque hay una parte que tiene que ver con mi propia vida. Los guetos se van armando entre inmigrantes, pero tiene que ver con los miedos de perder tus raíces. A mí me pasó. Hasta que entré en No me puedo levantar, mi entorno era solo argentino. En West Side Story, todos los personajes luchan contra el miedo y su objetivo es buscar la libertad de poder elegir dónde quieren vivir, a quién quieren amar". La orquesta de veinte músicos de esta versión, con partituras de Leonard Bernstein, está a cargo del maestro argentino Gaby Goldman.

Durante casi un año, Barrios se dedicó a analizar en soledad este Romeo y Julieta ambientado en el Nueva York de mediados de los cincuenta, una versión de esta tragedia que quedó inmortalizada con la película de 1961 que arrasó con los Oscar. "Empecé los ensayos sabiendo bien qué quería contar, cómo y cómo transmitírselos a los actores. Ensayábamos seis horas y media por la mañana, y seis horas y media por la tarde durante más de un mes". Analizó la versión original palabra por palabra, estudió a cada personaje por separado y, luego, junto a los actores en talleres donde llevaron a cabo constelaciones familiares -una terapia casi desconocida en España- ("para que el actor pueda, además de poner el cuerpo, descubrir de dónde viene y hacia dónde va su personaje"), así como en talleres con el clásico original del bardo inglés.

"La obra te ata a unos personajes y una historia muy conocidos. Porque el público ya conoce las canciones y las coreografías. ¿Dónde podía estar la sorpresa siendo fiel a todos los elementos? En el modo de contar la historia y con un cuidado en la interpretación. Además, conozco la historia como inmigrante, más de lo que puede contar el libreto. Y confié en eso", asegura Barrios en el lobby de un hotel de la calle Gran Vía. Mientras lo explica, un colectivo a sus espaldas avanza sobre la avenida anunciando en su carrocería el gran estreno de la temporada, el mismo al que este artista le ha impreso su estilo y su alma.

Por: Laura VenturaFuente de la noticia

Comentarios