Boca-River: cómo se preparó el césped de la Bombonera para resistir las tormentas durante la final

. Fuente: AP – Crédito: Prensa Boca Juniors

Boca y River se preparan para protagonizar la primera final de la Copa Libertadores. Un evento único y, posiblemente, irrepetible que albergará una gran fiesta que llegará a todo el planeta. El clima en las tribunas será imponente y se espera que esté a la altura de las circunstancias. Aunque hay un factor que mantiene en alerta a todo el mundo fútbol, algo que parece no ir de la mano con semejante expectativa: más de uno se agarró la cabeza cuando los meteorólogos pronosticaron chaparrones y tormentas durante el sábado, incluido el lapso en el que se estará jugando el superclásico, que empieza a las 17. Por el temor a la suspensión, entonces las preguntas se imponen solas: ¿Cómo se prepara la Bombonera? ¿Podrá resistir las lluvias?

A lo largo de estos días, los cancheros de Boca trabajaron sobre la cuestión con el foco puesto en las posibles tormentas. Hicieron énfasis en enriquecer el sistema de desagüe con el fin de airear el campo de juego y que, en caso de caer mucha lluvia, el agua pueda filtrarse con mayor facilidad y rapidez. No hacen sus tareas a contrarreloj: la mejoría es parte de un proceso de años y confían que esos resultados serán evidentes cuando empiece a rodar la pelota. Incluso, si el clima es desalentador.

Porque en los últimos años, el estadio sufrió dos problemas con respecto a las fuertes tormentas. Por un lado, el drenaje supo ser un gran inconveniente. El campo de juego no soportaba la gran caída de agua, que se acumulaba en muchos sectores e imposibilitaba que el balón rodara con normalidad. Aquello, por ejemplo, obligó en 2014 a Federico Beligoy a dar por finalizado el duelo ante Racing -a los 13 minutos del primer tiempo- en el que Boca ganaba con gol de Agustín Calleri y que luego, diez días después, terminó perdiendo 2-1. O también a Héctor Baldassi, cuando en 2010 suspendió el superclásico a los diez minutos: tras cuatro días, Gary Medel hizo un doblete y el clásico se quedó en la Ribera.

En 2010, la lluvia obligó a que se suspendiera un Boca-River.
En 2010, la lluvia obligó a que se suspendiera un Boca-River. Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro Alfieri

Por otro lado, mucho más reciente, el campo de la Bombonera padeció la falta de luz solar en la franja del terreno que está cercana a la zona de los palcos. Aquello produjo la quemadura del césped en ese sector en el que prácticamente se jugaba sobre la tierra: cuando las lluvias azotaban al estadio, eso se transformaba en largos trayectos de barro en el que se hacía dificultoso desenvolverse.

A mediados de 2016, antes de enfrentar a Independiente del Valle de Ecuador en las semifinales de la Libertadores, en Boca se propusieron terminar con todos aquellos problemas y así poner en condiciones a un campo de juego que es mirado en todo el planeta. A través de la realización de canaletas -que ocupaban casi la mitad del terreno-, pusieron en condiciones el sistema de drenaje, mientras que la utilización de luces artificiales durante muchas noches aceleró el crecimiento del césped.

A partir de ese trabajo duradero, en Boca dejaron de experimentar ese tipo de inconvenientes. Aunque, claro, nunca se desligaron. Porque no solo en los días de lluvia se hace énfasis en el cuidado del terreno, sino también cuando el pronóstico del tiempo arroja panoramas como el que está previsto para las próximas horas: se recuerda cómo trabajaron día y noche, incluso inmediatamente finalizado un encuentro bajo tormenta ante Chacarita, para que la Selección Argentina recibiera en la Bombonera a Perú, en el final de las Eliminatorias al Mundial de Rusia, en medio de pronósticos similares.

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Se trabajó demasiado y el mítico estadio viene evidenciando su mejoría desde hace un largo período: ya no se habla de una Bombonera en mal estado. Más bien, todo esto que surge tiene que ver con la vorágine de un superclásico histórico en el que la adrenalina crece con el correr de los minutos, al igual que el miedo de que el partido se posponga ante una fuerte lluvia. Aunque está claro que no solo es la gran cantidad de agua la que pueda suspender el trascendental duelo: la aparición de una tormenta eléctrica también podría inclinar la decisión de Roberto Tobar, el árbitro chileno, del lado de impedir que el partido se dispute. Y, en ese caso, habría poco que hacer y reprochar.

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