Eran las 7:25 de la tarde del 6 de mayo de 1937 cuando el imponente dirigible alemán LZ-129 Hindenburg, que se disponía a aterrizar en la base naval Lakehurst, en Nueva Jersey (Estados Unidos), se encendió repentinamente en llamas y cayó. Murieron 36 personas, 62 sobrevivieron, y la enorme cobertura periodística hizo que se convierta en la primera imagen “viral” del mundo, proyectada en cines a lo largo del mundo.
Cuatro cámaras de noticieros, fotógrafos de prensa y la dramática narración radial de Herbert Morrison exclamando “Oh la humanidad”, sumado a la magnitud de la tragedia que implicó la caída del artefacto volador más grande de la historia, colaboraron a que las imágenes y sonido tengan una repercusión global a una velocidad inusitada en tiempos en los que ni la ciencia ficción pensaba en la existencia de Internet.

Las primeras llamas de la aeronave a unos 80 metros de la tierra, gritos desesperados, el impacto de lo que ya era una bola de fuego contra el piso, siluetas negras de sobrevivientes corriendo, visibles gracias al contraste generado por el incendio en el fondo, una gran columna de humo negro y los restos del esqueleto metálico de la aeronave. La secuencia duró 30 segundos, con una crudeza tal que se metió de lleno en la cultura popular con referencias en literatura, el cine y, cuando no, en Los Simpsons.
“Las investigaciones históricas y científicas han confirmado las conclusiones de las dos investigaciones de 1937: el incendio fue generado por una descarga electrostática (una chispa) causada por las condiciones meteorológicas eléctricas (tormentas) y las fugas de hidrógeno”, explicó a Télam Dan Grossman, historiador de la aviación y una de las personas que más estudió la tragedia.
“Ninguna de las otras `hipótesis` (una bomba, un escape de un motor diesel, una bala disparada desde el suelo, etcétera) tienen alguna evidencia que las respalde”, añadió en referencia a las teorías que apuntan a un atentado contra el nazismo para derribar el dirigible, que cuatro horas antes de su caída lució sus esvásticas sobre el cielo de Nueva York.
“Es cierto que no sabemos por qué se filtró el hidrógeno, pero eso no es una hipótesis alternativa; es simplemente un misterio que probablemente nunca será resuelto”, añadió el autor del reciente libro “El zepelín Hindenburg: una historia ilustrada del LZ-129” ("Zeppelin Hindenburg: An Illustrated History of LZ-129", su nombre original), el primero en ser exclusivamente sobre el dirigible y que contiene docenas de diagramas y fotografías inéditas hasta ahora.
El artefacto, de 245 metros de largo y 41 metros de diámetro (medida similar al Titanic y más grande que tres Boeing 747 juntos), había comenzado a volar comercialmente en marzo de 1936, su terminal de salida habitual fue Frankfurt y, además de Nueva Jersey, su otro destino principal fue Río de Janeiro.
“El viaje en zepelín desde Alemania a América del Sur ahorraba mucho más tiempo que el de Alemania a los Estados Unidos. Los buques de vapor (como el Queen Mary, Normandie, Bremen, Europe) podían transportar pasajeros y correo entre Alemania y los Estados Unidos en cinco días, por lo que el vuelo en zepelín de dos días y medio sólo salvaba la misma cantidad de tiempo de viaje. Pero los buques de vapor tardaban de dos a tres semanas para viajar entre Alemania y América del Sur, y el zepelín podría hacer ese viaje en sólo dos o tres días”, explicó Grossman.
El especialista también argumentó otra razón de la elección de Río de Janeiro como destino: “Había una gran cantidad de comercio, finanzas y relaciones familiares entre Alemania y Argentina y Brasil, por lo que había una necesidad de un servicio de pasajeros y de correo rápido. Se podía viajar desde Alemania, llegar a Río en pocos días y de ahí eran pocas horas a Buenos Aires en avión”.

#Hindenburg! Subtle mistake in Herbert Morrison's #WLS radio report changes history! https://t.co/deanhch79v pic.twitter.com/XrQf6hHEXA

— Professor Buzzkill (@buzzkillprof) 25 de abril de 2017

El desastre marcó además el principio del fin para el uso de dirigibles en la aviación comercial, algo que según Grossman hubiera ocurrido aunque no se hubiese producido la tragedia: “El Hindenburg era obsoleto antes de su primer vuelo. Cuando fue diseñado (1930-1931) era más capaz que cualquier avión, pero cuando fue terminado en 1936, los aviones de ala fija eran más aptos”.
“El Martin M-130 comenzó a volar en 1935 y era ya dos veces más rápido y mucho menos de operar. Incluso sin el desastre de Hindenburg, el mundo se habría movido de los dirigibles a los aviones”, concluyó el historiador de la aviación.
Lo mismo pareció prever el narrador en off de British Pathé, uno de los cuatro productores de noticias que filmó la tragedia del Hindenburg: “La tragedia no detendrá la marcha del progreso, de sus cenizas se levantará el conocimiento. De su destino, la lección que llevará a una mejor forma de dominar el aire. Si es así, las muertes no habrán sido en vano”.
Características
El Hindenburg debe su nombre a Paul von Hindenburg, presidente de la entonces República de Weimar, a quien la empresa fabricadora Luftschiffbau Zeppelin dedicó la aeronave, aunque su primer vuelo ya fue con Adolf Hitler en el poder.
Fue construido completamente en duraluminio con un interior de 16 bolsas (14 de hidrógeno y dos balones de aire) con una capacidad de 200 000 metros cúbicos de de gas y cuatro motores diésel Daimler-Benz que le permitieron alcanzar una velocidad máxima de unos 135 kilómetros por hora.

¿Comparamos el tamaño del zeppelín Hindenburg con un Boeing 747? pic.twitter.com/d4UUWNoY7Y

— Fieras de Ingeniería (@fierasdelainge) 2 de mayo de 2017

En la época posterior a la crisis de 1929, pagar el pasaje de 450 dólares (equivalente a más 7.600 dólares de la actualidad) para viajar de Alemania a Estados Unidos era un lujo que pocos se podían dar.
Su capacidad máxima de 50 pasajeros, aunque llegó a transportar 72, y una tripulación de 61 personas, ratificaban la exclusividad de su uso. Lo mismo la calidad de sus instalaciones con un elegante comedor, una sala de estar, un salón de lectura y cabinas con todas las comodidades para descansar durante el trayecto. La comida y los vinos que se servían también eran de primera clase.
El 1 de agosto de 1936, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos, el dirigible sobrevoló el estadio de Berlín antes de la aparición de Hitler. Su caída final fue en su vuelo número 63, tras haber recorrido unos 308.323 kilómetros y haber cruzado el Océano Atlántico 17 veces.
Fuente de la noticia