El enorme desafío de romper el molde

Gastón Marioni ganó por Cantando sobre la mesa Crédito: Daniel Jayo

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La entrega de los Premios Hugo al teatro musical infantil y juvenil puso en evidencia esta semana cierta orfandad en la dramaturgia actual dedicada a los chicos. El premio al mejor musical infantil fue para El hombre que perdió su sombra, una puesta en escena de Eleonora Comelli y Johanna Wilhelm estrenada en el Teatro Nacional Cervantes. La obra, basada en un relato del romántico alemán Adalbert von Chamisso, reunió varios ingredientes interesantes. Antes que nada, que haya surgido de una convocatoria abierta del Cervantes. Y que la selección haya recaído en una propuesta ajena al circuito habitual del teatro para chicos, con un abordaje innovador en su realización escénica, con un fuerte componente coreográfico, a cargo de Comelli, y visual, plasmado en la escenografía de la artista plástica Wilhelm. A ello se agregó una utilización plena del magnífico espacio que ofrece la sala mayor del Cervantes, con despliegue en altura, proyecciones de sombras y músicos en vivo.

Este último aspecto, la partitura musical compuesta y dirigida por Axel Krygier, obtuvo justamente el otro premio otorgado a El hombre que perdió su sombra, en un rubro en el que competía con pesos pesados como Carlos Gianni, por Cantando sobre la mesa, y Patricia Sosa, por Aladín, será genial. Y si existiese la categoría de escenografía para los musicales infantiles, claramente habría sido candidata esta obra.

Pero significativamente no ganó ni como mejor libro, ni como mejor dirección, ni por sus roles protagónicos, algo inusual para una obra galardonada como la mejor. Esos dos premios recayeron en Cantando sobre la mesa, el clásico de Hugo Midón dirigido por Gastón Marioni. La puesta de Marioni, estrenada ya en 2016 en el Coliseo Podestá de La Plata, recreó eficazmente en su pase a la capital, en el Centro Cultural 25 de Mayo, la frescura de su primer estreno hace 40 años con Víctor Laplace y Leonor Manso como protagonistas. Y Martín Ruiz, al frente del elenco actual junto a Cecilia "Caramelito" Carrizo, ganó merecidamente el premio Hugo al mejor intérprete masculino en musicales infantiles. Sin embargo no se puede considerar esta obra como una de las de mayor desarrollo dramatúrgico de Midón. Pertenece a una primera etapa, previa a la de los payasos críticos de Vivitos y coleando, en la que predomina la reivindicación del juego creativo en múltiples variaciones.

En El hombre que perdió la sombra, en tanto, faltó un tratamiento más teatral de la historia, impregnada a medias del aire filosófico que se respira en el texto literario de Von Chamisso. Y Cantando sobre la mesa es una obra escrita hace cuatro décadas, en la etapa temprana de la evolución de su autor. Dos puestas en escena sin duda atractivas. Pero que revelan por contraste la ausencia de una dramaturgia potente en el presente. Las otras dos obras infantiles premiadas también datan de unos años atrás en su versión original: Aladín, será genial por el gran despliegue coreográfico de Maia Roldán y Rosario Magalí Asencio, y Cosas de payasas por la interpretación de Marta Mediavilla. Y, nuevamente, más allá de los méritos de cada una de estas puestas, ninguna rompió el molde.

Piedra libre

  • Pequeños gigantes: Después del colegio, tres amigos se reúnen en la casa de los abuelos de uno de ellos. Allí saldrán a la luz sus temores y sueños, así como el vínculo que establece cada uno con sus padres. El juego será el motor de cambio en Pequeños gigantes, de Aníbal Dinaro. Con Mariano Álvarez, Sol Frattura y Fátima Salgado. Los sábados, a las 15, en el Club Cultural Céspedes, Céspedes 3929. A la gorra.

Por: Juan GarffFuente de la noticia

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