El turf navega con viento en contra. Antes de que en la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires el oficialismo aprobara la derogación de la ley 13.253, que otorga un fondo de reparación a los hipódromos bonaerenses, que compensa la inhibición para instalar tragamonedas, como sí tiene Palermo en la ciudad, el jefe del bloque de Cambiemos, Roberto Costa, dijo, con más obediencia que discernimiento: "Prefiero una manta para un pibe y no para un caballo". Otro senador de la bancada, Walter Lanaro, le había admitido a la nacion que "no sabía" que el gobierno de María Eugenia Vidal , férreo opositor al juego, iba a licitar (ya lo hizo) más de 3860 tragamonedas en casinos provinciales. En cambio, Matías Lanusse, titular de Lotería, prefirió no hablar aquí. El fondo no surge de los impuestos sino de las ganancias de las slots.

El noticiero de Telefé abonó tal pensamiento con un informe grabado en el hipódromo de San Isidro, para decir que los apostadores se juegan "la plata del alquiler y de la comida", y su conductor dedujo que "la mayoría [de los apostadores], pierde". El envío mereció el "repudio" del Jockey Club, que lo calificó de "grosero, vil, bruto y totalmente antagónico, respecto a lo que se había establecido", porque, dice la entidad en un comunicado, "se acercaron con la idea de realizar un informe sobre la actividad hípica", el día del Gran Premio 25 de Mayo.

La oposición, sumada, tiene mayoría en Diputados, pero el proyecto puede aprobarse igual. Una fuente legislativa le confió a LA NACION: "Va a ser producto de un acuerdo político, como ya pasó con las tarifas, cuando se sacaron porcentuales de las distribuidoras, que iban a los municipios".

La Cámara tiene 92 miembros y se necesita la mitad más 1 para sesionar y aprobar la norma, o sea 47 presentes. Cambiemos suma 44 diputados.

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