Fuente: LA NACION

Musicales

Durante esta temporada la comedia musical y sus variantes tienen muchos títulos recomendables para quienes lleguen de otras ciudades y quieran palpar algo de lo que sucede en otras urbes, como Broadway, Londres o Madrid. A aquellos que tengan cierto prejuicio con el género hay que recomendarles que vayan a ver Los monstruos, de Emiliano Dionisi y Martín Rodríguez, al Picadero. Una rara avis maravillosa. Los que prefieran el gran despliegue tienen Sunset Boulevard (Maipo), El violinista en el tejado (Astral), Sugar (Lola Membrives) y Hermanos de sangre (Apolo). Pero hay dos perlitas, también muy diferentes. Asesinato para dos, dirigida por Gonzalo Castagnino (Metropolitan), algo así como una de detectives, con dos actores que cantan, tocan el piano y te hacen morir de risa; y Papaíto piernas largas, dirigida por Lía Jelín. para compartir con toda la familia, de una dulzura inmensa, en el Cultural San Martín.

Comedias

Para hacerle frente a la realidad, nada mejor que ir a reír un rato. Pero con propuestas de calidad. En el circuito comercial hay propuestas brillantes dentro de este rubro. Una a destacar es Ping pong, sobre el devenir del matrimonio, dirigida en forma brillante por Verónica Llinás, con Daniel Hendler y Laura Cymer. Pero el público también puede morirse de risa con ¿Qué hacemos con Walter?, dirigida por Juan José Campanella (Multiteatro); Los vecinos de arriba, dirigida por Javier Daulte, con Peña, Peretti, Vallina y Ferro (Metropolitan); la interesantísima El test (Multiteatro), dirigida por Daniel Veronese, con Suárez, Saccone, Belloso y Zubiri; Sin filtro (La Plaza), dirigida por Daniel Barone, con Goity, Reyna, Muni y Santamaría; Perfectos desconocidos, dirigida por Guillermo Francella (Metropolitan), y la imbatible Toc Toc. La joya para morirse de risa con calidad, sin dudas, es Tarascones, de Gonzalo Demaría, dirigida por Ciro Zorzoli, con las cuatro inmensas actrices Paola Barrientos, Alejandra Flechner, Eugenia Guerty y Susana Pampín (El Picadero).

Dramas y comedias dramáticas

Siempre se aplaude a aquellos productores que se juegan con textos comprometidos que tocan temas más profundos. Precisamente no suelen ser los que encabezan la taquilla, pero son los mejores para aquellos sibaritas del buen teatro. Claro está, esto no implica que sean obras que harán llorar al espectador de principio a fin. El vestidor, dirigida por Corina Fiorillo, es un claro ejemplo de una comedia dramática brillante, con dos actores inmensos como Jorge Marrale y Arturo Puig al frente del elenco (La Plaza). Lo mismo sucede con la ya clásica La omisión de la familia Coleman, dirigida por Claudio Tolcachir (Metropolitan). En La Comedia hay dos propuestas de textos bellísimos y muy buenas actuaciones: Doble o nada, con la dupla Miguel Ángel Solá-Paula Cancio; y Ver y no ver, dirigida por Hugo Urquijo, con Dufau, Bonín y Rueda. En El Nacional, Soledad Silveyra, Gabriela Toscano y Germán Palacios encabezan el elenco de Lo que nos une, dirigida por Carlos Rivas. Para llorar a moco tendido.

Una performance de sábados de superacción

En otra sala de Chacarita, Roseti, los sábados a la tarde se presenta una radical performance dirigida por Juan Coulasso. Se llama El mundo es más fuerte que yo. Está atravesada por un fluir narrativo con momentos verdaderamente arrolladores, desconcertantes, de una potencia escénica inusual.

Érica Rivas, avasallante y conmovedora

En la sala Santos 4040, en Chacarita, los lunes, viernes, sábados y domingos tiene lugar una de las ceremonias teatrales más potentes de la cartelera. La talentosa Érica Rivas le pone el cuerpo a un texto demoledor escrito por Ariana Harwicz y dirigido por Marilú Marini. Se llama Matate amor.

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