El Episcopado evaluará la situación social en su última asamblea del año

El arzobispo Fernández afirmó que los obispos actuales hablan "muy poco sobre los problemas sociales"

Con un contexto de fuerte conflictividad como telón de fondo, marcado por la recesión económica, la inflación, la pulseada entre el Gobierno y los sindicatos y el avance de las investigaciones de la Justicia sobre hechos de corrupción, la Conferencia Episcopal Argentina comenzará mañana la última asamblea plenaria del año.

El encuentro, encabezado por monseñor Oscar Ojea, presidente del Episcopado, se extenderá hasta el viernes y el centenar de obispos, al que se sumarán los eméritos, comenzarán a diagramar la visita en conjunto que realizarán en tramos, a partir de mayo de 2019, al papa Francisco, para transmitirle un panorama mano a mano sobre la Iglesia en la Argentina .

Ojea encabezará mañana, a las 19.30, la misa de apertura de la asamblea.

Aunque no figure específicamente en el temario de la asamblea, la realidad política y social será seguramente tema de análisis en el intercambio pastoral con que los obispos inician habitualmente la asamblea.

Se espera, así, que hagan alguna evaluación interna sobre el impacto del acercamiento que algunas figuras de la Iglesia -como el arzobispo Agustín Radrizzani y el obispo Jorge Lugones, titular de Pastoral Social- tuvieron con el líder sindical Hugo Moyano, en momentos en que la Justicia avanza sobre denuncias de corrupción que involucran a él y a su entorno familiar, así como la frágil situación de la economía y la aplicación de la ley de educación sexual integral, entre otros temas.

"Los obispos actuales hablamos muy poco sobre los problemas sociales; y lo hacemos con miedo a quedar en ridículo por los propios pecados de la Iglesia", advirtió ayer el arzobispo de La Plata, Víctor Fernández, en una entrevista con el diario El Día.

Recordó, por ejemplo, que en otros momentos hubo voces muy críticas de la Iglesia sobre la situación social. "Monseñor Laguna llegó a decirle a Menem que el modelo neoliberal estaba funcionando al costo de un millón de muertos", recordó el arzobispo de La Plata, quien el jueves pasado dio una especial bendición en la catedral local a personas y familias que trabajan como cartoneros.

Teólogo y exrector de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde puso en marcha el Observatorio de la Deuda Social, Fernández no dejó dudas de la posición que prevalece en la Iglesia frente al modelo económico. "No creo que alguno se haga cura para defender la macroeconomía liberal o los ajustes".

En los últimos pronunciamientos, como ocurrió cuando 14 obispos del territorio bonaerense se reunieron en septiembre con la gobernadora María Eugenia Vidal y la ministra nacional de Salud y Desarrollo Social, Carolina Stanley , la Iglesia transmitió su inquietud por la situación socioeconómica, la baja del salario real y los despidos de trabajadores de distintos ámbitos.

La inquietud eclesiástica va más allá del área metropolitana. El obispo de San Francisco, Sergio Buenaventura, advirtió recientemente que "la recesión económica se viene sintiendo fuerte y se vislumbran unos meses muy difíciles". Se refirió a la inflación y el desempleo, que "golpean en los hogares y sobre todo en los sectores más vulnerables".

Política migratoria

Los obispos recibirán en la asamblea al cardenal ghanés Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que entre otras tareas aborda las crisis humanitaria, como las que se suscitan en Siria e Irak, y la situación de los refugiados.

No sorprendería que en el desarrollo de la asamblea episcopal surgieran reflexiones sobre la situación de los migrantes en la Argentina, en momentos en que en el Gobierno y en la región se promueve un endurecimiento de la política migratoria.

Al respecto, hace dos semanas visitó la Argentina el sacerdote mexicano Alejandro Solalinde, que desarrolla planes de asistencia y promoción humana en favor de los migrantes y refugiados. Invitado por la Comunidad de San Egidio, advirtió que en la región prevalecen prejuicios sobre los extranjeros.

"El inmigrante forzado es un invitado inesperado y por eso genera incomodidad y resistencia", dijo el padre Solalinde, en diálogo con LA NACION. Un tema que se actualiza y podría generar un nuevo foco de tensión entre el Gobierno y la Iglesia.

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