Frida Kahlo, Niní Marshall, Marilyn Monroe, Ingrid Bergman, Eva Perón, Alfonsina Storni, María Moliner y muchas otras hoy reviven en obras teatrales

Jazmín Carbonell SEGUIR

Frida Kahlo yace en una cama, Eva Perón se prueba vestidos mientras despotrica contra todos, Encarnación Ezcurra narra sus últimas palabras, Niní Marshall se muestra en su esplendor… Marilyn Monroe, Alfonsina Storni, María Moliner, Ingrid Bergman, Christiane Dosne Paqualini y la lista sigue. Se trata de mujeres de la historia, hitos, símbolos de diferentes épocas, fundamentales, algunas conocidas por todos, otras que hicieron historia por sus descubrimientos. Y con algo en común: son llevadas a escena para volverlas presentes, para dialogar con su tiempo. Será que la época actual se vuelve terreno fértil para que se las recuerde. Será que el silencio de tantos años por fin cesa y entonces pisan fuerte.

"Históricamente la vida de la mujer estuvo vedada por la cultura. Pero en este renacer de lo femenino y de hacer justicia por lo que hicieron las mujeres para que este presente sea más confortable interesa". Las palabras le pertenecen a Jorgelina Aruzzi ensayando una posible respuesta al caudal de mujeres históricas en escena. Aruzzi hace unas semanas estrenó en el teatro más antiguo de Buenos Aires, el Liceo, Niní en el aire. Allí, la actriz, que interpreta ni más ni menos que a Niní Marshall, y el director Ciro Zorzoli escribieron esta pieza maravillosa a partir de los monólogos. "La obra busca realzarla como mujer creadora, a través de sus personajes. No contamos mucho de su vida, salvo algunos pequeños detalles que muestran la lucha de una mujer que se enfrenta a un mundo machista y es una comediante que, a fuerza de talento, venció tantas barreras", dice Aruzzi, capaz de pasar por siete personajes de Niní y en todos dar una clase de teatro.

al caudal de mujeres históricas en escena. Aruzzi hace unas semanas estrenó en el teatro más antigua de Buenos Aires, el Liceo, Niní en el aire. Allí la actriz, que interpreta ni más ni menos que a Niní Marshall, y el director Ciro Zorzoli escribieron esta pieza maravillosa a partir de los monólogos. "La obra busca realzarla como mujer creadora, a través de sus personajes. No contamos mucho de su vida, salvo algunos pequeños detalles que muestran la lucha de una mujer que se enfrenta a un mundo machista y es una comediante que, a fuerza de talento, venció tantas barreras", dice Aruzzi, capaz de pasar por siete personajes de Niní y en todos dar una clase de teatro.

"No nos dirigimos solo a la generación que la conoció o que la conocimos como yo viendo sus películas con mi nona, sino también rockearla para la época actual. De todos modos, los monólogos eran impecables y absolutamente actuales", repasa la actriz.

En algunas obras, la reconstrucción de una vida, los instantes domésticos ficcionalizados para poder acceder a facetas menos conocidas, es el punto de partida. Conocer a esta estrella en su cotidianeidad. Entonces se trata de unipersonales en los que la cercanía con la figura histórica es de tal intimidad que nos permite arrimarnos a su historia desde otros ángulos. Como ocurre en las coreografías de Leonardo Cuello (ver página 11) y en el caso, por ejemplo, de Frida Kahlo, luces y sombras, de Patricio Abadi, con Jimena Anganuzzi. Asistimos amargamente a sus últimos días, la vemos sumergida en el dolor físico que la atormenta y la confina a estar postrada en esa cama, nos habla, nos interpela con sus reflexiones y su poesía verbal. "Mi trabajo fue personalizar la exhibición del mito. Sumergirse en el dolor y en las conquistas femeninas de Frida la saca de 'las estampitas' y la hace dialogar con nuestra época. Esa fue la apuesta. Frida atraviesa los tiempos. Está condenada a la eternidad", cuenta Abadi, autor y director de la puesta que lleva tres temporadas a puro éxito, y que está a punto de emprender otro desafío: llevar a escena a Herbert Vianna, el cantante del grupo brasileño Paralamas do Suceso que sobrevivió a una tragedia aérea.

Otro unipersonal que indaga la intimidad de un personaje histórico es Yo, Encarnación Ezcurra. La mujer de Juan Manuel de Rosas y pieza fundamental de la revolución, siempre en las sombras, olvidada por la historia oficial, narra en un monólogo íntimo y lleno de dolor, las últimas palabras. Esta vez en la piel de Lorena Vega, una actuación sublime, de esas que calan hondo. Otro relato en primera persona es el de Alfonsina Storni en Yo, Alfonsina (una mujer libre), en la que la puesta de María Esther Fernández se vale de poemas y palabras extraídas de la poeta para conocerla en profundidad a través de la interpretación de Guadalupe Berrino.

