Fuente: LA NACION – Crédito: Fernando Massobrio

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En otra jornada oscura para la economía doméstica, un dirigente jerárquico de la CGT que estaba ayer al tanto de la devaluación y de la incertidumbre que reina en la Casa Rosada ironizó con una sensación que se palpa hoy en cualquier pasillo sindical: "Para el paro general del 25 de septiembre falta una eternidad. No sé qué puede pasar".

Antes de lo que será la cuarta huelga de la central obrera peronista contra la gestión de Mauricio Macri , la hoja de ruta de las protestas sindicales tiene algunas fechas del calendario marcadas en rojo. Una es hoy, durante la marcha en apoyo a los docentes universitarios, en la que hay una columna de la CGT.

La otra gran movida será en dos semanas, en el Congreso de la Nación, con el objetivo de rechazar el presupuesto de 2019 que el Gobierno diseña con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que aún busca el aval de las provincias. Entre medio, podrían haber reclamos aislados por los aumentos de tarifas, la inflación y la caída del empleo en algunos rubros particularmente afectados por los coletazos de la corrida cambiaria.

Como no sucedía desde hace muchos años, la CGT volvió a sentirse con voz de peso en la mesa chica del PJ. El miércoles, tras el plenario en el que se convocó a la huelga para el 25 de septiembre, una comitiva de gremialistas fue citada de urgencia al Consejo Federal de Inversiones (CFI), la base de operaciones de los gobernadores peronistas en tiempos de crisis.

El encuentro en el CFI era la continuación de una primera charla que había comenzado la semana previa. Pero esta vez había algo distinto. La tropa sindical lo comprobó cuando cruzó la puerta: además de los gobernadores, estaban sentados en la misma mesa el senador nacional Miguel Ángel Pichetto y Sergio Massa . Un gremialista que está enemistado con el líder del Frente Renovador lo sintió como una "emboscada".

Durante la cumbre peronista abundaron las teorías apocalípticas y el rechazo al rumbo económico que trazó Macri. Se habló del presupuesto, de la eliminación del fondo sojero y de la corrida cambiaria. Un gobernador avaló el paro de la CGT y se preocupó en escuchar algunas de las preocupaciones sindicales.

Si bien los sindicalistas cerraron filas con los gobernadores y Massa, no todos se quedaron conformes. Ninguno de los dirigentes que asistió al CFI percibe un liderazgo fuerte y común del PJ. Pero quizás lo más inquietante fue la sensación de sentirse "usados" por el momento actual del país.

Esa percepción no es de anteayer. Se encasillarían en ese contexto los mensajes que el ferroviario Omar Maturano lanzó en los últimos días. El lunes, en la reunión de consejo directivo, acusó a Hugo Moyano, al kirchnerismo y a la izquierda de querer tumbar al Gobierno. Y se jactó un tanto vanidoso de que la CGT es la garante de la "gobernabilidad" y de que "continúen la democracia y la paz social".

Maturano lo repitió el miércoles en el plenario y ya lo había deslizado en el cara a cara con la misión del FMI. Roberto Cardarelli escuchó de boca de un sindicalista que el FMI remite a las peores pesadillas y que es casi una mala palabra en el país. "El Fondo no vino a ofrecer sus servicios, sino que el gobierno argentino nos vino a buscar. No queremos ahogar a la economía, queremos ayudar", se atajó el italiano. Maturano aprovechó la ocasión y le respondió con una conjetura: "Al final son como el peronismo: los buscan cuando hay que apagar los incendios, como a nosotros".

Por: Nicolás Balinotti ¿Te gustó esta nota? Ver comentarios 0Fuente de la noticia

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