La Copa Libertadores de las contramarchas que no llega a la cancha y se juega en los escritorios

. Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro Alfieri

El destino se tomó tan en serio que se iba a paralizar el mundo que la superfinal nunca empezó. La Copa Libertadores de los enredos, las desprolijidades y las sospechas no tendrá un desenlace ordinario. Porque Boca y River ya le imprimieron su sello de excepcionalidad, pero también porque las contramarchas se transformaron en ese inquilino indeseable. ¿El clima dejará que se juegue hoy el partido de todos los tiempos? Las fechas se volvieron un tormento. Originalmente las finales se iban a disputar el 7 y el 28 de noviembre; luego, el 10 y el 24. Cuando el temporal de ayer derivó en la suspensión, se colorearon casi todo los días del mes. Finalmente, ¿finalmente?, el superclásico será hoy, a las 16, aunque los pronósticos meteorológicos indican que seguirá lloviendo y los clubes anoche se fueron a dormir intuyendo que el episodio I del duelo más volcánico de la historia recién tomará cuerpo el próximo sábado 17.

Se movieron las fechas, se cambiaron los horarios, se citó al G20, los presidentes Daniel Angelici y Rodolfo D'Onofrio invocaron a la comunidad judía, la Superliga rechazó las reprogramaciones, el presidente Mauricio Macri introdujo el debate por el público visitantes, los organismos de seguridad se desdijeron en horas, la Conmebol hizo anuncios con asteriscos, se ratificó la suspensión sobre Marcelo Gallardo, los dirigentes cruzaron algunas chicanas. Y llovió, llovió mucho. Más de lo habitual. Más de 100 milímetros. El juego en sí mismo siempre estuvo fuera de agenda. Como ayer, cuando otra vez las reuniones gobernaron a golpes de puño en el escritorio.

La jornada del diluvio habilitó todas las especulaciones posibles. Y nuevos embrollos. La Conmebol rocambolesca, la de las suspensiones y habilitaciones fantasmas, sumó otro paso de comedia: cuando a las 15.28, en su cuenta oficial, tuiteó la reprogramación, indicó que el encuentro se jugaría el 25 de noviembre. Lo único que faltaba para certificar el torneo de la sinrazón: la ida después que la revancha. Minutos más tarde, eliminaron la publicación.

Por motivos de fuerza mayor el partido queda suspendido para mañana, domingo 11 de noviembre a las 16:00 h.&- CONMEBOL.com (@CONMEBOL) 10 de noviembre de 2018

La incertidumbre anidó en la tarde del sábado. Y no se despejó ni con el paso de las horas. Si en algún momento los clubes y la Conmebol se habían citado para tomar una determinación hoy a las 11, la cumbre horas después se disolvió. Será la CSF quien resuelva en base al estado del tiempo y se fijó un horario límite: las 13. Para evitar que, como ayer, miles de personas se movilicen a la Bombonera sin certezas. "Boca juega cuando Conmebol lo disponga. Lo que queremos es que prime el sentido común y no queremos que la gente vuelva a sufrir lo que sufrió hoy", anticipó Angelici. Alrededor de 5000 hinchas llegaron a ingresar en el coloso de la Ribera. ¿Y si hoy vuelve a suspenderse? Como las previsiones de mal tiempo se extienden hasta el martes, la final pasaría para el sábado 17. Esa fecha entusiasma más a River -que podría recuperar a Scocco y hasta a Ponzio- que a Boca. Si del 7 al 28 iba a abrirse una brecha de tres semanas de debates entre la ida y el desquite, ahora todo el morbo y la tensión se comprimirían en una semana.

Con la suspensión, los trastornos comenzaron a encadenarse. Desde los cientos de hinchas que llegaron desde el Interior del país -y del extranjero, también- y se lanzaron contrareloj a buscar dónde pasar la noche, hasta el dolor de cabeza que heredó la Superliga. El desconcierto atrapó a la organización del torneo local. Finalmente, los dos partidos previstos para hoy, en la Capital federal, se trasladaron al lunes: Huracán vs. Godoy Cruz, a las 19, y Vélez vs. San Lorenzo, a las 21.30. Sí, esta tarde habrá actividad en la provincia de Buenos Aires: a las 13.15, Independiente-Belgrano; a las 15.30, Gimnasia-Racing, y a las 17.45, Banfield-Lanús, en el clásico del Sur.

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. Fuente: LA NACION – Crédito: Rodrigo Néspolo

Ayer se atropellaron lo actores de reparto en una discusión ya cinematográfica. La lona que cubre el campo de juego fue otro eje del debate. ¿Por qué no tomó Boca la precaución de colocarla? Desde el club contaron que se evaluó ponerla el viernes, pero lo descartaron por la prueba del VAR que se hizo en la Bombonera. Y una vez que comenzó a llover, los encargados del cuidado del césped indicaron que ya no convenía desplegarla precisamente para facilitar el drenaje.

A las 17 la cancha estaba en condiciones, pero cuando se suspendió nadie podía asegurar que otro aguacero no la transformaría en una pileta. El sistema de drenaje funcionó bien, pero, ¿cuánto más resistiría? Alrededor de las 19, cuando hubiese concluido el encuentro, el campo tenía espejos de agua. Además, muchos sectores de la Bombonera estaban inundados, como también varias calles adyacentes del barrio. El pronóstico meteorológico prevé un domingo lluvioso. Quizá el partido de todos los tiempos se trasforme en el superclásico de la víspera interminable.

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