En otro grupo de obras, la vida de estas mujeres sirve como material valioso para que se despliegue una historia plagada de conflictos. Como la Eva Perón de Copi, encarnada por un actor -el año pasado fue Benjamín Vicuña; este año es Marco Antonio Caponi quien se sube al escenario principal del Cervantes- para parodiar la vida llena de lujos y malos humores de una nueva versión de Evita, para exponerla en sus conflictos matrimoniales y con su propia madre (también encarnada por un actor, Carlos Defeo). Pasando por la Ingrid Bergman de La furia del volcán, de Gerardo Grillea y Marina Munilla, una obra que se inmiscuye en lo que podría haber sido la vida de la diva (encarnada por Munilla), esa vida distinta a lo que el imaginario popular postula: sola, confundida, arrogante, mala madre, atormentada y maltratada por Rossellini. En la obra Bajame la lámpara, de Francisco Pesqueira, la nodriza de Alfonsina Storni, la empleada de Idea Vilariño y la asistente de Alejandra Pizarnik se unen para construir un universo poético.

También sucede algo similar con la vida de María Moliner, un personaje emblemático y tal vez menos transitado, autora del primer diccionario del uso de la lengua española que aun no fue aceptada como miembro de la Real Academia Española. Una vez más la mujer víctima del desprecio de su tiempo. La obra del español Manuel Calzada que aquí, desde hace dos años, dirige Oscar Barney Finn, tiene a Marta Lubos en la piel de Moliner. Para aquellos que estudiaron Letras o algo relacionado con la lengua y la literatura, "el diccionario Moliner" resultará familiar. Para el resto, muy probablemente no. Así le sucedió a Lubos: "No conocía a María Moliner, nunca había tenido un diccionario de ella entre mis manos. Fui conociendo a una persona con una riqueza y sencillez increíbles, tan cercana a la gente. Lo que ella quería era que las palabras, los libros y la cultura estuvieran al alcance de todos". Paradójicamente, a los 71 años, Moliner comienza a olvidar palabras, a tener dificultades para nombrar ciertas cosas; un Alzheimer la aleja definitivamente de la actividad intelectual. La obra se ancla en esas visitas al neurólogo, y de ahí reconstruye la vida de esta luchadora incansable y tan poco reconocida. "No tenemos en cuenta lo que el público sabe de ella porque no sabemos cuánto es. Lo que sí sabemos es que quedan absolutamente fascinados por la historia. Se les abren puertas. Me parece maravilloso que eso suceda porque a través de la obra estamos difundiendo quién fue María Moliner".

Los musicales también suelen ser un vehículo perfecto para reflejar a figuras históricas o famosas. Como Solo quiero que me amen, una obra sobre la vida de Marilyn Monroe interpretada por Daniela Pantano. "Mi desafío fue salir del lugar obvio, de lo que todo el mundo conoce de ella para humanizarla y alivianarla, y que se conozca su parte más profunda, oscura y frágil", señala Pantano, quien, junto a Juan Álvarez Prado, que además dirige la pieza, resaltaron esa Marilyn revolucionaria para su tiempo, considerada por el propio Lee Strasberg la mejor actriz de su generación.

Otro musical sobre la vida de una mujer célebre es Christiane. Belén Pasqualini asume la maravillosa tarea de hacer pública la vida de su propia abuela: Christiane Dosne Pasqualini, una científica fundamental en la investigación sobre la leucemia. Por último, pero es seguro que la lista continuará haciéndose cada vez más rica, Ni con perros ni con chicos, la obra de Fernando Albinarrate que dirige Javier Daulte. Allí Laura Oliva se pone en la piel de la actriz británica Elsa Lanchester, muy prestigiosa en el teatro británico, conocida mundialmente por su papel en La novia de Frankenstein, pero más aún por ser la mujer de Charles Laughton (encarnado por Omar Calicchio). Elsa representa a todas las mujeres de la historia: su carrera más reconocida es la de haber acompañado a un hombre. Parece que los tiempos marcan otros vientos: será el momento de que la mujer brille por su propia obra.

Solo quiero que me amen

Desde el 22 de julio, ocho funciones en El Extranjero, Valentín Gómez 3378, domingos, a las 19.

Niní en el aire

De viernes a domingos, en el Liceo Comedy, Rivadavia 1499.

Eva Perón / El homosexual o la dificultad de expresarse

Desde el 19 de julio, de jueves a domingos, en el Teatro Nacional Cervantes , Libertad 815.

Frida Kahlo, luces y sombras

Sábados, a las 20, en el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543.

Yo, Encarnación Ezcurra

Domingos, a las 18, en el Teatro del Pueblo, Diagonal Roque Sáenz Peña 943.

El diccionario

Domingos, a las 18, en El Tinglado, Mario Bravo 948.

La furia del volcán

Sábados, a las 20, en No Avestruz, Humboldt 1857.

Yo, Alfonsina (una mujer libre)

Sábados, a las 18, en La Comedia, Rodríguez Peña 1062.

Bajame la lámpara

Sábados, a las 19, en Espacio IFT, Boulogne Sur Mer 549.

Christiane, un bio-musical científico

Sábados, a las 17.30, en El Picadero, Pasaje E. Santos Discépolo 1857.

Ni con perros ni con chicos

Lunes, a las 20.30, en Espacio Callejón , Humahuaca 3759.

Por: Jazmín CarbonellFuente de la noticia

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