El sedimento y el barro que quedó tras la crecida del río Pilcomayo en el oeste formoseño, enterró viviendas, autos, camiones, escuelas, iglesias y emprendimentos agropecuarios por lo que especialistas calificaron de "desesperante" la situación.
Luis María de la Cruz, estudioso de la cuenca en la zona fronteriza entre Argentina, Paraguay y Bolivia, dijo a Télam que la situación de la comunidad de El Churcal y los tobas del paraje Sombrero Negro del departamento Bermejo era "desesperante”.
Una capa de sedimento y barro, que supera los 80 centímetros, enterró camiones, autos, viviendas, iglesias y escuelas y pequeños emprendimientos agropecuarios.
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