Moscú no solamente es una de las principales capitales culturales del mundo y del deporte de Rusia, sino que por estos días se transformó en el centro de atención de todo el "planeta fútbol", atesorando como nunca antes un crisol de razas que llega hasta ella para la gran cita ecuménica.
Ni "Moscú está cubierto de nieve", ni "los lobos aullan de hambre", como deletreaba el tango "Nieve", de Agustín Magaldi, a fines de la década del 30 cuando fue creado, sino que por estos días la capital del país más extenso del mundo tiene más agua tibia (de lluvias constantes) que helada, y los que gritan por sus calles y no por las estepas, son los hinchas que van llegando desde distintas latitudes para vivir la fiesta que cada cuatro años regala el fútbol.
Desde los Juegos Olímpicos de 1980 que no se congregaba tanta gente proveniente de distintos países en la capital rusa, pero aquellos eran tiempos de la Unión Soviética y algunos boicotearon el evento desistiendo de competir, entre ellos Argentina, gobernada por la dictadura militar de entonces.

Pasó una década y el 12 de junio de 1990, un día como hoy de hace 28 años, Rusia declaró su independencia de la Unión Soviética, algo que provoca año a año una congestión multitudinaria en la mítica Plaza Roja y los alrededores del Kremlin, protagonizando una maravillosa fiesta popular a la que esta vez se le sumaron futboleros del resto del mundo, ofreciendo un ámbito cosmopolita dentro de una celebración nacional.
Así, con el campeonato mundial a 48 horas de su lanzamiento, y mientras el Congreso de la FIFA dirime entre sus miembros a que oferente le entregará mañana la organización del certamen en 2026, la ciudad palpita y testimonia con el afecto de su gente la inundación multicolor de hinchas que pueblan sus calles.
Las cúpulas doradas de su arquitectura barroca conviven con los estilos renacentistas y modernos, destacándose entre las edificaciones céntricas los rascacielos "Siete hermanas", a los que suele reconocérselos también como los "rascacielos estalinistas".
Y claro que dentro de toda su inmensa geografía Moscú también tiene estadios de fútbol colosales, como por ejemplo el Luzhniki, donde el próximo jueves se celebrará la fiesta inaugural de la Copa del Mundo y acto seguido, desde las 12 del mediodía en Argentina (las 18 locales) se disputará el primer partido de la competencia entre Rusia y Arabia Saudita, dirigida por el argentino Juan Antonio Pizzi.

Pero también está el de Spartak, el equipo más convocante de esta ciudad de más de 12 millones de habitantes, el Otkrytie Arena, sede del encuentro inaugural de Argentina en el Grupo D ante el debutante mundialista Islandia, desde las 10 (16 locales).
La particularidad que tiene Spartak es que transitó siempre a contrapelo de la corriente soviética de la sociedad moscovita, pero aún así es desde tiempos lejanos el club más popular de la ciudad, y también el más ganador, ya que en su historial cuentan 12 títulos obtenidos durante la era de la Unión Soviética y otros nueve en estos 28 años de Rusia.
Sin tiempo para analizar ya el pasado y con apenas unas horas para celebrar el presente, los moscovitas se preparan para recibir a la fiesta máxima del fútbol, pueblan las calles y celebran aunque el balón todavía no se haya puesto en movimiento y los goles todavía tardarán unas horas en llegar.
Otra referencia al país la dio el actor escocés Sean Connery a principios de los 60 con una película inolvidable, de la saga de James Bond, que hoy bien serviría para describir lo que transmiten en este lugar sus habitantes al resto del mundo: "Desde Rusia con amor". Fuente de la noticia

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