Queen vs. Pink Floyd: quién gana la batalla de las canciones favoritas de los argentinos

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Joaquín Vismara SEGUIR

En los setentas, Queen y Pink Floyd eran dos nombres que pisaban fuerte en la escena rockera local, que todavía se construía a imagen y semejanza de lo que sonaba en otras latitudes. El imaginario autóctono difícilmente hubiera sido lo que fue sin Dark Side of the Moon o A Night at the Opera en rotación constante, con iguales dosis de sofisticación y complejidad que de estridencia y magnitud de estadios, justo antes de que el punk se abriera paso sin pedir permiso a escupitajo limpio.

Cuarenta años más tarde, ambos nombres vuelven a coincidir para el público argentino. Por un lado, Bohemian Rhapsody, la biopic de Queen dirigida por Bryan Singer y protagonizada por Rami Malek, que despertó adhesiones del público general y el repudio de los seguidores más puristas de la banda británica. Del otro, Roger Waters , el genio creativo de Pink Floyd, que mañana dará en La Plata el segundo concierto de su cuarta visita al país, con un show centrado en varios de los éxitos de la banda que supo integrar hasta mediados de los ochenta.

El encuentro es fortuito, pero también es excusa más que suficiente para la playlist disponible a continuación.

QUEEN

"Killer Queen" ( Sheer Heart Attack, 1974). La canción bisagra del repertorio de Queen, justo en la transición entre el hard rock de sus primeros álbumes y la pomposidad de su trabajo posterior. Sostenida por un arreglo de piano y una armonía vocal de cuatro piezas, "Killer Queen" es una fábula creada por Freddie Mercury sobre una prostituta de altos estándares. Al momento de componer y grabar la canción, Brian May estaba enfermo después de una gira por los Estados Unidos, pero llegó a tiempo para agregar el solo de guitarra y algunos fraseos en las estrofas antes del corte final.

"Bohemian Rhapsody" ( A Night at the Opera, 1975). Una suite de más de seis minutos, con diversas secciones, ningún estribillo, pasajes de ópera, un viraje hard rock y una coda melancólica. "Bohemian Rhapsody" es la prueba fehaciente de que Queen priorizaba su ambición antes que el éxito masivo, aunque con la canción logró unir ambos mundos: contra todos los pronósticos de su sello discográfico, fue un número uno instantáneo y vendió más de un millón de copias en menos de tres meses.

Bohemian Rhapsody

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"Somebody to Love" ( A Day at the Races, 1976). Economía de recursos: para la balada con la que volvió a escalar en los charts, Queen se volvió su propio coro gospel. Sin más herramientas que su base clásica, Mercury, May y el baterista Roger Taylor grabaron varias pistas para crear el colchón de voces que ornamenta la canción. Con la clara intención de rendir homenaje a su admirada Aretha Franklin, Mercury creó una balada soul que versa sobre la fe, la desesperación, el amor y la espiritualidad.

Somebody to love

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"We Will Rock You" ( News of the World, 1977). Una de las bandas musicalmente más ambiciosas tuvo uno de sus mayores hits con una canción grabada casi íntegramente a capella, sin más recursos que pisotadas, palmas y percusión corporal. Compuesta como una suerte de himno de guerra para sus presentaciones en vivo, la guitarra de Brian May hace su aparición sólo en los últimos treinta segundos del tema. Durante sus giras, Queen también solía tocar una segunda versión (conocida entre sus fans como "la rápida"), a banda completa y con un espíritu más cercano al hard rock.

"I Want to Break Free" ( The Works, 1984). Después de los coqueteos con el pop sintético en Hot Space, Queen buscó regresar a sus orígenes con The Works (aunque conservando algunas de sus más recientes incorporaciones). Compuesta por John Deacon, "I Want to Break Free" es erróneamente entendida como el coming out de Freddie Mercury, cuando en realidad se trata de una canción inspirada en los efectos liberadores del amor. En su video, la banda aparece ante cámara caracterizada como cuatro mujeres de un suburbio londinense, y luego en un segmento inspirado en la versión de "Preludio de la siesta de un fauno" del bailarín y coreógrafo ruso Vaslav Nijinsky.

PINK FLOYD / ROGER WATERS

"Money" ( Dark Side of the Moon, 1973). En el medio de un álbum conceptual sobre los grandes problemas, miedos y males de la sociedad moderna, Roger Waters escribió una parodia sobre el sistema capitalista. Su protagonista lo quiere todo y, lejos de saciarse, va por más ("Auto nuevo, caviar, estadía en un cuatro estrellas, creo que me voy a comprar un equipo de fútbol"). Con una métrica irregular, "Money" logró sacar a Pink Floyd del nicho del rock progresivo y llevar a la banda a un lugar inesperado: la pista de baile.

"Wish You Were Here" ( Wish You Were Here, 1975). Lejos de la parafernalia progresiva de gran parte de su obra a principios de los setenta, a mitad de década, Pink Floyd sorprendió con una balada sentida y abierta a interpretaciones. Compuesta por Waters junto al guitarrista David Gilmour, la canción fue vista como una oda tardía a Syd Barrett, el primer líder del grupo, que abandonó la banda en 1969 antes de enloquecer completamente. Waters, sin embargo, asegura que es una canción dirigida a él mismo, para estar presente en su propia vida sin ataduras, para poder experimentar el mundo en su totalidad.

"Another Brick in the Wall, part 2" ( The Wall, 1979). La ópera rock que Pink Floyd publicó en 1979 traza el recorrido de Pink, una estrella de rock alienada de ínfulas dictatoriales que construye un muro que lo separa de la sociedad, en el que cada ladrillo es una fobia o una marca del pasado. El mayor hit del disco está representado por el sistema educativo británico, entendido como un sistema opresor que priva de su personalidad al alumnado y lo convierte en una masa homogénea y obediente. Para mayor precisión, ver la película de Alan Parker basado en el disco del mismo nombre, en el que chicos y chicas de una escuela pupilo con máscaras sin rasgos faciales caminan rumbo a una picadora de carne.

"Comfortably Numb" ( The Wall, 1979). La odisea de Pink continúa en este tema cantado a dúo por Waters y Gilmour que tuvo el título tentativo de "The Doctor". En la historia que narra el disco, su protagonista está ya colapsado, pero su manager y un médico deciden tratarlo con un inyectable para que el show pueda continuar. La inspiración vino de la vida real: en 1977, Waters tuvo que ser tratado con tranquilizantes vía intravenosa para poder subir a tocar, víctima de una dolencia estomacal. "Esas fueron las dos horas más largas de mi vida, tratando de llevar adelante un show en el que a duras penas podía levantar mi brazo", contó el músico años después.

"Smell the Roses" ( Is This the Life We Really Want?, 2017). El hombre se toma su tiempo. Roger Waters tardó 25 años en grabar su cuarto disco solista, y la espera valió la pena. Bajo las órdenes de Nigel Godrich, productor conocido por su trabajo con Beck y Radiohead, Waters plasmó un disco que retoma la senda de su pasado, pero con el sonido actualizado al presente. Sin miras a la nostalgia, "Smell the Roses" es muestra de ello: una melodía rockera que remite a "Have a Cigar", de Pink Floyd, pero con una temática que demuestra que su obsesionario de siempre (las guerras, las corporaciones, la alienación del consumo) siguen hoy tan vigentes como ayer.

Por: Joaquín VismaraFuente de la noticia

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