Guillermo usa la receta de su Lanús campeón para cumplir la promesa de Angelici

"Guillermo va a ser mi técnico". Transcurría 2011 y el candidato a presidente de Boca Daniel Angelici me lo afirmó durante un vuelo a España. A su lado asentía el querido Eduardo Gamarnik (QEPD). Coincidimos casualmente. Él viajaba para charlar con dirigentes de clubes y yo a cubrir dos duelos de la intensa saga Real Madrid/Barcelona, Cristiano/Messi y Mou/Pep. Su slogan de campaña apuntaba a los logros internacionales: "Renueven el pasaporte que del resto nos encargamos nosotros". Guillermo para el banco y plantel para la Copa conformaban el trazo grueso de su gestión para el futbol profesional.

Angelici ganó las elecciones en diciembre de aquel año. Derrotó a Jorge Amor Ameal, que buscaba su propio mandato tras haber terminado el de Pedro Pompilio (QEPD), fallecido en 2008. Pasaron cosas. El electo presidente decidió renovarle el contrato a Julio Cesar Falcioni, flamante campeón invicto del Torneo Apertura. No hacerlo tras la marcha imperial de un equipo bastante subvalorado habría resultado un contrasentido. Casi cumple con la predicción pública de su campaña en el primer semestre de su mandato. Boca llegó a la final de la Copa Libertadores pero la perdió ante Corinthians. Después del partido de vuelta, su relación con Riquelme se desgastó aún más. En 2010, como tesorero del club, se había opuesto a la renovación por cuatro años del contrato de Román. El 10 dejó de jugar luego del partido en San Pablo.

Falcioni ganó la Copa Argentina y se encaminaba a la renovación. Pasaron más cosas. En la última fecha del Apertura 2012, Boca derrotó 2 a 1 al Godoy Cruz dirigido por Martin Palermo con un gol sobre la hora de Nico Blandi. Rolando "Flaco" Schiavi, hoy DT de la reserva, jugó su último partido como profesional. Su familia le preparó un video sorpresa con mensajes de compañeros, amigos y entrenadores. Un dirigente había objetado la emisión del video luego del triunfo porque en algunos testimonios se veían marcas de la competencia a patrocinadores del club. Los Schiavi se pusieron muy firmes: "El video sale o sale". El propio Angelici debió dar el OK final. Durante el juego, el pueblo xeneize se había mostrado hostil al presidente y al entrenador. Había cantado por Riquelme. El clima cambió cuando en ese video que casi no se pasa por motivos comerciales, apareció Carlos Bianchi para saludar al defensor, un prócer de Boca. El estadio estalló. "Traelo a Bianchi la puta que te parió", fue el grito de guerra. El presidente convirtió esa arenga en un más suave "la Bombonera habló". y no le renovó el contrato a Falcioni.

El entrenador más importante de la historia del club arrancó su tercer ciclo en el club a principios de 2013. Tras una derrota veraniega ante River, Román salió de su retiro y volvió para "sufrir juntos". Angelici jamas había pensado semejante escenario para su ciclo presidencial. Un año y medio tardó en desarmarlo. Primero se fue Román, tras cumplir aquel contrato de cuatro años objetado por el tesorero Angelici. Y luego Carlitos, despedido por el presidente Angelici tras un flojo comienzo en el segundo semestre de 2014. Guillermo Barros Schelotto no estaba disponible para cumplir, aunque fuera con demora, la predicción del avión. Lanús lo había contratado para el arranque de la temporada 2012-13. Estaba en un excelente momento de su ciclo. Había ganado la Copa Sudamericana 2013 con un equipo reconocible en su idea, su ejecución y su sistema. Tenía identidad colectiva y convencimiento en sus jugadores. ¿Su formulario de campeón? Un 4-3-3 puro y duro con presión coordinada desde los delanteros, extremos con desborde y retroceso, 9 de área con buen juego de espalda al arco rival, interiores con presencia en ambas transiciones del juego (defensa-ataque, ataque-defensa), mediocampista central dispuesto al primer pase y a las coberturas, zagueros fuertes en el mano a mano, laterales con oficio y sin fobia a las proyecciones, arquero sobrio y seguro.

En agosto de 2014, con los Barros Schelotto fuera del radar, Angelici eligió a Rodolfo Arruabarrena para reemplazar a Bianchi. Buscaba para Boca el mismo proyecto que los Mellizos habían plasmado en Lanús. Marcelo Gallardo empezaba a construirlo en su incipiente ciclo como entrenador de River. Mezcló doblete nacional de Copa Argentina/#Torneode30 con doblete de derrotas internacionales ante el River de Muñeco (Sudamericana 2014 y Libertadores 2015). Las malas pesaron más. Gallardo se transformó en el hecho maldito del mandato Angelici. Vasco aguantó hasta el 29 de febrero de 2016. Guillermo se había ido de Lanús en noviembre de 2015 y había terminado abruptamente su tarea en Palermo porque la UEFA no le validó su licencia de DT. Finalmente, a cinco años de aquella afirmación en vuelo a España, Angelici contrató al entrenador que quería.

Tras dos años y ocho meses de gestión, el equipo presenta muchas credenciales de aquel Lanús campeón. Ha crecido en los mano a mano de esta Libertadores 2018. Algo encontró. Bicampeón nacional, buscará cumplirle al presidente esa promesa de campaña que su némesis le refriega por la cara.

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