River-Boca: cómo los jugadores podrán manejar el estrés de una final nunca vista

Enzo Pérez y Edwin Cardona discuten durante el último superclásico disputado en Boca Fuente: LA NACION – Crédito: Daniel Jayo

Paralizar, atemorizar, asfixiar, dañar. Todo ello y más pueden provocar la presión y el estrés. Una definición extraordinaria, inédita y con un sinfín de condimentos como la de la Copa Libertadores que sostendrán Boca y River entra un perímetro que hasta puede resultar insano, ya que acarrea cuestiones periféricas que van mucho más allá de lo que se observa dentro de un campo de juego. Los protagonistas cargan con una gran responsabilidad -potenciada en un país pasional hasta el extremo como la Argentina- y aquellos que logren domar el estrés serán fundamentales para el desarrollo de los partidos que resolverán al campeón de América. Ambos clubes, gigantes del continente, cuentan con especialistas en psicología que, durante estos días, poseen más carga laboral que nunca, intentando perfeccionar sus herramientas para tratar de que los futbolistas fluyan en la cancha y no sean un manojo de nervios.

Según un estudio publicado por la University College de Londres en 2016, el cerebro de un deportista de alta competencia puede reaccionar un 10% más rápido en situaciones de presión que el de una persona que no practica deporte y la precisión de su memoria puede superar el 20%. Sin embargo, esa estadística no significa que los deportistas no se sientan afectados por el temor al fracaso, por el peligro a la derrota, por el temblor interno ante la oportunidad de defraudar tantas expectativas.

"Hay dos tipos de presiones básicas: las internas y las externas. Estas últimas tienen que ver con los medios, la opinión pública, las expectativas que se generan alrededor del jugador, incluidas sus familias. En las internas están los desafíos propios del jugador, las ganas de quedar en la historia, el fanatismo por los colores que defienden, ya que muchos son hinchas de River o Boca. Y lo que va a definir el rendimiento será la fortaleza del grupo. La unión de los jugadores, del cuerpo técnico y de todos los que integran el plantel en lo cotidiano hacen que se disipe bastante la presión. Hay competencia por un lugar, todos quieren estar dentro de los once, pero hay energías positivas y reales que te llevan a desenvolverte mejor", apunta Ariel Borensztein, psicólogo especializado en deportes, con experiencia en el desarrollo del tenis y en los planteles de fútbol de Argentinos Juniors y Platense.

Juan José Grande, psicólogo deportivo que trabajó, entre otras mentes, con las de los tenistas Juan Martín del Potro y Leonardo Mayer, analiza: "La mayoría de los jugadores de Boca y River están acostumbrados a situaciones de presión. Ésta final tiene una connotación popular y mediática diferente, sí, porque es como una final mundial que no se dio nunca con una mirada internacional infernal. Hay deportistas que tienen poder de convertir la presión en motivación, en libertad para mostrar sus mejores virtudes. Y hay otros que se inhiben, que tienen pánico escénico, que tienen más miedo que sensación de desafío y termina siendo evidente". Pablo Pécora, licenciado en psicología con mucha trayectoria en el deporte (trabajó con tenistas como Gastón Gaudio, Del Potro y el italiano Fabio Fognini, entre otros), explica que en algunos individuos la presión de los días previos "puede crear algún tipo de síntoma o de sufrimiento personal". Por ejemplo, exceso de ansiedad y dificultades para descansar. "Cada jugador lo vive de manera diferente y para ellos esto es un proceso natural, aunque especial. Ahora bien, convengamos que estos días previos y la sensación distinta que vivirán en el partido serán un privilegio y un premio al camino recorrido. Será clave el trabajo de los cuerpos técnicos para entender el partido y luego transmitir seguridad y convencimiento", acota Pécora.

"Al igual que con los Juegos Olímpicos de la Juventud, la final de la Copa Libertadores nos pone en el estrellato del mundo deportivo", dice Patricia Wightman, responsable del Departamento de Psicología del CeNARD. Y detalla: "Los líderes, los entrenadores deben ayudar a que sus equipos interpreten la situación como un desafío y no como una amenaza. Aunque es un periodo de tensión, tienen que tratar de que los jugadores se mantengan con pensamientos positivos y enfocados en la tarea, sabiendo que llegaron allí porque tienen talentos y habilidades, y no por la suerte. Los jugadores deben enfocarse en que hicieron un tremendo esfuerzo para llegar hasta allí y que lo pueden repetir". Raúl Barrios, psicólogo con experiencia en el fútbol amateur de Banfield, en el plantel superior de rugby de San Cirano y en la selección junior de remo que se destacó en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires, añade: "A esta altura nadie duda de las capacidades físicas y técnicas de los jugadores. Nadie duda de la capacidad estratégica de los entrenadores. Por lo tanto, en ese nivel de paridad, el factor que desequilibrará será el mental. Las emociones como manifestación mental van a jugar un papel preponderante. Los jugadores van a tener que hacer frente a la presión y al estrés de la prensa, del público y hasta de los hinchas neutrales que quieren que gane uno u otro. Todos estarán pendientes. Los licenciados en psicología de los departamentos médicos de ambos clubes extremarán sus tareas".

Según Borensztein, hay otra variable en el rendimiento que tiene que ver con la historia personal de cada deportista, con los antecedentes: "El jugador es un ser humano que posee sueños, desafíos, frustraciones y triunfos anteriores". Para la licenciada Wightman, esposa de Gerardo Wortelboer (excapitán de los equipos argentinos de Copa Davis y Copa Federación), la mejor opción para estos días será aislar a los jugadores, "concentrarlos para ubicarlos en zona de control y mantenerlos bien física y psicológicamente". Está claro: la mente jugará en la Bombonera y en el Monumental, y aquellos que logren superar el estrés, que mejor se concentren y resistan las influencias externas estarán mucho más cerca de la consagración. ß

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