Diego Reinhold y Pachi Pancani

Jazmín Carbonell SEGUIR

Chorros. Libro: Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields. Traducción: Pablo Rey. Dirección: Manuel González Gil. Con: Marcelo De Bellis, Marcelo Mazzarello, Diego Reinhold, Nicolás Scarpino, Gonzalo Suárez, Fernanda Metilli, Maxi de la Cruz, Ana Acosta, Pachi Pancani. Música: Martín Bianchedi. Vestuario: Pablo Battaglia. Escenografía: Daniel Feijoo. Iluminación: Marcelo Cuervo. Teatro: Multiteatro. Funciones: de miércoles a domingos. Duración: 100 minutos.

Claramente el dios latino Jano, el dios de las puertas, metió su cola en esta obra y armo más de un lío. Chorros es una comedia de enredos, de puertas que se abren y se cierran para darle paso a todo tipo de malos entendidos que harán de los cien minutos que dura la pieza una risa casi permanente. Su eficacia radica, sobre todo, en la velocidad de los gags que necesitan de un elenco ajustado y afilado para que las entradas justas, prevenidas por pies textuales, puedan generar todo tipo de situaciones hilarantes.

Cumple, como se advierte en la marquesina, y roba no unas pocas sino muchas carcajadas a la platea. Y aunque por momentos la trama sea sencilla y acotada hay que decirlo: hacer reír es muy difícil y esta obra lo logra. Juegos de palabras, gags rápidos, malos entendidos permanentes, tropezones, peripecias, caídas, torpezas, travesuras, todo está presto para que este grupo de actores divierta y haga pasar un buen rato en una propuesta que es para toda la familia, aunque tal vez el título no refleje lo naif y jocoso de la pieza. Y para recuperar, por qué no, esa tradición de obras que agrupan a todas las edades.

Proveniente del West End, esta comedia que no da respiro y que se estrenó allí hace apenas dos años con el nombre La comedia del robo al banco se trata, ni más ni menos, que de un intento de robo a un banco. Una joya invaluable se encuentra en manos del Minneapolis City Bank y un grupo de delincuentes prepara un plan para quedarse con ella. Un preso que se fuga (Diego Reinhold), un colega que lo ayuda, policías cómplices y una mujer, su novia, que será objeto de deseos de todos pero que, además, armará todo tipo de descalabro y de equívocos hacen de esta trama una comedia bien sincronizada.

Aquí no hay buenos ni malos sino un compendio de delincuentes, unos más solapados que otros, que intentan a toda costa quedarse con ese tesoro. Algunos números musicales, pocos que no logran hacer de esta comedia un musical, le dan un brillo distinto con Ana Acosta que se luce en estos momentos. La escenografía de Daniel Feijoo cumple, va desplegándose para ir cambiando de espacios pero no es el fuerte de la propuesta.

La obra no se detiene en ningún momento y ese es quizás una de sus fortalezas más notables porque la risa irá in crescendo. La escena en que luego de su fuga, el personaje interpretado por Reinhold decide volver a visitar a su novia (Fernanda Metilli) y la encuentra con un nuevo amante (el brillante Nicolás Scarpino) y produce una serie de malos entendidos es tan graciosa que no queda nadie en la sala sin reír. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.ß Jazmín Carbonell

Claramente el dios latino Jano, el dios de las puertas, metió su cola en esta obra y armo más de un lío. Chorros es una comedia de enredos, de puertas que se abren y se cierran para darle paso a todo tipo de malos entendidos que harán de los cien minutos que dura la pieza una risa casi permanente. Su eficacia radica, sobre todo, en la velocidad de los gags que necesitan de un elenco ajustado y afilado para que las entradas justas, prevenidas por pies textuales, puedan generar todo tipo de situaciones hilarantes.

Cumple, como se advierte en la marquesina, y roba no unas pocas sino muchas carcajadas a la platea. Y aunque por momentos la trama sea sencilla y acotada hay que decirlo: hacer reír es muy difícil y esta obra lo logra. Juegos de palabras, gags rápidos, malos entendidos permanentes, tropezones, peripecias, caídas, torpezas, travesuras, todo está presto para que este grupo de actores divierta y haga pasar un buen rato en una propuesta que es para toda la familia, aunque tal vez el título no refleje lo naíf y jocoso de la pieza. Y para recuperar, por qué no, esa tradición de obras que agrupan a todas las edades.

