El paso de Mitch "contribuyó a acelerar procesos" para prevenir y mejorar la respuesta ante eventos en la región, dijo a EFE el especialista en reducción de riesgo de desastres de la oficina en Panamá del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Rubén Vargas.
Esta zona donde viven más de 45 millones de personas, la gran mayoría en la pobreza, "sigue siendo, en términos concretos, vulnerable", entendiendo que los desastres "no son el terremoto, el huracán, sino las condiciones de desarrollo que hemos venido creando", explicó el experto.
Es precisamente la dinámica social de Centroamérica lo que la hace más vulnerable: cinturones de pobreza ubicados en zonas inundables, en laderas de montaña o volcanes, en zonas de alto riesgo que son escenario constante de grandes tragedias.
Hace cinco meses una violenta erupción del Volcán de Fuego, uno de los 32 activos de Guatemala, dejó al menos 190 muertos, más de 200 desaparecidos y pérdidas para la agricultura familiar, que sostiene a la mayoría de los habitantes del istmo.
La época de lluvia deja cada año centenares de muertos, muchos de ellos habitantes de zonas rurales que cruzaron ríos crecidos en lo que parecen actos de imprudencia, pero también familias enteras fallecen soterradas en sus casas.
Mitch, una de las tormentas más destructivas en la historia moderna, llegó a Centroamérica hace 20 años con vientos de más de 250 kilómetros por hora y lluvias torrenciales que hicieron desbordar los ríos y destruyeron puentes y carreteras.
El huracán golpeó con fuerza a Honduras y Nicaragua: alrededor de 6.000 y 4.000 muertos y pérdidas económicas de 4.000 y 12.000 millones de dólares en cada país, respectivamente, de acuerdo con los datos disponibles.
En El Salvador Mitch dejó 175 muertos, mientras que en Guatemala fueron 268 y las pérdidas económicas llegaron a los 748 millones de dólares, según datos de la ONU.
El entonces presidente hondureño, Carlos Flores, dijo días después de la tragedia que para Honduras el siglo XX había terminado con el huracán Mitch.
"Quedamos como si se tratase de un rompecabezas, diseminado en cientos de pedazos. Los damnificados sumaron 1,4 millones de personas, casi el 25 por ciento de la población", recordó Flores la semana pasada en una entrevista con la televisión local.
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