Proveniente del West End, esta comedia que no da respiro y que se estrenó allí hace apenas dos años con el nombre La comedia del robo al banco se trata, ni más ni menos, que de un intento de robo a un banco. Una joya invaluable se encuentra en manos del Minneapolis City Bank y un grupo de delincuentes prepara un plan para quedarse con ella. Un preso que se fuga (Diego Reinhold), un colega que lo ayuda, policías cómplices y una mujer, su novia, que será objeto de deseos de todos pero que, además, armará todo tipo de descalabro y de equívocos hacen de esta trama una comedia bien sincronizada.

Aquí no hay buenos ni malos sino un compendio de delincuentes, unos más solapados que otros, que intentan a toda costa quedarse con ese tesoro. Algunos números musicales, pocos que no logran hacer de esta comedia un musical, le dan un brillo distinto con Ana Acosta que se luce en estos momentos. La escenografía de Daniel Feijoo cumple, va desplegándose para ir cambiando de espacios pero no es el fuerte de la propuesta.

La obra no se detiene en ningún momento y ese es quizás una de sus fortalezas más notables porque la risa irá in crescendo. Es mérito del director Manuel González Gil, experto en vodeviles. La escena en que luego de su fuga, el personaje interpretado por Reinhold decide volver a visitar a su novia (Fernanda Metilli) y la encuentra con un nuevo amante (el brillante Nicolás Scarpino) y produce una serie de malos entendidos es tan graciosa que no queda nadie en la sala sin reír. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.ß Jazmín Carbonell

Claramente el dios latino Jano, el dios de las puertas, metió su cola en esta obra y armo más de un lío. Chorros es una comedia de enredos, de puertas que se abren y se cierran para darle paso a todo tipo de malos entendidos que harán de los cien minutos que dura la pieza una risa casi permanente. Su eficacia radica, sobre todo, en la velocidad de los gags que necesitan de un elenco ajustado y afilado para que las entradas justas, prevenidas por pies textuales, puedan generar todo tipo de situaciones hilarantes.

Cumple, como se advierte en la marquesina, y roba no unas pocas sino muchas carcajadas a la platea. Y aunque por momentos la trama sea sencilla y acotada hay que decirlo: hacer reír es muy difícil y esta obra lo logra. Juegos de palabras, gags rápidos, malos entendidos permanentes, tropezones, peripecias, caídas, torpezas, travesuras, todo está presto para que este grupo de actores divierta y haga pasar un buen rato en una propuesta que es para toda la familia, aunque tal vez el título no refleje lo naif y jocoso de la pieza. Y para recuperar, por qué no, esa tradición de obras que agrupan a todas las edades.

Proveniente del West End, esta comedia que no da respiro y que se estrenó allí hace apenas dos años con el nombre La comedia del robo al banco se trata, ni más ni menos, que de un intento de robo a un banco. Una joya invaluable se encuentra en manos del Minneapolis City Bank y un grupo de delincuentes prepara un plan para quedarse con ella. Un preso que se fuga (Diego Reinhold), un colega que lo ayuda, policías cómplices y una mujer, su novia, que será objeto de deseos de todos pero que, además, armará todo tipo de descalabro y de equívocos hacen de esta trama una comedia bien sincronizada.

Aquí no hay buenos ni malos sino un compendio de delincuentes, unos más solapados que otros, que intentan a toda costa quedarse con ese tesoro. Algunos números musicales, pocos que no logran hacer de esta comedia un musical, le dan un brillo distinto con Ana Acosta que se luce en estos momentos. La escenografía de Daniel Feijoo cumple, va desplegándose para ir cambiando de espacios pero no es el fuerte de la propuesta.

La obra no se detiene en ningún momento y ese es quizás una de sus fortalezas más notables porque la risa irá in crescendo. La escena en que luego de su fuga, el personaje interpretado por Reinhold decide volver a visitar a su novia (Fernanda Metilli) y la encuentra con un nuevo amante (el brillante Nicolás Scarpino) y produce una serie de malos entendidos es tan graciosa que no queda nadie en la sala sin reír. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.

Por: Jazmín Carbonell ¿Te gustó esta nota? Ver comentarios 0Fuente de la noticia

Comentarios